COMER CON BUCHE EN LA RAYA/RAIA
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miércoles, 12 de febrero de 2014
lunes, 4 de noviembre de 2013
VALENCIA DE ALCÁNTARA, PURA RAYA
Moisés Cayetano Rosado
| Fortificación abaluartada, castillo medieval e Iglesia de Rocamador |
El nombre de
Valencia de Alcántara va especialmente unido a su fabuloso patrimonio de
dólmenes neolíticos y al bellísimo barrio judío de portadas graníticas
ojivales. Arropada por la Sierra de San Pedro al norte y al este, la Sierra de
Alburquerque al sur y la Serra de Marvão al oeste, la población se eleva
sobre una fabulosa masa granítica de la que han ido saliendo los sillares de
sus construcciones.
Valencia es sin duda una ciudad y un espacio geográfico hechos para el paseo. Paseo por
las calles, callejuelas, plazas y plazoletas de su casco antiguo, de su barrio
medieval; paseo por los cerros y sierras de los alrededores, con sus enormes
encinas y alcornoques, sus castaños, robles y nogales, sus bolos graníticos,
dorsos pétreos de ballena, gigantescos pedruscos de todas las formas y
disposiciones.
| Una entrada al barrio gotico de Valencia de Alcántara |
La visita
urbana debe comenzarse por el citado barrio gótico-judío, derramado por
diecinueve calles en las que se atesoran más de 200 portadas en las que reina
el granito y los arcos ojivales, conservándose una sinagoga de arcos de
medio punto peraltado y columnas de fuste cilíndrico muy similar a la
portuguesa de Tomar, y todo ello de traza y ambiente parecido a la judería de
Castelo de Vide.
| Cristo atribuido a Berruguete en la Iglesia de Rocamador |
Al este se encuentra la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Rocamador, de los siglos XV
y XVI, declarada de interés histórico-artístico, en cuyo interior se guarda
una hermosa tabla de Luis de Morales y una talla de Cristo crucificado
atribuida a Berruguete, sobrecogedora en su retorcimiento expresionista.
Al lado mismo
está el castillo, de enorme torre de homenaje, que data del siglo XIII y se
encuentra reforzado por un recinto abaluartado de los siglos XVII y XVIII,
con recios paredones, bien restaurado, aunque las casas adosadas en buena parte
del conjunto le resta prestancia exterior. Lamentablemente, de la fortificación
abaluartada que rodeaba toda la ciudad a comienzos del siglo XIX, apenas queda
una puerta, un baluarte y restos de otro y de una cortina de murallas, pues
arrasó con ellos la expansión urbana.
| Valencia de Alcántara desde el castillo |
De allí hemos de volver al centro de la población, llegando ahora a la Plaza Mayor, pavimentada en 1873 con piedras calcáreas traídas de
Portugal, remodelada posteriormente, pero conservando el antiguo trazado en
ondas a dos colores. Ahí se encuentra el Ayuntamiento, de amplio atrio con
arcos de medio punto y columnas cilíndricas; el Mercado de Abastos; la iglesia
gótico-renacentista de la Encarnación; el Palacio del Gobernador de la villa, y
la antigua Prisión, que forman un conjunto
de gran belleza y armonía.
Con todo lo esbozado y ser de suma importancia además
su acueducto de origen romano, los conventos de Santa Clara y San Francisco,
sus paseos ajardinados de las expansiones del sur y los múltiples caseríos y
pedanías de los alrededores, hemos de
destacar especialmente el patrimonio megalítico, del que se conservan en el
término municipal 33 dólmenes graníticos y 8 de pizarra, además de varios
castros y construcciones de falsa cúpula de la Edad del Bronce.
