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lunes, 18 de marzo de 2019


RUTA SENDERISTA-CULTURAL POR LOS GLACIS Y FOSOS DE LAS FORTIFICACIONES DE ELVAS
Moisés Cayetano Rosado

Que Elvas tiene uno de los conjuntos de fortificaciones abaluartadas más extensos, íntegros y auténtico del mundo, con un valor universal y una significación histórica y patrimonial que representa una de las etapas más significativas de nuestra historia moderna y contemporánea, está fuera de toda duda. No en bajo fue así reconocido por la UNESCO al darle la calificación de Patrimonio de la Humanidad en 2012, habiendo profundizado aún más en su puesta en valor desde entonces para acá.
Miles de personas de todas partes visitan de continuo su impresionante Forte da Graça, “donde se culminó el genio creativo y constructivo militar del siglo XVIII”. No menos son los que admiran el conjunto patrimonial de las construcciones defensivas de la Plaza, así como se acercan a esa otra joya del siglo XVII: el Forte de Santa Luzia, sin olvidar sus fortines de S. Mameede, S. Pedro y S. Domingos, aparte de su admirable serie de cuarteles, polvorines, cisternas, hospitales y otros edificios militares.
Sin embargo, muy pocos se han dado el gusto de realizar una ruta a pie por buena parte de este conjunto, que es lo que alguna que otra vez he realizado con amigos, grupos asociativos, y ahora con nuestros buenos amigos los “Caminheiros da Casa do Povo de Freixo (Redondo)”. Más de 60 personas que en la maña del 16 de marzo partimos del Forte de Santa Luzia, lo rodeamos por sus glacis (1 kilómetro), pasamos después por su camino cubierto hasta la Porta de Olivença de la Plaça Forte (otro kilómetro), iniciando el recorrido de la misma por sus glacis, para penetrar en los fosos a partir de la Porta de S. Vicente y culminar el recorrido periurbano en el final de los fosos de las naranjas (5 kilómetros más). Antes nos detuvimos, a la altura de la Porta da Esquina, en el actual Mercado Municipal (la antigua Casa das Barcas, levantada entre 1703 y 1705 para construir y almacenar barcas que servían para hacer “pontes de barcas” y atravesar los ríos Caya y Guadiana durante nuestros enfrentamientos), un lugar privilegiado para compras de productos hortofrutícolas, pescados, quesos, aceites, pan, dulces, “farturas” y tomar un buen café.
No está demás, desde ahí, bajar siguiendo la línea del Acueducto de Amoreiras en el valle de San Francisco y acercarnos hasta el fortín de S. Domingos (el más grande de los tres que se conservan, pues se eliminó el de S. Franciso al hacer el cementerio), construido a principios del siglo XIX con la finalidad defenderlo. Ida y vuelta añaden 2 kilómetros más a nuestra caminada, pero merece darse el gusto de deambular bajo las arcadas de 31 metros de alzado y 850 arcos en cuatro órdenes, y ver esa otra perspectiva de todo el conjunto fortificado, tan fotogénico desde allí.
Es de admirar la pulcritud, la limpieza de la pradera verde de los glacis, de las sendas de tierra de los fosos, caminos cubiertos, paseos de ronda, escarpas y contraescarpas. La extraordinaria grandeza de los baluartes y revellines. La belleza de sus tres puertas principales, espectacularmente ornamentadas tanto en las primeras entradas -de los revellines- como de la cortina principal. La perfección geométrica del conjunto. Las siluetas que se nos dan desde los distintos puntos del recorrido de su caserío, en el que se vislumbran las dos cercas musulmanas y algunos vestigios de la fernandina, solapada por la íntegra y de preservada autenticidad que constituye la abaluartada.
Desde allí, tras esos 7 o 9 (si nos acercamos al fortín de S. Domingos) kilómetros, nos desplazamos en vehículo hasta la entrada del Forte da Graça. Las vistas desde allá hacia la Plaza Fuerte, el acueducto en el valle de San Francisco, el Forte de S. Luzia al fondo, los cerros y valles de los alrededores, y al fondo norte Campo Maior, así como al este Badajoz, son magníficas. Y el recorrido de 1’5 kilómetros alrededor de la empinada fortaleza, un pequeño desafío a nuestra destreza al caminar, pues si los tramos anteriores eran relativamente horizontales (excepto el trozo en cuesta entre la Puerta de S. Vicente y la base del castillo medieval), ahora iremos “subiendo y bajando” por veredas y rampas que para salvarlas es aconsejable que nos ayudemos de un bastón o palo consistente.
Esta visión del Forte desde fuera, “como si fuésemos a conquistarlo”, es un privilegio: pasar al lado de las “covas de lobo”, de los inmensos fosos…, salvar terraplenes, asomarnos a las poternas, incluida la que conduce al interior por las escaleras desde donde se subía el agua desde la Fonte do Mariscal, contemplar la inmensidad de los paisajes, compensa el esfuerzo de la caminada.
Y también lo compensa tomar un refuerzo alimentario en los aparcamientos de la entrada, antes de realizar una visita al interior, tan grandioso, tan fabulosamente perfecto como maquinaria defensiva y ofensiva, tan bien acondicionado en las estancias de tropa, oficiales, Casa del Gobernador… ¡Historia, arte, deporte y convivencia unidos en una visita, una ruta senderista-cultural que no se olvidará fácilmente!

