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viernes, 16 de febrero de 2018


POBLACIÓN Y URBANISMO DE BADAJOZ EN EL TRÁNSITO DEL SIGLO XX AL XXI
Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia
Resumen

La dinámica poblacional del tránsito del siglo XX al XXI es de crecimiento moderado en el último decenio del siglo XX en el municipio de Badajoz, dentro de un contexto regional de receso demográfico.
Por ello, las expectativas de crecimiento expresadas en los estudios del Plan General de Ordenación Urbana de 1989 no se cubrirán, pues los 200.000 habitantes “soñados” para 2001 quedarán en 136.000 (una subida de apenas 6.000 habitantes).
No obstante, en su revisión urbanística (Plan General Municipal de 2007), se piensa nuevamente en un “salto poblacional” extraordinario; una población superior a 250.000 habitantes para 2016. La realidad nos sitúa en 150.000.
En consecuencia con lo anterior, las viviendas programadas actualmente en el núcleo principal ascienden a 38.385. Únase la oferta que surge de los solares en suelo ya urbano (4.485), el suelo calificado del PGOU de 1989 pendiente de ejecución (9.321), más suelo residencial en Poblados: 1.496, y suelo para viviendas disponible en Núcleos Urbanos Secundarios: 4.485.
Todo ello hace un total recalificado para 57.869 viviendas nuevas. Además, de Proyectos de Interés Regional (PIR) que llevan a un total ofertado entre todas estas modalidades de 61.334 viviendas. ¡Casi doblando a las existentes!
Ahora toca desarrollar un Plan, demorado, pero cuya realización podría durar más que todo el siglo, dado que desde los 150.000 habitantes actuales pasar a 380.000 sería dar un salto sin precedentes en nuestro lento ascenso demográfico.
Badajoz, como Extremadura en general, sufre un “estancamiento demográfico” del que no hay perspectivas de salir, pues ni la tasa de nacimientos ni de recepción de emigrantes son positivas. Más bien al contrario, ya que se producen más fallecimientos que nacimientos (crecimiento natural negativo), se envejece la población residente, y la escasa recepción de emigrantes que tuvimos a principios de siglo se torna ahora en nuevas salidas al exterior, tanto de esos mismos emigrantes como de jóvenes nacidos aquí, sin expectativas laborales.

miércoles, 5 de julio de 2017

POBLACIÓN Y URBANISMO DE BADAJOZ EN EL TRÁNSITO DEL SIGLO XX AL XXI
Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

