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jueves, 10 de agosto de 2017

LUGARES DE LA MEMORIA
Comienzo en Puerta Trinidad
Moisés Cayetano Rosado
Llevamos mucho tiempo ya con la sana costumbre de recorrer “Lugares de la Memoria”, que nos conducen a rutas interpretativas necesarias para rememorar nuestro pasado, reflexionar sobre él, tomar conciencia, ejemplo y lección.
Es una actividad con solera en la conmemoración de la “Batalla de La Albuera”, que se celebra en esta ciudad extremeña todos los meses de mayo, para recrear el enfrentamiento del 16 de mayo de 1811, de anglo-hispano-portugueses contra la Invasión Napoleónica. O en la recreación histórica del Cerco de Almeida, de agosto de 1810, durante la Tercera Invasión Francesa a Portugal. O también el Sitio de Ciudad Rodrigo de dos años después.
Acto final en el Cementerio Viejo
Sí, y todo ello tiene un ambiente festivo y de confraternización que se parece un poco a los festivales medievales que tanto proliferan por toda nuestra geografía. O la recordación de la fundación de tantas ciudades, como es el caso de Al Mossassa Batalyaws: fiesta en septiembre de la fundación de Badajoz.
Pero hay un aspecto que se toca menos, que se ignora tantas veces, que se silencia o incluso se critica como si fuera malo recordarlo: la contemplación, recorrido, explicación de los Lugares de la Memoria que tienen que ver con la Guerra Civil española de 1936-1939.
Como hace ochenta años de aquellos sucesos, algunos argumentan que “no debemos remover el pasado”. Pero, sin embargo, ven muy bien las otras celebraciones aludidas, así haga de ellas doscientos años o mil, o más. ¡A ver si es que alguno no tiene tranquila la conciencia personal, familiar, ideológica o “grupal”!
Con todo, diversos colectivos, grupos, organizaciones sindicales y políticas, siguen empeñadas en dignificar la Memoria y recordar los sucesos, que en uno y otros casos estuvieron envueltos en dolor, sangre y represión.
Ahora, recordando la “Toma de Badajoz” del 14 de agosto de 1936, la Asociación Extremeña de Comunicación Social (AECOS), ha desarrollado diversas actividades (con la colaboración de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura: ARMHEX), entre las que ha incluido -con acierto y apoyo de centenares de asistentes- una “Ruta Interpretativa por los Lugares de la Memoria” de Badajoz.
En lateral de la Catedral; Puerta del Cordero
Desde Puerta Trinidad (donde la Legión al mando de los sublevados se enfrentó a los defensores de la República y la legalidad vigente) hasta el Cementerio “Viejo” (donde fueron arrojados a fosas comunes cientos de republicanos, tras asesinarlos por toda la ciudad), pasando por sitios tan emblemáticos como el exterior de la Catedral (lugar de múltiples asesinatos), el antiguo Garaje Plá (propiedad de significados republicanos fusilados tras la toma de la población), la antigua Plaza de Toros, destruida para levantar un Palacio de Congresos (donde exterminarían al mayor número de personas, con premeditación y sangre fría) y la antigua Cárcel Provincial, hoy Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (lugar de represión durante todo el franquismo, mezclando delitos comunes con políticos, ideológico y de vida privada no aceptada por la ideología sobreimpuesta).
Ante la antigua (y destruida) Plaza de Toros
Entre la mucha información facilitada y recordada, hay que destacar la denuncia por el arrasamiento de lo que debían ser, como ocurre en los países más civilizados, Monumentos de la Memoria: esa Vieja Plaza de Toros ensangrentada no solamente con la sangre de los animales y lidiadores, sino con la de tantos defensores de la legalidad republicana, y las tapias del Cementerio Viejo donde se remataron tantas vidas de aquellos luchadores. Algo que ya no tiene físicamente remedio.
Pero sí lo tiene otra denuncia, pudiendo subsanarse: el que no haya en los indicadores de las murallas la alusión a la lucha de aquellos días de agosto y sus terribles consecuencias (en Puerta de Carros, de la Alcazaba; en la Avenida de Europa, donde estaba la brecha del Cuartel de la Bomba; en la Puerta de Trinidad…; en la Plaza de Toros Vieja; en la antigua Cárcel; en las nuevas tapias del Cementerio).