domingo, 3 de mayo de 2015

VIAJE A MALTA. LA MAGIA DE UNAS ISLAS SINGULARES: VALLETTA, MONUMENTALIDAD Y MIRADORES (I)
Moisés Cayetano Rosado
Viajamos a Malta. Unas islas en medio del Mediterráneo que, por su posición geográfica y estratégica central, han recibido influencias y agresiones desde todos los puntos cardinales. Esto ha conformado el poblamiento y el legado monumental de unas tierras mínimas (316 km2), dotadas en gran parte de acantilados inaccesibles de roca caliza y arenisca fósil, con las que después se han levantado sus casas, monumentos y especialmente sus defensas. Porque Malta es en buena parte eso: un espacio fortificado, acorazado a veces, magníficamente defendido y hermosamente construido.
Si los primeros pobladores aparecieron en el archipiélago hace más de 7.000 años, serían los fenicios en el 1.000 a.C. quienes la ocuparan de manera marcante, pasando al control de Cartago, luego de Roma y después a dominio bizantino. Los árabes lo conquistan alrededor del año 870 y cuatrocientos años después pasan a la Corona de Aragón.
Será el rey Carlos I de España quien se las ceda en arriendo continuo a los Caballeros Hospitalarios, que fortifican los lugares más vulnerables. Precisamente en 1565 tendrá lugar lo que se llama el “Sitio de Malta” por los turcos otomanos, que no logran vencer a los caballeros de la Orden de Malta, auxiliados por el ejército español, a pesar de la ofensiva con 160 galeras y 30.000 soldados. El éxito del Gran Maestre, Jean Parisot de la Vallette, es decisivo para la división del mundo mediterráneo en este punto entre la cristiandad (al oeste y norte) y el islam (al este y sur).
Napoleón, no obstante las enormes defensas abaluartadas construidas a partir de aquel momento, logra la conquista en 1798, si bien dos años después el almirante británico Nelson bloquea las islas y logra su rendición. El control británico será total a partir de entonces, lo que hará que en la Segunda Guerra Mundial sea objetivo crucial de los ataques alemanes e italianos, que ocasionan enormes destrucciones. En 1964, Malta logra la independencia, aunque la salida de los británicos se retrasará 15 años más.
Necesariamente, toda esta volcánica historia se refleja en su paisaje humanizado, en su legado artístico. Tanto sufrimiento, como siempre, ha dejado las huellas del ingenio constructivo, manifestado en sus fortificaciones sin igual.
De ahí que cuando llegamos a Valletta, la capital (Patrimonio de la Humanidad desde 1980), nos quedamos sorprendidos por su monumentalidad defensiva, que además encierra una magnífica traza urbana cuadriculada donde los palacios, las iglesias, las construcciones en general, nos hablan también de su esplendor económico y social.
Desde sus profundos fosos de entrada, la Avenida de la República nos lleva en línea recta hasta la punta de esta lengua de tierra, donde  el Fuerte de San Telmo, edificado en 1552, es el símbolo de la resistencia al Gran Asedio de 1565. En el camino, a un lado y otro, habremos dejado tesoros tan significativos por su continente y contenido como el Museo Arqueológico, enseguida a la izquierda (¡qué magnífica colección de Venus prehistóricas!: una escultora argentina residente en Israel las contemplaba extasiada y nos decía que solo por eso merecía el viaje hasta Malta). O un poco más adelante, a la derecha, la Concatedral y Museo de San Juan, de un barroco deslumbrante, que obra el milagro de no parecer recargado y abusivo, pese a su extraordinaria exuberancia de mármoles multicolores en columnas, retablos, esculturas, lápidas sepulcrales que cubren su suelo; los cuadros de Caravaggio que atesora son inigualables.