La excursión para verlos siempre es una delicia,
subiendo entre rocas y espesa vegetación, por veredas y caminos bien asentados,
serpenteantes. Hay señalizadas y bien atendidas varias rutas, cada una de las
cuales lleva a unos cuatro o seis dólmenes, donde lo impactante de los
monumentos funerarios se une a la rica
vegetación y la amplitud de vistas paisajísticas.
| Buche de cerdo |
Un regreso a la población, tras las
excursiones, nos lleva al primor de su
gastronomía. No debemos marcharnos sin probar el buche de cerdo (sólo en primavera), las cachuelas, el frite de cordero,
la chanfaina, el gazpacho (de verano) y las migas, sin olvidar los platos a
base de caza mayor y menor, así como la variadísima repostería, de la que
los fritos borrachos, las roscas, tortas de chicharrones y bollos de Pascua son
“bocati di cardinali”.
martes, 26 de febrero de 2013
COMER CON BUCHE
| Buche dispuesto para cocer |
Moisés Cayetano Rosado
Ahora, en tiempo de Cuaresma, comemos en muchos
pueblos de la Raia/Raya luso-española, el “buche”. Una mezcla de costillas,
orejas, lengua, rabo, tripas… de cerdo, que -condimentada con pimentón rojo- se
introduce en el buche del animal sacrificado; bien atada la tripa, se pone a
secar durante unos días.
Hay muchas formas de preparar este suculento,
nutritivo y bastante potente manjar. Muchos lo prefieren con coles, otros con
sopa de pan espeso, o con garbanzos…, pero a mí me gusta simplemente cocido,
sin otro aditamento, puesto en la olla tras quitar la piel envolvente, hasta
que se reblandece.
Una comida tan rotunda, propia de campesinos
que gastan abundantes energías en el duro trabajo de las faenas agro-ganaderas,
ligada a las matanzas familiares de esos tiempos que ya se nos escapan, exige
buen estómago y ganas de hacer ejercicio para librar después las calorías
acumuladas; al menos un largo paseo que nos libere en parte del colesterol…
| Quesos/queijos; aceitunas/aceitunhas, de entrada. |
| Lechuga/alface rizada; aceite, vinagre y sal. |
En esta raia/raya nuestra, tan sabia en tantas
cosas, y especialmente en materia culinaria, suele precederse la ingesta del
buche con unas entradas de queso (¡qué maravilla los pequeños queijos
alentejanos o los algo mayores extremeños, de oveja merina, bien curados!) y
aceitunas rajadas o machadas. Los bocados de carne se “suavizan” con alguna
verdura que refresque la garganta, preferiblemente lechuga/alface rizada, preparada
con aceite, vinagre y sal.
| Pão alentejano |
Todo lo anterior se degusta mejor con un buen
pan espeso, rústico, de pueblo, hecho en horno de leña, a la manera antigua,
con una miga bien compacta y corteza resistente. Ese pan que se hacía en los
hornos familiares o comunales para toda la semana e impregnaba de aroma al
pueblo entero.
| Sobremesa |
Para acabar, unos dulces de la tierra, donde no
falte en su composición la almendra, el huevo, harina de trigo, azúcar, y -a
poder ser- unas ameixas/ciruelas pasas acompañando el biscoito/bizcocho.
| Bebidas da Raia/Raya |
Todo ello, claro, hay que “regarlo”. Vino tinto
de la Ribera del Guadiana, las Villuercas, o de la planicie alentejana,
contribuyen a que se “aclare” la garganta. Y para “deshacer” esa especie de bomba
a que el buche se parece, aguardiente/bagaço compartido con un café cargado
-uma bica- o una infusión de hierbas, um chá (yo lo prefiero de limón/limão).
Es curioso que este producto rayano sea tan
poco conocido a media que te apartas de la zona fronteriza. Y siempre resulta
un agradable hallazgo para aquellos que tienen la suerte de descubrir este
pequeño secreto campesino que en el territorio luso-español, tan herido de
luchas y de confrontaciones, supuso un punto de unión que bien merecería ser
conmemorado con fiestas populares y de hermanamiento.
Comer con buche. Convivencia alrededor de un
buche, con amigos, vecinos, compañeros, festejando la vida sencilla y tan rica
del territorio compartido en la frontera.
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