Ante el antiguo Garaje Plá; Plaza de San Atón.
Ha sido un acierto de esta Asociación Extremeña de Comunicación Social celebrar semejante recorrido. Molesto para los que tienen la conciencia intranquila. Pero también para los que -herederos ideológicos de las víctimas- no han sabido dignificar su memoria con la debida dimensión.
En la antigua Cárcel Provincial; antes Fuerte de Pardaleras; actual MEIAC

miércoles, 29 de marzo de 2017

¿GUERRA DE SEPARACIÓN, DE RESTAURACIÓN O DE SECESIÓN?
Moisés Cayetano Rosado
Visito de nuevo la remodelación del Baluarte de la Trinidad en Badajoz. Ese bodrio infamante que contraviene todo lo convenido desde la Carta de Atenas de 1931 hasta el Plan Nacional de Arquitectura Defensiva del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (2015), pasando por documentos tan emblemáticos como la Carta de Venecia (1964) o la Carta de Nara (1994), y que haría removerse en su tumba al viajero Antonio Ponz, a tenor de lo que escribió en su Viaje de España (1784).
Me reafirmo en su feísmo, en el desacertado tratamiento de recuperación de un Patrimonio Histórico-Artístico, Cultural, donde se encuentran restos arqueológicos de la Cerca Vieja medieval, y se alza un baluarte del siglo XVII, con el nombre del convento que motivó ese trazado para preservarlo: el de la Trinidad, cuya cimentación debe estar ahí debajo, aunque no se ha tenido en cuenta en la reciente actuación de devastación y transfiguración.
Pero, en fin, ahora no quería llegar al sofoco que ya en otras ocasiones manifesté… Mas sí llamar la atención sobre una curiosa cartelería explicativa, donde nos ilustran sobre “La Cerca Vieja y la  Puerta Medieval de la Trinidad”.
Expuesto en español, portugués e inglés, nos hablan de que entre 1640 y 1668 se reforzó con algunos baluartes. Y aquí viene lo curioso: en la redacción española, a ese periodo lo llama la Guerra de Separación de Portugal (así exactamente en el cartel); en la inglesa the Portuguese Restoration (así exactamente), y el escrito en portugués a guerra de secessão (exactamente así en el cartel).

¡Qué cosa esto de las traducciones! Pero el caso es que en Portugal se le llama siempre Guerra de Restauração (¡y con mayúsculas!, que aquí han sido olvidadas, aunque en los otros dos idiomas no). Restaurção-Restoration, como respetan en la exposición en inglés. Y sí, los españoles procuramos, a veces, ponerle ese nombre de Separación… pero hacerle ese feo a nuestros hermanos portugueses en esta cartelería… Yo creo que ya que la desgracia del bodrio es difícilmente reparable, al menos que lo sea lo de la grafía del cartel, por rigor expresivo y comprensivo.