La dinámica poblacional del tránsito del siglo XX al XXI es de crecimiento moderado en el último decenio del siglo XX, tanto en el contexto español (2’7 %) como en el del municipio de Badajoz (4’66 %), que se nutre -en el caso de este último- en buena medida del flujo intrarregional, pues la ciudad se convierte en un lugar de atracción de población extremeña universitaria y demandante de empleo en el sector servicios (especialmente comercio y doméstico). En tanto, la población regional experimenta un moderado descenso del 0’36 %.
No obstante, las expectativas de crecimiento expresadas en los estudios del Plan General de Ordenación Urbana de Badajoz de 1989 no se cubrirán, pues los 200.000 habitantes “soñados” para 2001 quedarán en 136.000.
El espectacular aumento de la población en el decenio siguiente viene dado por la afluencia de inmigrantes extranjeros, que “disparan” la población nacional a un aumento del 16’5 %, a la regional a un 4’3 % (nada despreciable, dado el declive demográfico extremeño del cambio de siglo) y a la local a un 11’2 %. Esto “anima” a los redactores de los planes de urbanismo del momento a especular de nuevo con espectaculares crecimientos, que en el caso de Badajoz hace que se multipliquen sus recalificaciones de suelo en su Plan General Municipal de 2007, pensando en una población superior a 250.000 habitantes para 2016: la realidad nos sitúa en 150.000.
Sin embargo, el padrón de 2016 significa un revés a todos los niveles: España baja casi un millón de los cuarenta y siete alcanzado en 2011; Extremadura ya no alcanza los 1.100.000 y Badajoz se estanca en los 150.000. La crisis generalizada a partir de 2008 hace que en los años siguientes haya un retorno de emigrantes a sus países de origen, que nos deja en porcentajes negativos.
El flujo de inmigrantes fue un “canto de sirena” propio del desarrollismo sin fin que suele acompañar a estas oleadas de recepción poblacional. Que se asienten casi 5.000.000 de extranjeros en el territorio nacional en diez años (de 2001 a 2011), con repercusión regional y local (aunque moderada), hace pensar en un aumento progresivo, con la consiguiente necesidad de vivienda y servicios a ella ligado que potencia el ámbito inmobiliario, el trabajo en el sector de la construcción, la planificación y recalificaciones de suelo urbanizable y la especulación “del ladrillo”. La “crónica de una crisis anunciada” por el desplome financiero de 2008 no tardó en hacer su efecto en todo lo anterior, que no supo forjar las previsiones necesarias, ni aprender de lo que fueron las crisis generales anteriores, en especial la de 1929 y la de 1973.
La década de 2011 a 2021 está siendo de importantes caídas poblacionales y graves problemas inmobiliarios, a pesar de la contención iniciada en 2017, que se alterna con los sobresalto de quiebras bancarias, pagadas por los ciudadanos con sus impuestos y precariedades en la cesta de la compra y en el empleo.
De otro lado, en el tránsito del siglo XX al XXI se mantiene una situación urbanística de continuo vaciamiento del Casco Antiguo; crecimiento de la densidad poblacional en la margen izquierda del Guadiana (Valdepasillas-Ordenandos-Perpetuo Socorro) de dos tercios a tres cuartos del total y congelación en la margen derecha y poblados. Se potencian particularmente las barriadas del oeste y sur de la ciudad, seguidas “accidentalmente” por la prolongación longitudinal de la zona este (San Roque), primada por la creación de una nueva barriada periférica al amparo de los Proyectos de Interés Regional -PIR-, legislados por la Junta al margen del ordenamiento municipal: Cerro Gordo.
La situación podrá verse agravada en el futuro por el PGM de 2007, cuando comience a ejecutarse, ya que hasta 2017 no se empieza a desarrollar de manera clara, al irse “despejando” la crisis inmobiliaria iniciada en 2008. Este nuevo Plan refuerza la tendencia anterior de prolongar la ciudad residencial hacia el oeste, a ambas orillas del Guadiana, y al sur, con el 91’5% de las viviendas posibles del nuevo suelo recalificado. Los laterales de la Avenida de Elvas, márgenes del río y de la Carretera de Olivenza se llevarían más del 50% de esa cantidad.

Las viviendas programadas en el núcleo principal ascienden a 38.385. Únase la oferta que surge de los solares en suelo ya urbano (4.485), el suelo calificado del PGOU de 1989 pendiente de ejecución (9.321), más suelo residencial en Poblados: 1.496, y suelo para viviendas disponible en Núcleos Urbanos Secundarios: 4.485. Todo ello hace un total recalificado para 57.869 viviendas.
Además, como Proyectos de Interés Regional (PIR), se autorizan en Cerro Gordo (al este de San Roque) 2.750 viviendas, y en La Granadilla, al oeste de las instalaciones deportivas municipales, 715. El total ofertado entre todas estas modalidades subiría a 61.334. ¡Casi doblando a las existentes!
Contra lo que parecía previsible: rechazo del Plan General Municipal de Badajoz por parte de la Junta de Extremadura, por incumplir los Artículo 70 (prever la expansión urbana a medio plaza… sobre la base de criterios explícitos de sostenibilidad que garanticen su equilibrio y calidad) y 75 (análisis y consecuencias demográficas, sociológicas y ambientales de las determinaciones , Proyectos destablecidas) de la Ley del Suelo de Extremadura, se aprueba el 7 de noviembre de 2007 subrayando la Junta que las deficiencias han sido debidamente subsanadas y/o completadas.
La crisis económica mundial de 2008 se “encargó” de paralizar un proceso especulativo que parece poder reanudarse en 2017, tras pasar lo peor de la misma. Ahora toca desarrollar un Plan, demorado, pero cuya realización podría durar más que todo el siglo, dado que desde los 150.000 habitantes actuales pasar a 380.000 sería dar un salto sin precedentes en nuestro lento ascenso demográfico. Ascenso lastrado ahora por el crecimiento vegetativo que, a diferencia de los anteriores tiempos, comienza  a dar resultados negativos, en tanto que el saldo migratorio arroja ya también cifras negativas por la cantidad de jóvenes que buscan fuera el porvenir laboral que aquí no pueden encontrar. 

