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miércoles, 18 de abril de 2018


UNA ESCAPADA POR ALMERÍA (y IV)

Moisés Cayetano Rosado

Poblado de Los Millares.

De nuevo en la ciudad de Almería -tras atravesar los pelados Campos de Níjar, inmortalizados por la prosa de Juan Goytisolo en un descarnado relato de viajes, en que expone su fascinación por el paisaje y denuncia la miseria de sus habitantes, abandonados a una suerte adversa-, planificamos el regreso, visitando de mañana el fantástico y cercano poblado de Los Millares, cita obligada para meternos en el túnel del tiempo y retroceder 5.000 años de nuestra historia.
El yacimiento arqueológico de Los Millares es un asentamiento prehistórico de la Edad del Cobre (3.200-2.200 a. C), formado por el poblado y su necrópolis con una extensión de 6 y 13 hectáreas respectivamente, más fortines de vigilancia y defensa exterior.
Situado en el municipio de Santa Fe de Mondújar, se localiza sobre un gran espolón amesetado que forma el Río Andarax y la Rambla de Huéchar sobre la que se construyó un poblado con 4 líneas de muralla, una necrópolis formada por unas 80 tumbas colectivas y una doble línea de 13 fortines que controlan visualmente los accesos a todo el conjunto arqueológico, alertan y defienden en primera instancia.
En el morro superior que da al río se encuentra la Ciudadela: primer núcleo habitado. Conforme crecía la población y se necesitaba más espacio para sus habitantes y su desenvolvimiento alfarero, artesanal en general y metalúrgico, se fue expandiendo el urbanismo hacia el interior (la cortadura vertical del río limitaba hacia ese lado la ampliación), siempre cercado por murallas protectoras, dotadas de torres, bastiones, barbacanas en las puertas de entrada y fosos, hasta completar esas cuatro líneas de murallas.
En los cerros de los alrededores se edificaron los 13 fortines, de disposición circular, con fosos, torres salientes, y a veces doble anillo de amurallamiento, e incluso reducto central de última defensa. Maquinaria bélica exterior elaborada a conciencia, con asombroso sentido estratégico-defensivo y de red de salvaguarda.
Todo un alarde de ingenio guerrero, que asombra tuviera esa perfección hace cinco milenios, y del que se hace provechoso uso, estimulando la presencia de jóvenes estudiantes, incluido pequeños de cinco años -como vimos- que disfrutan viendo las réplicas del poblado instaladas en un espacio anexo… y modelando el barro, “oculando” sus vasijas como lo hicieron nuestros antepasados e iniciándose en la comprensión de otras formas de vida, lucha por la subsistencia cotidiana y salvaguarda de la comunidad.
En fin, un viaje recomendable que iniciamos con una parada pintoresca en Archidona, de portentosa fortaleza y… curioso bar en el centro del pueblo, nostálgico de las viejas glorias del franquismo rememoradas en sus botellas especialmente elaboradas para este establecimiento. En Mojácar nos ofrecerían “la otra cara de la moneda” en un Bar-Pública, con bandera tricolor, proclamas revolucionarias y ron “guerrillero” de puños en alto. ¡La cara y cruz de la moneda de la vida, que cada uno interpreta o con la que empatiza a su manera!
Para terminar, un vistazo a la Alhambra de Granada, población, enorme vega y Sierra Nevada como telón de fondo desde el mirador de San Miguel, en el viaje de regreso. Retornamos a la Raia/Raya lusitana y “musulmana”, cristiana de luchas, tan sufrida y sufriente, atractiva, variada y rica en legado histórico y natural como las tierras que acabamos de visitar.

martes, 12 de mayo de 2015

VIAJE A MALTA. “SALTO” A GOZO Y COMINO. Y DESPEDIDA (y IV)
Atalaya en Comino
Moisés Cayetano Rosado