sábado, 5 de noviembre de 2016

EL REAL HOSPICIO DE LA PIEDAD Y EL HOSPITAL DE SAN SEBASTIÁN DE BADAJOZ
Julián García Blanco (historiador) y Javier Tejeiro Fuentes (arquitecto) nos tienen acostumbrados -por junto y por separado- a entregarnos investigaciones llenas de rigor científico y calidad literaria. En su libro anterior, “El Convento de la Santísima Trinidad y el Baluarte de la Trinidad de Badajoz”, lo demostraron con creces, y ahora vuelven de nuevo “a la carga” con otro esfuerzo conjunto, uniendo al empuje de las cualidades anteriores la de su propio riesgo económico, como en la anterior ocasión: el de la autoedición.
Más que justificada estaría la edición institucional de estos trabajos que prestigiarían a cualquier editorial que los asumiera, pero tal vez su deseo de independencia sin condiciones y la postura crítica contra todo lo que supongan atentados de las propias instituciones que deben velar por la autenticidad e integridad de los monumentos, hacen que sea muy complicada la “edición oficial”.
Esta nueva entrega, “El Real Hospicio de la Piedad y el Hospital de San Sebastián de Badajoz”, viene además urgida por la oportunidad del momento: cuando se quiere  actuar sobre un patrimonio histórico esencial de la ciudad sin contar con el aval científico de sus avatares históricos, su esencia monumental y el destino racional que debería tener en el futuro.
En sus 115 páginas, el libro viene dividido en seis capítulos.
Una Introducción sobre el sentido de la publicación.
Una extensa reflexión sobre la manzana donde se ubican y las destrucciones que ha sufrido en las últimas décadas, rompiéndose una lectura histórica esencial del Casco Histórico de la ciudad.
Un pormenorizado estudio de El Convento de las Descalzas-Hospital de San Sebastián, con abundante despliegue de planos generales y de detalle, así como fotos históricas y de su derribo.
Otro estudio histórico sobre El Hospital Real, su cuidado de los expósitos (y su atención “institucionalizada” desde 1635), así como su evolución como hospicio, cárcel y centro correccional, para “desembocar” en el siguiente capítulo:
El traslado del Hospital al edificio del Hospicio, con extensísimo aparataje de documentación, planimetría, estudios de detalle, anteproyectos de transformación, etc.
Culmina con una amplia bibliografía de consulta, tras encarecer el respeto a la estructura tipológica y morfológica del inmueble existente, recordando que el actual grado de protección que posee “obliga al respeto de la composición de fachadas, al de la estructura del edificio original, al mantenimiento de los accesos y vestíbulo, de los zaguanes, patio y escaleras, prohibiendo modificaciones que alteren las partes esenciales de sus elementos arquitectónicos tales como muros, forjados y elementos constructivos de la época” (págs. 109-110).
Algo que, una vez más en el tratamiento con los edificios catalogados de la ciudad, corre el peligro de ser ignorado en aras de propuestas de ensueños donde la “rentabilidad económica a corto plazo” parece ser a la postre la única razón de las actuaciones.
Libro, por tanto, de reflexión para todos, y -debería ser- “de cabecera” para los que tienen que tomar decisiones que luego son irreversibles.