Más iglesias. Palacios (no hay que perderse el de los Grandes Maestres y su fenomenal armería), jardines en los alrededores, teatros, cafés, heladerías…, el nuevo Centro de Interpretación de las Fortificaciones (uno de los pocos lugares donde no cobran por visitar), el Teatro Manoel (por el noble portugués Manoel de Vilhena, Gran Maestre de Malta entre 1722 y 1736, que ordenó su construcción, como de tantas obras públicas y fortificaciones), los múltiples miradores ajardinados de sus elevados murallones desde donde recrearse con la visión de la costa recortada de este entrante marino.
Al norte deja la población de Sliema con sus torres vigías y la fortificada Isla Manuel (otra vez Manoel de Vilhena, su impulsor), y al sur las llamadas “Tres ciudades”, cuna de todas las civilizaciones que han pasado por Malta y cuya vista desde Valletta es increíblemente hermosa: espacio acorazado, con magníficos puertos deportivos y de mercancías y sólidas construcciones de arenisca y caliza que rivalizan con las de Valletta; geometría académica con miradores salientes de madera multicolor, donde predominan el ocre, el rojo, el azul y el amarillo, resaltando entre las piedras bien talladas de las fachadas, en que cuelga la ropa tenida a secar.
Callejear por Valletta resulta delicioso, sobre todo a la caída de la tarde, cuando las masas de turistas se recogen y apenas quedan sus poco más de 7.000 habitantes, que escuchamos hablar en maltés, que nos recuerda a veces al árabe y otras al italiano.
La afortunada cuadrícula de su callejero se comba en las pendientes que a un lado y otro van a dar al mar, donde a la izquierda puedes coger el ferry para Sliema y a la derecha el de las Tres Ciudades, en que seguir disfrutando de estos recortados salientes de una isla afortunada que engancha al visitante.
Si volvemos a la entrada, allí tenemos la central de autobuses que nos llevan -por un precio mínimo- a cualquier parte de la isla, y ahí comienza la ciudad de Floriana, impulsada igualmente por Manoel de Vilhena, con otro cordón fortificado cerrándola. También está trazada en cuadrícula, y con una inmensa plaza expedita que, al igual que la que rodea al Fuerte de San Telmo -al otro extremo-, presenta en su suelo especies de “ruedas de molino” que no son sino entradas a los enormes silos que servían de abastecimiento en los largos cercos que sufrieron en la Edad Moderna.