No podemos volver de Malta sin pasar un día en la Isla de Gozo. En autobús podemos llegar hasta Cirkewwa, al norte de la “Isla grande”, y desde allí coger el ferry que nos deja en menos de media hora en Mgarr, al sureste de la “segunda isla”. Desde el barco vemos de cerca la pequeña y casi desértica Isla de Comino, de suave penetración en el mar al este y con bruscos acantilados al oeste que nos es visible: en lo alto observaremos una hermosa atalaya, la Santa Marija Tower, que nos delata la función de vigilancia de esta lengua de tierra a medio camino entre las otras dos  hermanas mayores, tan codiciada por los submarinistas.
Al atracar, buscamos el autobús que nos acerca hasta la capital, Victoria (en homenaje a la reina británica), cuya ciudadela es espectacular. Levantada en el siglo XV, está situada en un alto roquedo desde el que se domina casi toda la isla, ofreciéndonos unas vistas extraordinarias. Esta especie de concha redondeada, con hornabeque en la zona más vulnerable y batería como espolón defensivo (de galerías interiores excavadas en la roca para servir de cuerpos de guardia, refugio, silos, polvorines y aljibes), apenas retiene población en su interior, de construcciones nobles y catedral (de la Asunción de la Virgen y Santa Úrsula) reconstruida tras el terremoto de 1693.
Como tantas que hemos ido viendo anteriormente, es de un barroco agradable y no agobia su recargamiento, realizado con acierto y buen gusto; destacan sus retablos dorados, la “falsa cúpula” -que no es más que un trampantojo ingeniosamente pintado en superficie plana, dando sensación de profundidad semiesférica-, y los sepulcros de mármol multicolor de su suelo, en los que la presencia de la muerte -esqueletos, calaveras…- es una constante que ya advertimos en otros templos del archipiélago.
En los alrededores -con un callejero apacible y de nobles construcciones en piedra, que nos recuerdan a Mdina- hay una variada y atractiva oferta de restaurantes, donde los spaguettis y  las pizzas reinan por su variedad, gusto y abundancia: con un plato para dos suele haber más que suficiente.
Y una vez cogidas fuerzas en la comida reparadora, es cuestión de acercarse (otra vez los eficaces autobuses) hasta Xaghra, al noreste de Victoria, para admirar los Templos de Ggantija, probablemente las estructuras megalíticas independientes más antiguas del mundo, fechadas alrededor del 3.600 antes de Cristo, muy parecidos a los que existen al sur de la Isla de Malta, pero de mayor antigüedad. Se trata de un espacio complejo amurallado que contiene dos estructuras múltiples similares en el interior, formada cada una por un corredor en el que se abren a ambos lados dos amplias estancias semicirculares, que vuelven a repetirse ligeramente más adelante y con otra estancia más, igualmente semicircular, en cabecera, dotadas con cuerpos cerrados de entrada adintelada, con pilares y arquitrabe bien labrados.
Cuando regresemos a Valletta, para la despedida, hemos de pasear nuevamente por la Calle de la República; pararnos a escuchar la música en la calle, casi siempre presente; tomarnos un helado -¡irresistible!- en la gelatería Amorino y decir adiós con el dulzor y el regusto que nos deja. Adiós a esta ciudad incomparable, de patrimonio complejo y variadísimo, que solo en fortificaciones posee el mayor perímetro de todas las ciudades del mundo (16 kilómetros), el mayor área fortificada (125 hectáreas) y de más baluartes construidos (37 solo en los frentes terrestres); si a ello unimos las Tres Ciudades casi doblamos las medidas, y si contemplamos todo el patrimonio del archipiélago, ¡las triplicamos!, con una variedad en las modalidades constructivas que no tienen rival, y un “complemento” palaciego, eclesiástico, museístico y de traza urbana subyugante.

Al ver desde el avión este espacio envidiable, estos recortes rocosos de privilegio, estaremos seguros de que no tardando mucho haremos planes para volver. Porque siempre, a pesar de la pequeñez del espacio físico de las islas, quedará algo, mucho, por descubrir, por redescubrir, y por volver a recrearse en su belleza y placidez.

martes, 3 de diciembre de 2013

LA CIUDAD-FORTALEZA DE PAMPLONA (II)


