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sábado, 24 de octubre de 2015

HISTORIA PEDAGÓGICA DEL SEMINARIO CONCILIAR DE SAN ATÓN. 1851-1962


Autor: Francisco González Lozano.
Edita: Fundación Caja Badajoz. Badajoz, 2015. 442 páginas más CD-ROM.

La labor editorial de la Fundación Caja Badajoz está cobrando fuerza y calidad de forma sistematizada, tanto por el rigor de las obras que publica como por el cuidado de la edición de las mismas, cubriendo buena parte del hueco que, con la crisis económica, han ido dejando otras empresas editoriales extremeñas.
Publicar una tesis doctoral no siempre es aventura fácil, por lo denso de sus contenidos, tantas veces minoritarios, y por la extensión de sus materiales, con los que hay que hacer muchas veces una dolorosa selección para sacarlos a la luz. Y en esto, las instituciones públicas están realizando una labor extraordinaria, que muchas veces las universidades no pueden abordar. De ahí que nuevamente haya que resaltar el empeño de esta Fundación, que cubre un vacío doloroso en caso de que investigaciones costosas y valiosas queden inéditas.
Así, afortunadamente, ve la luz el trabajo doctoral de Francisco González Lozano, que aborda en su estudio la historia pedagógica del Seminario Conciliar de San Atón de Badajoz, entre 1851 y 1962.
La acotación de fechas está justificada por dos hechos cruciales en la historia de la Iglesia en general y de España en particular: la primera, porque se firma el decisivo Concordato de 1851 que supone un impulso en la labor educativa de los Seminarios en general y en el de Badajoz en particular; la segunda, por estar a las puertas del Concilio Vaticano II, que marca una nueva etapa en la vida de la Iglesia y en sus relaciones con el Estado, que al mismo tiempo inaugura un nuevo ritmo social, educativo y confesional.
El libro, tras una importante introducción donde se anotan los objetivos e hipótesis de investigación, consta de dos partes diferenciadas. Una primera que narra la trayectoria histórica del Seminario, poniendo un énfasis especial en la labor de los obispos que rigieron la diócesis en esos años; una segunda, más específicamente pedagógica, que se detiene en la presentación de la obra de algunos de sus profesores más destacados, un análisis pormenorizado del alumnado (que en el CD-ROM se detalla a lo nominativo hasta 1930 y estadístico de todo el siglo y una década que estudia), los materiales escolares del Seminario y los Colegios agregados al Seminario que se crearon en la provincia. Finaliza con una extensa bibliografía, relación de fuentes y la ya inevitable referencia a páginas web de consulta.
Como el autor, además de un paciente y brillante historiador, es pedagogo de formación (pienso que se nota el “sello” de la Universidad Nacional a Distancia en la meticulosa estructuración de los apartados y la preocupación por explicar cada punto en sucesivos subapartados sin resquicio para la mínima duda), se encarga al final de confirmar sus hipótesis de partida con afirmaciones sintéticas y contundentes, claras y comprensibles para todos, haciendo sencillo lo que es consecuencia de una rigurosa búsqueda.
Así, afirma con rotundidad en dichas Conclusiones que “el Seminario Diocesano de San Atón de Badajoz fue un centro educativo de referencia en Extremadura desde mediados del siglo XIX hasta los albores del Concilio Vaticano II”. Que el pilar fundamental de la formación fue “la vivencia de las virtudes y de la piedad”.  Que “los obispos jugaron un papel primordial en la misión del Seminario”. Que su labor despunto por encima de la media de los Seminarios en general y tuvo un excelente grupo de profesores.
Igualmente, remarca el afán de los obispos en la misión del centro “frente a la secularización docente generalizada”, insistiendo en la labor de sus profesores, la calidad de sus manuales, y señalando que de esta labor se ven beneficiados “casi la totalidad de los pueblos de la provincia y poblaciones aledañas”, con lo que reafirma que fuese “un centro de referencia en Extremadura”, que le ha hecho merecedor de “la Medalla de Extremadura”.
Buena investigación, amena de leer, que sistematiza la etapa más importante seguramente del Seminario de Badajoz, usando numerosas fuentes, y especial las del propio Seminario, que guarda un tesoro documental histórico, pedagógico y eclesial de primer orden.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