jueves, 23 de octubre de 2014

LA ESPLÉNDIDA GRANDEZA DEL FORTE DA GRAÇA, EN ELVAS
Moisés Cayetano Rosado
Al estar Elvas enclavada en la entrada más expedita de Portugal, y en la línea directa Madrid-Lisboa, ha tenido que fortalecerse y reforzarse a lo largo de la historia como si fuera un inmenso cangrejo, lleno de defensas y endurecido su caparazón.
En la Edad Moderna -pasados los tiempos de avance contra los musulmanes, en línea de confrontación norte-sur-, llegan las hostilidades con “el vecino de al lado”, España, con lo que la amenaza viene del este para el oeste, con centro estratégico en Elvas.
Así, aparte de sus triples murallas medievales, sobresale en ella su fortificación abaluartada de mediados del siglo XVII, completada con el Forte de Santa Luzia, como escudo ante Badajoz.
Pero ya en la Guerra de Restauração (1640-1668) se vio que hacia el norte, en la elevación de mayor altitud -monte da Graça- hacía falta una defensa que impidiera la ocupación enemiga: a tiro de cañón quedaba el castillo medieval y la población en general. Su ocupación ya le ocasionó graves trastornos en el Cerco de 1658-59, y especialmente volvería a servir para una acción gravosa durante la Guerra de los Siete Años, en 1762.
De ahí que, bajo el reinado de D. José I, su primer ministro -el Marqués de Pombal- decidiera encargar el proyecto de construcción de un fuerte al Conde de Lippe, reorganizador del Ejército portugués.
Las obras se iniciaron en julio de 1763, bajo la dirección primero del ingeniero francés Étienne e inmediatamente después por el coronel Guilherme Luís António de Valleré, estando operativo en 1792, si bien obras adicionales se prolongaron a lo largo de treinta años. Trabajaron allí 6.000 hombres, sirviéndose de 4.000 animales.
Resistió los cercos de la Guerra de las Naranjas (1801) y de las Guerras Napoleónicas, en las que destacó el bombardeo sin ocupación de las tropas del general Soult en 1811. Posteriormente sería desactivado como maquinaria defensiva, pasando a ser en el siglo XX, y especialmente durante la dictadura de Salazar, prisión militar. Instaurada la democracia, tras la Revolução dos Cravos, queda sin uso, aunque con vigilancia del Ejército, que en los últimos años, a medida que se desmantelaban los cuarteles de Elvas, se relajó, pasando al abandono.
Actualmente, por fortuna, y por una tenaz insistencia de la Câmara Municipal de Elvas, está en proyecto de rehabilitación, que se debe culminar en septiembre de 2015. Las obras de recuperación y adaptación tienen un presupuesto de casi cinco millones de euros, y una vez terminadas permitirán a la Câmara destinar sus instalaciones para actividades culturales, musealización (Centro Interpretativo del Fuerte y Centro de Arquitectura y Estrategia Militar), así como otras infraestructuras relacionadas con el patrimonio. Con ello, la inversión se elevará en total a 7’5 millones de euros.
Así, lo que hoy ya -a pesar de las heridas del tiempo, el abandono y el incivismo y rapiña de algunos- es en sí un monumento portentoso y el más impresionante de los fuertes de la Península ibérica, se convertirá en una joya de primer nivel en todo el mundo por lo que a fuertes abaluartados se refiere.
En la Raia/Raya, solamente el de la Concepción -también de mediados del siglo XVIII, aunque comenzado 30 años antes-, de la provincia de Salamanca, se le aproxima en grandiosidad, si bien éste último sufrió irreversibles voladuras en 1810 -ordenadas por el general inglés Crawford, en su retirada ante el avance del general francés Masséna-, que destruyeron en gran parte sus baluartes y revellines.
El Forte da Graça -o también llamado “de Lippe”- es de planta cuadrangular, con 150 metros de lado, cuatro baluartes pentagonarles muy pronunciados y cuatro revellines protegiendo las respectivas cortinas. Tiene doble puerta monumental y tres poternas, así como amplio y profundo foso, caminos cubiertos espaciosos y pronunciados glacis terraplenados en forma de estrella de ángulos destacadamente elevados.
Al medio posee un gran reducto elevado, de planta circular, con cisterna, dependencias de servicios y capilla en sus plantas inferiores y Casa del Gobernador en las dos superiores, más terraza, hasta completar seis plantas. En las esquinas de los baluartes existe un amplio complejo de estancias-viviendas y adosados a las cortinas inmensos pabellones corridos para estancia de la guarnición. Se añade a esta estructura cuadrangular un hornabeque con revellín y poterna hacia el norte, y al igual que todo el conjunto un foso seco extraordinariamente profundo; al exterior, varias líneas de “covas de lobo” (pozos de un par de metros de profundidad por otro tanto de diámetro, con estacas puntiagudas en el interior, disimuladas por fuera, tapándose con ramaje), completan la defensa.
Caminar desde la base del monte, por el antiguo camino sinuoso aún en uso, deambular por sus paseos de ronda, bajar a los fosos, subir a la terraza de la Casa del Gobernador, acercarse al hornabeque y pasar a las “covas de lobo”, es toda una experiencia inolvidable. Y desde el interior, “encontrar” el pasadizo con pronunciadas escaleras que conduce al exterior del recinto, por donde se accedía a manantiales de agua, resulta siempre tentador.
Ahora, con el inicio de la rehabilitación, el paso está oficialmente prohibido (aunque siempre hay alguien que todavía se aventura, por los diversos accesos abiertos), pero una vez que esté en uso, podremos gozar de uno de los “Tesoros de la Raya” más destacados por su valor histórico, artístico y monumental.