Moisés Cayetano Rosado
La Puerta del Socorro (de 1689) de la Ciudadela es inusitadamente espectacular. No es fácil encontrar algo parecido: seis puentes (tres fijos, dos levadizos y uno basculante) dan acceso a tres puertas, protegidas al exterior por contraguardia y revellín, a lo que hay que sumar plazas de armas laterales, camino cubierto y fosos.
En cuanto al resto de la línea fortificada, es portentoso el conjunto que se alza al noreste del Portal de Francia, especialmente el que forman el bastión del Redín (baluarte alto, del siglo XVI), el baluarte de Guadalupe (bajo), la batería anexa al anterior, fosos, camino cubierto y traversa, todos ellos del siglo XVIII, más el histórico “Camino Jacobeo”, serpenteando en los fosos. A ello sigue el revellín de los Reyes, protegiendo al Portal de Francia, continuado por el baluarte del Pilar, también del siglo XVIII, y -como los anteriores refuerzos- proyectados por Jorge Próspero de Verboom en 1726.
Todo ello se muestra hoy abierto, preservado, cuidado, ajardinado (aunque de arboleda excesiva en parte de la zona de caminos cubiertos y glacis) y en uso público, digno de alabar y disfrutar.

lunes, 2 de diciembre de 2013

LA CIUDAD-FORTALEZA DE PAMPLONA (I)

Moisés Cayetano Rosado
Cuando miras el plano de Pamplona, te sorprende el tajo practicado a su Ciudadela -a ese magnífico hexágono convertido ahora en “obra coronada”, al quedar en muñones dos de sus baluartes, los que dan al Casco Antiguo-, así como el “barrido” de buena parte de su amurallamiento, especialmente en el sur.
Luego lees a Juan José Martinena Ruiz, especialista en esta Plaza Fuerte, y comienzas a comprender. Una Real Orden -del año 1888- autorizó el derribo parcial de esos dos baluartes de la Ciudadela y la inutilización de su foso interior, para posibilitar la construcción del Primer Ensanche de la ciudad.
En 1905 otra Real Orden autorizó la reforma y demolición parcial de algunos portales del recinto amurallado, con el fin de dar mayor amplitud a los accesos a la ciudad, estrechos para nuevos carruajes y automóviles.
Le sigue nueva autorización de derribo el 7 de Enero de 1915, comenzando -en medio del júbilo popular- el 25 de julio de aquel año, para el Segundo Ensanche.
De ahí que pasemos de una poderosa y completa fortificación abaluartada de mediados del siglo XVIII -procedente de continuas actuaciones iniciadas poco antes de 1600- a este estado de mutilaciones (aunque ya desde tiempos de Pompeyo -75 a 74 a.C.- Pamplona ha sido considerado como un enclave estratégico para dominar los pasos desde Francia a través del Pirineo Occidental hacia Aragón y La Rioja, por lo que, salvo en algunos momentos concretos, ha estado siempre amurallada).

A pesar de estos atropellos, qué buen destino el actual de lo que queda. La Ciudadela es un inmenso espacio libre, de glacis y de fosos preservados en pradera e interior destinado a jardines, con antiguos edificios militares que acogen hoy muestras de arte contemporáneo y de vanguardia. Y los revellines del norte y del oeste presentan un estado de rehabilitación ciertamente envidiable.
De ello hablaré en la próxima entrega.

jueves, 10 de octubre de 2013

LA CIUDADELA DE ST. JEAN-PIED-DE-PORT: DE LA EFICAZ RESISTENCIA A LA UTILIDAD ACOGEDORA


Moisés Cayetano Rosado

St. Jean-Pied-de-Port es una atractiva población francesa situada en la entrada de Roncesvalles, que por su situación geoestratégica ha sido lugar codiciado por unos  y otros reinos a ambos lados de los Pirineos.
Fortificada por los reyes de Navarra en el siglo XII, fue ocupada por Fernando el Católico en 1512, pasando intermitentemente de un reino al otro.
En 1620, Luis XIII de Francia une las coronas de Francia y Navarra, construyendo -en lo alto del montículo en que se asienta St. Jean- una Ciudadela para su defensa de las intromisiones del sur. En 1680, Luis XIV encarga su modificación y reforma al ingeniero militar Sebastien le Prestre de Vauban, adquiriendo el porte soberbio que hoy día conserva.
Ya en 1728 se realizan durante dos años nuevas reformas y prolongación de las murallas de la población, que va a desempeñar un relevante papel durante la Revolución francesa y el Imperio napoleónico. En 1814 resiste ante el sitio a que fue sometida, gracias a su amurallamiento.
En 1920 se desclasifica como obra militar, algo que la experiencia en general nos enseña que es un momento de peligro para los monumentos militares, por el afán de arrasar con ellos.
Pero, afortunadamente, buena parte de las murallas medievales -adaptadas en sus merlones a la defensa artillera-, se mantiene en pie, con sus cuatro puertas de acceso (la de Santiago, por donde entraban los peregrinos del Camino de Santiago; la de Notre-Dame, que conducía al barrio español, en línea opuesta a la anterior, camino de España; la de Navarra -o del mercado-  y la de Francia).
En cuanto a su Ciudadela -desde donde se divisa el amplio valle de los alrededores y las montañas que lo circundan-, se conserva en un estado óptimo. Y lo que es muy importante: también de uso, pues en su interior contiene las instalaciones de un colegio público. Dentro y fuera de la fortificación, se oye el trajinar de los niños y sus profesores, y en los fosos de las murallas los vemos jugar al balón en discretas instalaciones que no perturban la armonía del conjunto.
Así, lo que fue sede de una eficaz guarnición a medio camino entre Pamplona (al Suroeste) y Bayona (al noroeste), es hoy acogedor centro educativo, aunque no está permitida la entrada de personas ajenas al recinto interior para no interrumpir la marcha de las clases.
Bueno sería que se facilitaran visitas en fines de semana. En tanto, el recorrido por el exterior, con vistazo consentido al interior, nos compensa y completa una visita más que recomendable a esta población donde sigue el continuo trajinar de peregrinos y turistas, que le dan vida y actividad, dentro de lo apacible, tranquilo, armonioso y bello del conjunto urbano.