lunes, 5 de noviembre de 2012


LA SOLIDARIDAD DEL PUEBLO PORTUGUÉS PARA CON LOS ESPAÑOLES
Por Moisés Cayetano Rosado
Cuando visitamos los pueblos de la Raya luso-española, siempre nos salta la sangre derramada que se encargan de recordárnosla sus fortificaciones. Amurallamientos medievales con sabor a lucha entre musulmanes y cristianos; entre leoneses, castellanos, portugueses. Y fortalezas abaluartadas de la Edad Moderna que nos sitúan en los siglos difíciles de la Guerra de Restauração de la Corona portuguesa (1640-1668), de Sucesión española (1701-1714), la Guerra de las Naranjas (1801) y la Invasión francesa (1808-1815).
De todo ello nos ha quedado un patrimonio histórico-artístico de una monumentalidad extraordinaria, que nos enorgullece, pero también el testimonio del dolor. De un pueblo sometido a continuos cercos, saqueos, violaciones y muertes; a permanentes hambrunas, a la miseria extrema. Enfrentamiento entre vecinos que en épocas de paz han sabido complementarse y hermanarse como pocos.
Y en este sentido, quiero traer aquí uno de los ejemplos más emotivos de esa compenetración, de esa solidaridad entre vecinos tan unidos, tras las múltiples desavenencias en que los envolvieron los poderosos, los que dictan destinos, honras, vidas de masas indefensas ante sus múltiples desmanes.
Me refiero a la acogida que el pueblo portugués rayano brindó a los refugiados de la Guerra Civil española de 1936-1939, y la larga posguerra de delaciones, persecuciones y suplicios.
Maria Dulce Antunes Simões lo relató admirablemente en su libro Barrancos na encruzilhada da Guerra Civil de Espanha, publicado por ese municipio ejemplar en 2007, traducido y editado por la Editora Regional de Extremadura un año después. A base de memorias y testimonios de los protagonistas, descendientes de ellos, reflexiones propias y la colaboración del historiador Francisco Espinosa Maestre, Maria Dulce nos presenta la valentía de un pueblo y unos mandos y guardias de frontera, salvando la vida de cientos, más de mil refugiados llegados de las provincias de Huelva y Badajoz a esta población fronteriza de Barrancos, que dio acogida, protección y comida a esos perseguidos, condenados a una segura muerte.
Barrancos recibiría la Medalla de Extremadura en 2009 por esta ejemplar e impagable contribución, que borra las diferencias y nos une en lo más entrañable de los seres humanos: la solidaridad.
¡Cuántos ejemplos emotivos conozco en otras poblaciones de frontera! En mis vecinas Elvas y Campo Maior, a donde huyeron despavoridos republicanos españoles procedentes de esas otras cercanas, como Alburquerque o Badajoz: nombres tan ligados a los enfrentamientos más encarnizados de los siglos precedentes, en acciones que arrasaron con las pocas pertenencias de subsistencia de la gente sencilla, envileciendo en muchos casos sus comportamientos tantísimas veces fraternales.
Nutridos han sido los testimonios que he podido recoger de ancianos que eran jóvenes cuando la horrible guerra y oscurísimos tiempos de posguerra en España: ¡a cuantos se le han llenado los ojos de lágrimas cincuenta, sesenta, setenta años después, recordando el dolor, el hambre, el frío, el desamparo extremo de mis paisanos, llegados a sus pueblos envueltos en la mayor desolación!
Ahora, cuando visitamos con tanta frecuencia el patrimonio fortificado de un lado y otro de la Raya, rememoramos nuestras terribles luchas, nuestras devastaciones; pero también debemos recordar que esos muros, esas enormes fortalezas, han visto llegar hace setenta y seis años, setenta, sesenta… muchas centenas de españoles que salvaron la vida, a pesar de la persecución oficial que el salazarismo dispuso sobre ellos y el peligro que la ayuda significaba para los portugueses de la Raya, que les abrieron solidariamente sus puertas.