miércoles, 26 de febrero de 2014

CARA Y CRUZ EN EL FUERTE DE SAN CRISTÓBAL DE BADAJOZ
El Fuerte de San Cristóbal es el elemento más antiguo de toda la fortificación abaluartada de Badajoz y uno de los más importantes de la Raya/Raia. Construido entre 1641 y 1668, a lo largo de toda la Guerra de Restauração de Portugal significó la barrera defensiva más eficaz para la ciudad. En lo sucesivo la protegerá en todo intento de invasión por la orilla derecha del Guadiana (el camino natural desde Portugal), junto al hornabeque de la cabeza del Puente Viejo, con el que se unía mediante un camino cubierto ya desaparecido. Jamás, en todos los asedios a que fue sometido, sería conquistado al asalto. Leer más en:
Contraescarpa, foso, revellín, baluarte y cortina del Fuerte de San Cristóbal

martes, 3 de diciembre de 2013

LA CIUDAD-FORTALEZA DE PAMPLONA (II)


Moisés Cayetano Rosado
La Puerta del Socorro (de 1689) de la Ciudadela es inusitadamente espectacular. No es fácil encontrar algo parecido: seis puentes (tres fijos, dos levadizos y uno basculante) dan acceso a tres puertas, protegidas al exterior por contraguardia y revellín, a lo que hay que sumar plazas de armas laterales, camino cubierto y fosos.
En cuanto al resto de la línea fortificada, es portentoso el conjunto que se alza al noreste del Portal de Francia, especialmente el que forman el bastión del Redín (baluarte alto, del siglo XVI), el baluarte de Guadalupe (bajo), la batería anexa al anterior, fosos, camino cubierto y traversa, todos ellos del siglo XVIII, más el histórico “Camino Jacobeo”, serpenteando en los fosos. A ello sigue el revellín de los Reyes, protegiendo al Portal de Francia, continuado por el baluarte del Pilar, también del siglo XVIII, y -como los anteriores refuerzos- proyectados por Jorge Próspero de Verboom en 1726.
Todo ello se muestra hoy abierto, preservado, cuidado, ajardinado (aunque de arboleda excesiva en parte de la zona de caminos cubiertos y glacis) y en uso público, digno de alabar y disfrutar.