(Ver vídeo grabado desde su Ciudadela: http://www.youtube.com/watch?v=79sbabthT6k&feature=youtu.be)

martes, 8 de octubre de 2013

Ciudadela de St Jean-Pied-de-Port en los Pirineos franceses

St. Jean-Pied-de-Port es una atractiva población francesa situada en la entrada de Roncesvalles, que por su situación geoestratégica ha sido lugar codiciado por unos y otros reinos a ambos lados de los Pirineos.
Fortificada por los reyes de Navarra en el siglo XII, fue ocupada por Fernando el Católico en 1512, pasando intermitentemente de un reino al otro.
En 1620, Luis XIII de Francia une las coronas de Francia y Navarra, construyendo -en lo alto del montículo en que se asienta St. Jean- una Ciudadela para su defensa de las intromisiones del sur. En 1680, Luis XIV encarga su modificación y reforma al ingeniero militar Sebastien le Prestre de Vauban, adquiriendo el porte soberbio que hoy día conserva.
Posteriores actuaciones en el siglo XVIII completaron sus fortificaciones.
Hoy es lugar frecuentado por turistas y peregrinos de la Ruta de Santiago, que lo atraviesa de norte a sur.
El valle a sus pies y las montañas de los alrededores, forman un paisaje de gran belleza, sosiego y tranquilidad.

jueves, 18 de julio de 2013

LAS MURALLAS DE JERUSALÉN
Ciudadela de las murallas de Jerusalén
Moisés Cayetano Rosado
Pocas ciudades presentan un atractivo histórico, religioso, artístico, antropológico, sociológico, político… como Jerusalén (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2013/07/extremenos-por-jordania-y-iii.html). Y pocos amurallamientos urbanos tienen la belleza y prestancia de su “cinturón de piedra”, tan bien mantenido a lo largo de los últimos cinco siglos, pese a las convulsiones vividas en la Edad Moderna y Contemporánea (no digamos en los últimos cincuenta y tantos años), tras dos milenios y medio de levantamientos, destrucciones, nuevos levantamientos y derrumbes.
Muralla desde el interior, entre los barrios judío y armenio. 
Las murallas de Jerusalén (en árabe: أسوار القدس; en hebreo: חומות ירושלים‎) rodean la Ciudad Vieja y han sido un “cinturón de seguridad” que se remonta al menos a la conquista del rey David, alrededor del 1004 antes de Cristo. Las actuales fueron construidas entre 1535 y 1538 -cuando Jerusalén formaba parte del Imperio otomano-, por orden de Suleiman I, en prevención contra la posible invasión de los Cruzados. En 1981, fueron agregadas, junto con la Ciudad Vieja, a la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
Su longitud es de 4.018 metros; su altura media es de 12 metros; su espesor promedio es 2,5 metros. Contiene 34 torres de vigilancia y 8 puertas, constituyendo una magnífica, majestuosa fortaleza de piedra tallada y almenada, con una interesante ciudadela en el oeste, conocida como Torre de David. En ella se pueden observar distintos estilos constructivos, predominando el levantamiento vertical, de grandes bloques tallados lisos, si bien en la ciudadela se presentan almohadillados, excepto en la corona superior, donde van las almenas y los matacanes. Este fuerte queda protegido al tiempo por una especie de barbacana en plano muy inclinado, que se generalizaría en las fortificaciones abaluartadas.
Fortaleza de David
La Torre de David está situada cerca de la Puerta de Jaffa, de entrada al casco histórico, entre los barrios cristiano (al norte) y armenio (al sur). Construida para reforzar un punto estratégico débil en las defensas, fue levantada en el siglo II a.C. y posteriormente destruida y reconstruida sucesivamente por los conquistadores de Jerusalén cristiana, musulmana, mameluca y otomana. Contiene importantes hallazgos que datan de 2.700 años, y es un lugar utilizado para actos benéficos, muestras de artesanías, conciertos y espectáculos de sonido y de luz. El nombre de "Torre de David" es un término equivocado, ya que fue construido por lo menos varios cientos de años después de la fecha bíblica del reinado del rey David.
Vista exterior de la fortaleza o ciudadela de David