Moisés Cayetano Rosado

sábado, 6 de agosto de 2016

TRES MUESTRAS DE ATENTADOS ACTUALES CONTRA EL PATRIMONIO CULTURAL DE BADAJOZ
Moisés Cayetano Rosado 
Las muestras de maltrato contra el Patrimonio Cultural de Badajoz son infinitas. Tal vez no haya muchos casos tan extremos de saña contra el Patrimonio Artístico-Histórico-Monumental como el caso de Badajoz a lo largo de todo el siglo XX. La destrucción de parte importante de su muralla abaluartada, fuertes exteriores, revellines, colmatación de glacis y fosos, eliminación de cuarteles militares, etc. que explican nuestra historia de confrontaciones en la Edad Moderna y el siglo XIX, ha sido brutal.
Son muy conocidas y lamentables las agresiones contra su recinto amurallado durante la II República (pese a las Cartas de Atenas de 1931 y 1933, asumidas por la comunidad internacional civilizada, para proteger, conservar y restaurar el Patrimonio) y los años del “desarrollismo” y expansión urbanística (años sesenta, pese a la contundente Carta de Venecia de 1964, que marca las pautas de todas las declaraciones, convenciones, acuerdos, etc. internacionales en materia de protección, preservación y tratamiento respetuoso de monumentos, sitios, bienes materiales e inmateriales).
Pero los atentados han proseguido en el tiempo, y cuando creíamos que ya habíamos alcanzado la cima del despropósito, el siglo XXI sigue en Badajoz el camino marcado por las actuaciones del precedente.
Entre los múltiples ejemplos que se pueden poner y condenar, elijo tres por su significación y trascendencia.
El primero: la construcción de la Facultad de Biblioteconomía y Documentación en  el interior de la Alcazaba musulmana -nada más empezar el siglo, contraviniendo todas las recomendaciones de las cartas internacionales que se han ido sucediendo en los últimos ochenta y tantos años, y vulnerando las Normas Urbanísticas del Plan Especial de Protección del Casco Histórico de la ciudad, que estableció Protección Integral para este Bien de Interés Cultural, y por tanto prohibía cualquier adición, alteración e imposición, que es lo que a la postre se hizo. Recurrido el atentado por la Asociación de Amigos de Badajoz, sucesivas sentencias del Tribunal Superior de Extremadura y el Tribunal Supremo han fallado a favor del derribo parcial de la obra, que se ejecuta en el verano de 2016… sin que los responsables del allanamiento (técnicos y políticos) asuman responsabilidades personales, profesionales ni económicas.
El segundo: la actuación “rehabilitadora” durante estos últimos años, en el Fuerte de San Cristóbal, obra abaluartada del siglo XVII, con posteriores modificaciones de adaptación a las necesidades de defensa en los siglos XVIII y XIX, y construcciones interiores consistentes en Casa del Gobernador, casas de oficiales y de suboficiales, con uso militar activo y de prisión hasta bien entrado el siglo XX. Si bien se ha respetado en esencia la obra abaluartada, el interior ha sido completamente arrasado, para levantar en él edificaciones hormigonadas y acristaladas con terrazas planas que rompen no solo con la lectura histórica del monumento, su integridad y autenticidad, sino que crea unos espacios con destinos hoteleros o similares absolutamente inadecuados. Y ahí está: con defectos de construcción, que han llevado a derrumbes, y con indefinición de uso y cierre a las visitas para vergüenza de los gestores políticos, que no parecen darse por aludidos.
El tercero: la transformación (en actual ejecución) del interior del Baluarte de la Trinidad, también del siglo XVII, en una especie de dique de contención, de barrera de pantano “sin agua”, a base de hormigón y escalinata “palaciega” lateral, que dan al traste con lo que el interior de un baluarte es: lugar de defensa artillera, con rampas, tierra apelmazada y recubrimiento pétreo. Otra vez tirada por la borda la integridad, la autenticidad y la lectura histórica, para convertirlo en una especie de “muro de las lamentaciones” con terrazas para “paseos cortesanos”.
Habría que colocarles a perpetuidad a los responsable una camiseta –para llevar siempre a la vista- con el apartado sexto de la Carta de Cracovia del año 2000 sobre “Principios para la Conservación y Restauración del Patrimonio Construido”, que “actuando en el espíritu de la Carta de Venecia de 1964” (como reza en su Preámbulo), dice: La intención de la conservación de edificios históricos y monumentos, estén estos en contextos rurales o urbanos, es mantener su autenticidad e integridad, incluyendo los espacios internos, mobiliario y decoración de acuerdo con su conformación original. Semejante conservación requiere un apropiado “proyecto de restauración” que defina los métodos y los objetivos. En muchos casos, esto además requiere un uso apropiado, compatible con el espacio y significado existente. Las obras en edificios históricos deben prestar una atención total a todos los periodos históricos presentes.

A ver si a partir de ahora -con este cartelito a la pechera, o al cuello como en la “escuela antigua” cuando te colocaban por torpe el cartel de “soy un burro”-, se piensan un poco más estas actuaciones “vanguardistas” que tienen de vanguardia lo que la primera línea de una estampida de elefantes. ¡Ah!, y que asumieran las responsabilidades personales, profesionales, políticas y económicas de los desaguisados.

jueves, 11 de febrero de 2016

EL CONVENTO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y EL BALUARTE DE LA TRINIDAD DE BADAJOZ


Autores: Julián García Blanco y Javier Tejeiro Fuentes.
Autoedición. Badajoz, 2016. 320 páginas.