miércoles, 12 de diciembre de 2012


CONDENABLES DECISIONES URBANÍSTICAS

Por Moisés Cayetano Rosado
Traigo aquí, como ejemplo de condenables prácticas en el planeamiento urbano de “intencionalidad sospechosa”, un caso ilustrativo de lo que ha sido la actuación municipal urbanística “corriente” a finales del siglo XX y principios del XXI, y que tanto ha contribuido a lo que llamamos “pelotazo urbanístico” y desengaño político ciudadano.
En el Plan General Municipal de Badajoz actualmente en vigor se puso suelo a disposición de las inmobiliarias y constructoras para un total de 58.000 nuevas viviendas: 13.000 de ellas en marcha o en proyecto, por ser espacios residuales del anterior Plan General de Ordenación Urbana (de 1989) y otros suelos calificados por modificaciones puntuales o Planes de Interés Regional; 35.000 correspondientes a suelo urbanizable con condiciones, o sea disponibles para próxima programación, normalmente a desarrollar en dos quinquenios, y 10.000 en reserva -suelo urbanizable sin condiciones- por si se agotaran las promociones anteriores.
No está mal para una ciudad que posee en la actualidad no más de 50.000 viviendas (cinco mil de ellas vacías) y que en los últimos veintiséis años ha tenido la siguiente evolución demográfica: 1986, ciento veintiséis mil habitantes; 1996, ciento treinta y cuatro mil; 2006, ciento cuarenta y seis mil; 2011, ciento cincuenta y un mil. O sea, que ha crecido a un ritmo de mil habitantes por año.

VIVIENDAS PARA 200 AÑOS.
¿Esperan que los proyectos infraestructurales dinamicen el crecimiento? Los otros factores intervinientes: el trasvase campo-ciudad, la afluencia de emigrantes extranjeros y la tasa de crecimiento natural, llevan un ritmo negativo.  Así, las 58.000 viviendas nuevas, a tres personas por vivienda, tardarán en ocuparse (siguiendo la dinámica de los últimos decenios) casi 200 años, y desde luego un Plan General debe revisarse a los 10, 15 o a lo más 20 años desde su aprobación, y no esperar dos siglos, dejando a varias generaciones venideras sin libertad para su propio diseño de ciudad.
Con todo, lo más escandaloso está en su distribución territorial: el 56% del suelo urbanizable se programa para unas franjas espaciales que no suponen ni un tercio de las nuevas áreas clasificadas en toda la ciudad. En concreto, irán esas nuevas viviendas al espacio comprendido entre la avenida de Elvas y el río Guadiana, por arriba, y entre el río y carretera de Olivenza por abajo: lo que más de una vez llamé «la milla de oro», ¡ y con el máximo índice de edificabilidad permitido por la ley!
Allá, denuncié en su día -en nombre del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Badajoz, como concejal portavoz de Urbanismo-, tienen intereses directos miembros muy destacados del PP, algunos en el gobierno municipal. Allá -porque así lo tienen programado en el plan de ejecuciones del proyecto- comienzan las construcciones de nuevas viviendas. O sea, serán espacios de mejor venta, por ser las primeras y por estar próximas a las zonas más apetecibles: en el área de la Universidad, Hospital Provincial, lugares de ocio (Lusiberia, Institución Ferial) y macrocomerciales, por la avenida de Elvas, y zonas multideportivas y recreativas (instalaciones de la Fundación Municipal de Deportes, campo municipal de fútbol), por la de Olivenza. Espacios que siempre propusimos para una mejor expansión universitaria, cultural, de ocio, deportiva, recreo colectivo, zonas libres, etc. ¡Ah!, pero eso no genera plusvalías por venta de terreno...
Deberían haber justificado la expansión a medio plazo sobre criterios de sostenibilidad que garanticen su equilibrio (artículo 70.1.1.a. de la LSOTEX -Ley del Suelo y Organización del Territorio de Extremadura-) y el análisis y consecuencias demográficas, sociológicas y ambientales (artículo 75.1. de la LSOTEX); pero eso “lo olvidó” el equipo de gobierno municipal. La Junta de Extremadura tenía el deber de recordárselo, y por tanto de requerírselo, pero inexplicable y lamentablemente no ocurrió, cuando en modo alguno los cumple, atropellando así la propia Ley.