Jerusalén en el mosaico de Mádaba
En el mapa más antiguo que ha sobrevivido de Palestina (un gran mosaico a color conservado en el piso de una iglesia bizantina de Mádaba, en Jordania), del siglo VI, podemos observar la muralla de Jerusalén con forma almendrada, varias torres, al menos tres puertas e iglesias que se distinguen por sus azoteas rojas. Son muchos los mapas y planos que de la ciudad se conservan, la mayoría de viajeros o lectores de viajeros de todos los tiempos, que utilizaron la imaginación y sus ideas preconcebidas y “mágicas” para representar la ciudad, de forma idealizada.

Jerusalén. Muralla, puertas y barrios.
En la actualidad, de las ocho puertas que tiene, siete son practicables: la Puerta del Estiércol (por donde se arrojaban tradicionalmente basuras), al sureste, en el cuadrante que corresponde al barrio judío; la Puerta de Sión -o de David-, al suroeste, entre los barrios judío y armenio; la Puerta de Jaffa, al oeste, entre los barrios armenio y cristiano; la Puerta Nueva -del siglo XIX-, al oeste, en el barrio cristiano; la Puerta de Damasco, al norte, entre el barrio cristiano y el musulmán; la Puerta de Herodes, también al norte, en el barrio musulmán, y la Puerta de los Leones -o de San Esteban-, al este, igualmente en el barrio musulmán.
Puerta Dorada
La octava: Puerta Dorada, también llamada de la Misericordia o de la Vida Eterna, se encuentra en el centro del este de la muralla y da acceso directo al Monte del Templo -donde está la Explanada de las Mezquitas-, el lugar más sagrado del judaísmo (pues allí tendría lugar el sacrificio de Isaac, se construyó el Santuario para albergar el Arca de la Alianza y también el Primer Templo o Templo de Salomón). Es igualmente lugar principal para los musulmanes, pues desde ahí fue elevado Mahoma al cielo, según su tradición. La puerta está cerrada desde 1541, por orden de Solimán el Magnífico, utilizándose su exterior para cementerio musulmán, convencidos de la profecía de Elías, anunciando el regreso del nuevo profeta (que no se atrevería a entrar, porque al ser un sacerdote no puede hacerlo a través de un cementerio, debido a su impureza).

Vista de la Ciudad Vieja de Jerusalén desde el Monte de los Olivos.
La vista del conjunto desde el Monte de los Olivos es magnífica, y el recorrido por el adarve de la muralla (posible en la mayor parte de la misma), otro atractivo para visitar y volver a esta ciudad de vida y actualidad tan azarosa, al tiempo que atrayente como pocas.

domingo, 7 de julio de 2013

EXTREMEÑOS POR JORDANIA (I)


Moisés Cayetano Rosado

INTRODUCCIÓN.
Siguiendo una sana costumbre -que el año pasado nos llevó a Turquía-, el Grupo Mecenas del Conjunto Monumental de Mérida nos ha proporcionado la oportunidad de viajar a Jordania.
Viajes a los que tienen prioridad los socios de Mecenas (abierto a todo el que quiera inscribirse, como colaboradores de nuestra ciudad de Mérida, Patrimonio de la Humanidad precisamente por su Conjunto Monumental), pero de los que también pueden disfrutar (y así ocurre) otros ciudadanos amantes de la historia, el arte, la arqueología, los viajes de “aventura controlada”.
Y Jordania ha sido todo un descubrimiento para los cuarenta viajeros extremeños que el 28 de junio nos enrolamos por ocho días para conocer un país situado en uno de los puntos más cercanos a conflictos de extrema gravedad, aunque consigue que prácticamente no le afecten: la guerra civil de Siria al norte; las revueltas de Egipto al sur; la violencia contenida de Israel y Palestina al oeste, y no pocas inquietudes de Irak al este, que comparte vecindad con Arabia Saudí.
 
