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domingo, 18 de mayo de 2014

LA POUSADA “COLUMNADA Y VIDRIADA” DE MONSANTO
Moisés Cayetano Rosado
Resulta un poco fatigante tener que estar continuamente denunciando las anomalías y atentados que se cometen en el patrimonio histórico-artístico-monumental de nuestros mejores enclaves. Una muestra de esa recurrente llamada de atención puede ser vista en los siguientes enlaces:
Ahora vuelvo de un viaje más a esa joya del legado arquitectónico y natural extraordinario que es Monsanto, a aldeia mais portuguesa de Portugal, de la que ya he tratado con admiración en este mismo blog (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2013/12/de-monsanto-castelo-novodiamantes-en.html).
Contemplo de nuevo el armónico conjunto de casas de granito (donde a veces los cimientos son una parte de ese mismo inselberg en que se asienta), subiendo ladera arriba hasta casi el picacho en que está su castillo. Gran cantidad de paredes del caserío son esa misma roca erosionado del morro original. Y hasta algunas viviendas tienen como techo enormes pedruscos del mismo material, e incluso a una la llaman a casa de uma só telha, pues está coronada y protegida por un enorme bolo granítico, tan grande como ella.
El callejero es sinuoso, siguiendo las curvas de nivel y obligado por la disposición de rocas gigantescas. Mirado desde arriba, todo es granito natural o tallado en sillares, sillarejos; cubiertas de teja árabe a dos aguas y portalones de madera…
Pero ahí tenemos la nota disonante: el Hotel Pousada, con su fachada pétrea a juego, remarcados los bordes de cada pieza, que dan la sensación de pulidas a conciencia para que podamos pasar por ellas la lengua; muchos ventanales acristalados, un piso saliente aterrazado, con columnas pintadas de amarillo, cornisa de blanco e interior de enormes cristaleras. Sobresale en un “tercer escalón” el cuerpo cúbico -todo cristal encintado- del ascensor, dispuesto al exterior supongo que para que el cliente al subir y bajar admire el valle extenso, proterozoico, de los alrededores, vibrante de verdor, “sembrado” de pueblecitos apacibles y con la Serra da Estrela al noroeste.
¿Cómo es posible concebir, diseñar, aprobar, construir, e incluso puede que enorgullecerse de esta disposición de un elemento hostil, tan disonante en el paisaje urbano de uno de los pueblos más armónicos y preservados de toda la Península? ¿Por qué un borrón tan destacado en medio de una “escritura” tan bien rotulada, armonizada, por la naturaleza y por el hombre a lo largo de los siglos?

Ya sé: en tantos lugares existe esta desarmonía -y muchos la celebran y jalean-, que… ¡no podemos quedarnos atrás, sin arrimarnos a la corriente del progreso! Pero, ¿por qué no han dejado a Monsanto, aldea inmaculada, mais portuguesa que ninguna, al margen de esta escisión, que rompe y corrompe la integridad, excepcionalidad y autenticidad atesorada durante tanto tiempo?

jueves, 19 de diciembre de 2013

DE MONSANTO A CASTELO NOVO: DIAMANTES EN ESTADO PURO


Moisés Cayetano Rosado

Cuando uno cree que ya nada puede sorprenderle en este mundo indescriptible de la Raya, toma la falda sur de la Reserva Natural de la Serra de Malcata y baja hasta Monsanto. ¿Fue todo a la vez, granito en bolos gigantescos y caserones igualmente de granito, confundidos en un levantamiento simultáneo?
Esas calles que ascienden y retuercen quebradas plataformas donde brilla el cuarzo, ¿no son también obra de la naturaleza, soberbia, gigantesca en los enormes peñascales de donde se levanta el caserío -como naciendo en sus entrañas- y que lo protege con exageración por todos lados?
Y la Pousada de Monsanto, tan discreta, de tan buen gusto, siempre recomendable, ¿no forma parte igualmente de la creación infinita de los tiempos, como la bruma constante que desdibuja los tejados, en ocasiones tan cercanos de un lado a otro de la calle que casi se tocan? Y el olor de su cocina, tantas veces centenaria, de cazuelas de hierro, recipientes de barro, leña y horno de piedra, arcilla y cal, ¿desde cuándo preside los fogones donde perfuman el aire con su olor las feijoadas, el cabrito asado, la perna de borrego o la chafana?
Monsanto es el resultado de la más delicada y natural confabulación de los dioses y los hombres, como la muy cercana Penha García, caserío y roquedo que dominan el barragem de su nombre y permiten ver hasta las lejanas Serra da Estrela, da Gardunha, da Malcata y Gata, gozándose de unas puestas de sol inolvidables.
O como la vecina Idanha-a-Velha, hoy mínimo pueblecito, que en su momento fuera importante ciudad romana, núcleo visigótico, fortificación árabe y sede episcopal en el siglo XII, de lo que conserva importantes vestigios: lápidas romanas, baptisterio paleo-cristiano, muralla medieval, sin olvidar su castillo (como las otras dos poblaciones). En la villa, podemos adquirir recuerdos artesanales de excelente gusto, que rememoran su pasado glorioso.
Las tres poblaciones forman un triángulo isósceles, de apenas 14 kms. entre sus tres lados, donde dan ganas de perderse, de confundirse entre el boscaje y las piedras monumentales, que invitan al paseo sin prisas, sosegado, siempre reparador.
Pero si nos desviamos ligeramente hacia el oeste, tampoco iremos mal encaminados. En los soberbios contrafuertes orientales de la Serra da Gardunha hay un nuevo conjunto de pequeñitas poblaciones que van a conquistarnos. Destacaremos Alpedrinha y Castelo Novo, al pie casi de la carretera que desde el norte alentejano y Castelo Branco llevan al cuadrante nororiental de Portugal.
Otra vez castillos, casonas, granito en paredones imponentes, agua y verdor, nos acompañan, como sustituyendo a una población que escasea y envejece. Todo son aldeas detenidas en la historia, en su gloriosa historia medieval, y preservadas aún de la avaricia de un descontrolado turismo de consumo novedoso.

El silencio predomina, junto al levísimo sonido permanente del aleteo de las bandadas de pájaros y algunas aves de rapiña. Y siempre encontraremos una tasquinha, un mínimo restaurante donde degustar la cocina tradicional heredada de la mezcla de civilizaciones que por aquí se han superpuesto.