Julián García Blanco (historiador) y Javier Teijeiro Fuentes (arquitecto) forman un equipo de trabajo compenetrado y multidisciplinar no solo por sus diferentes formaciones académicas sino por la amplitud de sus inquietudes geoespaciales, históricas, urbanas, de ordenación territorial, artísticas, culturales, etc.
Su capacidad para desentrañar archivos y escudriñar documentos, planos, ilustraciones, resulta proverbial. Como lo es también su desenvoltura en el propio terreno de los hechos sobre los que investigan, siendo capaces de “levantar la tierra” y sacarle sus secretos a las distintas capas que el tiempo ha ido dejando, como un libro que crece.
Ahora publican conjuntamente El Convento de la Santísima Trinidad y el Baluarte de la Trinidad de Badajoz, que es más que una monografía minuciosamente estudiada y anotada (570 notas de “a pie de página”, ordenadas al final del libro). Es una explicación detallada de cómo se construyó este convento de finales del siglo XIII, cómo fue evolucionando su morfología y uso, que tanto condicionó el trazado de la muralla abaluartada de finales del siglo XVII, y cómo -“arropándolo”- se levantaría el Baluarte que lleva su nombre, documentando su uso y las actuaciones en el mismo hasta la actualidad.
Pero es mucho más. Es un magistral recorrido por la evolución del recinto fortificado moderno, siguiendo los acontecimientos fundamentales ocurridos en la ciudad y su entorno: Guerra de Restauração del siglo XVII, Guerra de Sucesión de la Corona española de principios del siglo XVIII, Guerra de Independencia de principios del siglo XIX, República y Guerra Civil española (1931-1939), y actuaciones y planes urbanísticos hasta el actual momento.
El libro va dividido en ocho capítulos, a los que siguen las amplias notas y bibliografía, con que los autores acostumbran a “respaldar” sus investigaciones. La falta de planos anteriores a las actuaciones de finales de siglo XVII las suplen con una magistral interpretación dibujada por ellos mismos de la cerca medieval y el propio Convento (tienen el acierto de ilustrar la portada con el detalle del mismo extraído del dibujo realizado por Pier María Baldi en 1668-69, cuando acompañaba a Cosme de Médicis, y del que se sirven para su recreación). Después, nos presentarán y comentarán distintos planos de la Edad Moderna, así como de los siglos XIX y XX, acompañando el estudio de los últimos tiempos con numerosas fotografías extraídas fundamentalmente de los fondos del periódico HOY de Extremadura.
Pienso que no hubiera estado demás que al final de cada capítulo realizasen un pequeño resumen de conclusiones, así como terminar con una reflexión “conclusiva” general. Pero hay que reconocer que a la capacidad científica de los autores se une su transparencia comunicativa, con lo que la comprensión de las etapas de ese espacio en concreto y de la evolución de las murallas de la ciudad y de su mismo urbanismo queda claro con la exposición realizada y sus profusas ilustraciones.
Hay que destacar también el emotivo prólogo que abre la publicación, escrito por Manuel Mª Cienfuegos y Ruiz-Morote, que -con su demostrada humildad- se “avala” como “Un amigo de los autores”, siendo -como sabemos- un gran conocedor de la evolución histórica de la ciudad, a la que quiere tanto como los mismos Julián García Blanco y Javier Tejeiro Fuentes. Por cierto, bien merecerían que fuesen las instituciones oficiales quienes publicaran el trabajo (¡y otros más!), cosa que pueden hacer para una segunda edición, pues es seguro que la primera se agotará, dada la amplia aceptación que estos dos rigurosos estudiosos tienen entre los lectores amantes de la ciudad, el arte y la historia.

Moisés Cayetano Rosado