Ammán desde su Ciudadela
I.                    AL NORTE DE LA CAPITAL JORDANA.
Ammán, capital de Jordania.
Ammán, su capital, con dos millones de habitantes, es una extensa ciudad de edificios generalmente bajos, de pocas plantas, color ocre, que se extienden por diecinueve colinas y tiene su lugar más atractivo en la primitiva Ciudadela, con 1’7 kilómetros de muralla, donde destaca el Palacio Omeya (con espectacular sala de audiencias), una basílica bizantina, templo, foro, teatro y otros monumentos romanos.
Es curioso comprobar cómo el mito, tan divulgado, de que por sus calles ha de pasearse en pantalón largo -pues en otro caso seremos objeto de la reprobación ciudadana- no es más que eso, un mito. Ahí, y en cualquier otra ciudad, los jordanos van a sus quehaceres, son amables, acogedores y no se dedican a “dar palos” al que se atreve a enseñarles sus rodillas.

Jerash, tesoro arqueológico romano.
Jerash, presencia romana.
Al norte de Ammán, a poco más de 50 kilómetros, sobresale la ciudad de Jerash, que para nosotros, los extremeños, y especialmente los residentes o  habituados a Mérida, viene a ser como una “ciudad hermana”: su legado romano le hace ser conocida como la “Pompeya del Este”, si bien atesora también una importante herencia monumental que va desde la Edad del Bronce y el Hierro, hasta la época de los Omeyas y Abasidas, pasando por helenísticos, romanos y bizantinos, en un estado de conservación de los mejores del mundo. Desde 2004 está inscrito en la Lista Indicativa para la obtención de la calificación de Patrimonio de la Humanidad, que bien se merece.
Castillo de Ajlum
A unos 15 kilómetros está el castillo de Ajlum, del siglo XII, construido para contener los ataques de los cruzados, velar por las comunicaciones con Siria, contener el avance del Reino de Jerusalén y proteger las minas de hierro de la región. Impresionante fortaleza similar a nuestros castillos de la Baja Edad Media, con un meritorio sistema de entrada de puertas en recodo, fosos y matacanes que le hacían inexpugnable.
Castillo de Harranah

Castillos del desierto.
Hacia el desierto inmenso del este, que nos lleva a las fronteras de Siria e Irak, se encuentran una serie de castillos y fortalezas que son puntos estratégicos para el resguardo de los caravaneros de las rutas de las especias, incienso, seda, sal…, como es el caso de del impresionante castillo de Harranah, del siglo VIII, de enorme belleza y solidez exterior, así como de extraordinaria comodidad interior, en medio de la “portentosa nada del desierto”. O fortalezas-palacios como el de Amra, de la misma época, utilizado por el califa y sus príncipes para el deporte y el placer, con magníficos frescos en las paredes y techos que le han valido el calificativo de Patrimonio de la Humanidad, obtenido en 1985, y donde sorprendentemente podemos ver “todo” lo que prohíbe la religión musulmana: representación figurativa humana y de animales, incluidas escenas de relaciones sexuales explícitas.
Bóveda de la fortaleza-palacio de Amra



También están los castillos propiamente estratégicos, defensivos y de acopio para finalidades bélicas, como es el de Hallabat –utilizado por Lawrence de Arabia-, construcción sólida en basalto y arenisca, cuyas puertas son igualmente de piedra, y que se asienta sobre base romana, mandada a destruir por el califa omeya Hisham ibn Abd al-Malik en el siglo VIII. En este último caso, nos recuerdan a los castillos roqueros extremeños, si bien en medio de la inmensidad plana del desierto y no en los picos elevados de cerros y montañas.
Puertas del castillo de Hallabat
(Continuará)