"MILLA DE ORO".
Aprobado el Plan, esa «milla de oro» especialmente será un espacio futuro lleno de problemas:
-       «Avispero humano», por la enorme densificación y concentración masiva, con las limitaciones que les pondrá la natural barrera del río.
-       Colapso circulatorio rodado, por el tráfico interior que se generará, aparte del que ya producen los equipamientos allí implantados: Universidad, Hospital Provincial, servicios recreativos y macrocentros comerciales en la zona de la avenida de Elvas, y Campo de Fútbol e instalaciones multideportivas entre La Granadilla y carretera de Olivenza.
-       Limitaciones al uso recreativo y expansivo natural de las márgenes ribereñas del Guadiana para el conjunto de la ciudad.
-       Obstáculos para la utilización (de la ciudad, y zona comarcal y transfronteriza de influencia) de las dotaciones y equipamientos generales enumerados, por saturación espacial, etc.
Y todo, por empeñarse en un crecimiento macrocefálico de una zona, «la milla de oro», que nos alinea con los lugares del «pelotazo», desequilibrando urbanísticamente a la ciudad e hipotecando su desarrollo sostenible futuro por varias generaciones que no tienen la culpa de esta manifiesta voracidad especulativa.

martes, 20 de noviembre de 2012



Martes, 20 noviembre 2012

Periódico hoy
OPINIÓN

POR MOISÉS CAYETANO ROSADO

"Si a una persona le reducen significativamente el salario y peor, si pierde el empleo, todas las previsiones se trastocan, incluso las de comer; ¿diríamos, entonces, que el que tenga hambre que se aguante, que hubiera conservado el estómago repleto de comida?"

María Antonia Trujillo -exministra de Vivienda, en el gobierno español de Rodríguez Zapatero, y exconsejera de Vivienda, Urbanismo y Transporte, en el gobierno extremeño de Rodríguez Ibarra-  ha escrito contundentemente que “el que tenga deudas, que las pague; que no se hubiera endeudado”.
El momento no puede ser más delicado para hacer estas afirmaciones lapidarias. Porque, al caernos encima una crisis económica de dimensiones aún mayores que la de 1973, y puede que hasta más profunda que la de 1929 -que hundieron en la miseria a tantas personas y colectivos-, todas las previsiones saltaron por los aires.
Una persona, una familia, que cuenta con unos ingresos más o menos regulares y suficientes, adquiere unos compromisos de pago aplazado (deuda) a los que responde con lo que sabe que puede ahorrar un mes tras otro. Si le reducen significativamente el salario, y peor si pierde el empleo o se le viene abajo su negocio, todas las previsiones se trastocan. Incluso las previsiones de comer regularmente cada día; ¿diríamos, entonces, que el que tenga hambre que se aguante, que hubiera conservado el estómago repleto de comida?
Cuando en una etapa económica normalizada alguien adquiere una vivienda, da una entrada en dinero y solicita un préstamo hipotecario. El banco le requiere unas garantías para hacer frente a los pagos periódicos: sueldo, bienes… y le tasa el valor de esa vivienda, para prestarle lo que estima razonable, que siempre ha de ser inferior al valor de ese bien que se adquiere.
¿Qué pasa cuando por esta intensa y galopante crisis pierde el endeudado sus ingresos regulares? ¡Pues que no puede hacer frente a los pagos aplazados, que siempre han de ser menores a la tasación bancaria del bien! Así, si uno se compró una vivienda de 200.000 euros y pagó de entrada 50.000, le quedan por saldar 150.000; el banco, al valorar el inmueble por medio de personal especializado no podrá estimarlo en precio superior, entregándole como mucho el 80% de su valor, con lo cual le habrá prestado unos 160.000 euros. Así, cuando al que padece la situación de insolvencia le llega esta desgracia tendrá una deuda siempre inferior a esos 160.000 euros, a lo que responde con ese bien de valor superior.
Pero, ¿qué ocurre con esta crisis que comenzó con la “burbuja inmobiliaria”? Pues al menos dos cosas: una, que los inmuebles estaban sobrevalorados por la especulación salvaje de los años de bonanza; dos: que los bancos estaban ganando dinero “a espuertas” con los créditos a sustancioso interés y no tenían empacho en prestar más de lo que el valor real del bien sujeto a la hipoteca significaba, alentando incluso a pedir créditos suplementario para otros gastos suntuarios.
Al quedar descolgada una persona, una familia, de la cadena consumista,  por haber perdido su empleo, sus ingresos de autónomo o de empresario golpeado por la crisis, no puede hacer frente a esas deudas, que avalaban sus ingresos y el bien hipotecado. Destruidos los primeros, queda solamente el bien para responder a los pagos.
¿No es éste suficiente? ¿Y entonces para qué se hizo una valoración del mismo por técnicos especializados al servicio del banco? ¡Claro! El mercado especulativo ha hecho descender el valor de los inmuebles en porcentajes a veces de escándalo, y aquello que valía 200.000 ahora no sube de 100.000 en muchos casos. Y si nos atenemos al ejemplo puesto más arriba, y el banco prestó 160.000, pues quedándose con el bien aún reclama 60.000 más al propietario desposeído de ingresos y de ese bien inmueble “efímero”.
También expone María Antonia Trujillo: “Yo solo me endeudo en lo que puedo pagar”. ¿Y eso cómo se calcula, si los ingresos no son absolutamente blindados ante las “inclemencias” del tiempo en que vivimos.  ¿Exigiendo “exitosamente” que no nos despidan del empleo, que los clientes continúen acudiendo a nuestro negocio, que nuestra pequeña empresa siga teniendo la demanda acostumbrada?
Los accionistas de los bancos, que han ganado dinero a sacos en los años de euforia, ¡sí que quieren tener blindados sus ingresos incluso en épocas de crisis! Y no solo lo están consiguiendo sino que muchos multiplican sus ganancias, aprovechando las “rebajas” de ventas por necesidad y el ruborizante juego de la Bolsa.
Pero, ¿cuál es el riesgo, entonces, de estos poderosos del dinero, si se quedan con el bien hipotecado y además hay que saldar la deuda hasta el último céntimo de una valoración “subida”, de la que ellos son los responsables al hipotecar?
En estos tiempos de crisis, todos perdemos. Muchos, la casa que compraron y de la cual ya han hecho pagos iniciales, y encima se les quiere penar con mayor carga, porque disminuyó el valor de los inmuebles, sin que tengan las víctimas la más mínima culpa. Todos perdemos, menos la banca… la banca siempre gana, como en las películas del oeste, ¿recuerdan? Y si el “forastero” no puede pagar, ¡pues ya se las verá con los “empleados” en la puerta del saloon!