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miércoles, 13 de enero de 2016

EN EL CENTRO DE LOS TESOROS DE LA RAYA LUSO-ESPAÑOLA
Moisés Cayetano Rosado
La Raya hispano-lusa es un espacio lleno de valiosos legados patrimoniales, donde podemos disfrutar de espléndidos tesoros que se remontan en muchos casos al neolítico (dólmenes, menhires, cromlech…) y el calcolítico (sepulcros de corredor, castros…), con gran presencia posterior de la cultura romana (villas y ciudades, con sus calzadas, acueductos, palacios, templos, edificios civiles y de recreo…), que en la Edad Media y Moderna adquirirán extraordinaria particularidad, especialmente en el espacio extremeño-alentejano.
Efectivamente, la configuración del Reino de Portugal en el siglo XII, separado de León y Castilla, con la presencia al sur de los musulmanes, hará que las fronteras del Tajo y el Guadiana adquieran especial importancia. Se hace patente en la abundancia e importancia de castillos roqueros, fortificaciones y alcazabas, que en el caso de Badajoz adquiere -la Alcazaba- una importancia de primer orden en todo el ámbito europeo y norteafricano, y en el de Elvas completará la importancia de su castillo de raíces musulmanas la importancia de la fernandina, que en buena parte se conserva.
A partir de ahí, Badajoz y Elvas pasan a ser el centro, el punto crucial y decisivo de los “tesoros de la Raya”, pues su importancia es clave en el avance de las conquistas cristianas, primero, y en las turbulentas relaciones hispano-portuguesas después.
Sus cercas medievales nos muestra la importancia de estas ciudades, tanto por su extensión como por su estratégica situación. Después, con las sucesivas guerras de frontera de los siglos XVII, XVIII y XIX, el patrimonio monumental militar se acrecentará hasta situarse Elvas en la cabecera de la Raya, con su portentosa muralla abaluartada, sus dos magníficos fuertes y los cuatro fortines (tres de los cuales se conservan), cuartes, polvorines, instalaciones de intendencia militar, hospital, etc. En cuanto al lado hispano se refiere, Badajoz se destaca por su magnífico Fuerte de San Cristóbal, el fuerte-revellín de San Roque y el recinto abaluartado de la ciudad, el legado que nos ha sido transmitido de aquella época; lamentablemente, hemos perdido los abundantes cuarteles militares, así como el Fuerte de Pardaleras y gran parte del de la Picuriña, entre otros elementos, pero aún así lo que se conserva es de un valor extraordinario, no superado en el lado español de la frontera.
El hecho de que alrededor tengamos la mayor concentración de fortificaciones medievales y modernas de toda la Raya realza el valor del conjunto, potenciándose todos entre sí y conformando un espacio envidiable cuyas potencialidades culturales y turísticas son inigualables.
Baluarte de la fortificación de Badajoz
A menos de 15 kilómetros están Badajoz y Elvas (Patrimonio de la Humanidad), y a poco más de 15 de ambos, Campo Maior, cuyo patrimonio militar de idénticos períodos, más el eclesiástico, está siendo afortunadamente recuperado en toda su amplia valía. A 24 kilómetros de una y otra se nos presenta Olivenza, que es una de las ciudades más completas en monumentalidad de todo el espacio transfronterizo.
Hacia el norte, la portentosa villa de Alburquerque, todo un compendio de historia, arte y urbanismo medieval, donde destaca en especial su incomparable castillo, sin olvidar el valor artístico de sus iglesias góticas, los redientes abaluartados, y hasta en las inmediatas cercanías diversos grabados y pinturas rupestres.
Panorámica de Elvas, saliendo el sol
Y por si fuera poco, adentrándonos en Portugal, por esa línea de antiguas confrontaciones Madrid-Lisboa -la más decisiva en el ámbito peninsular en toda la Edad Moderna y siglo XIX-, en poco más de medio centenar de kilómetros se nos presentan otras poblaciones-fortalezas a las que igualmente acompañan aportaciones monumentales religiosas y civiles: Ouguela, al lado de Campo Maior, y más arriba Arronches; Borba, Vila Viçosa y Estremoz en la línea que conduce a Lisboa, y Juromenha y Alandroal, al oeste de Elvas.
A este valor “humanizado” se une la riqueza ecológica de la zona, regada por el Guadiana y el Caya (con la cola del embalse de Alqueva y el barragem do Caia respectivamente), con parajes ribereños extraordinarios y ligeras elevaciones montuosas que en la Serra de Ossa alentejana (entre Redondo y Evoramonte) y en la Sierra de San Pedro extremeña (por la zona de Alburquerque) adquieren una exuberancia envidiable.

Todo ello hace de lo que forman la Eurociudad Elvas-Badajoz un punto estratégico sin igual, que necesita ser valorado como tal, en acuerdo con el entorno enumerado. Una buena promoción del conjunto hará en el futuro de esta área rayana un espacio solicitado por los amantes de la cultura, la historia, el arte, la ecología y el senderismo, que contribuirá a crear riqueza y empleo estable, variado y de calidad.

domingo, 18 de noviembre de 2012


TRATAMIENTO DEL ENTORNO MONUMENTAL ABALUARTADO

Por Moisés Cayetano Rosado

Cuando se ven desde el aire los espacios monumentales, adquieren una visión de conjunto relevante. Se ve el bien patrimonial en sí y su relación con el entorno, que lo preserva o lo asfixia, que lo enaltece o lo minimiza.
Así, cuando uno monta en globo, sobrevolando la ciudad de Elvas, declarada el pasado 30 de junio Patrimonio de la Humanidad por sus fortificaciones, observa no solo sus líneas de murallas, respetadas en su integridad y autenticidad, sino también el tratamiento de su entorno, ese respeto por lo que constituye parte esencial de lo que fueron las defensas: los glacis, el terreno expedito de los alrededores.
Los glacis forman parte del significado histórico, utilitario, estratégico de la muralla abaluartada, pues constituyen un lugar abierto que ha de salvar el enemigo para tomar la plaza, al tiempo que un espacio necesario para vigilar y “hacer blanco” desde dentro. Pero, hoy, además de explicarnos el significado global de esta maquinaria de defensa, constituye un bien artístico complementario de primera magnitud, que embellece la monumentalidad de las construcciones complejas de la fortificación, dándole gran perspectiva visual.
Elvas ha sabido conservar estos entornos libres de edificaciones no solamente en sus murallas urbanas, sino en las construcciones periféricas, como son los fuertes y fortines. Los fuertes, ciertamente, continúan alejados espacialmente de la voracidad urbanística, pero algunos fortines han quedado englobados dentro de las urbanizaciones periurbanas, como es el caso del Fortim de São Pedro. Pues bien, ni en este caso se ha sufrido la colmatación de los espacios exteriores, de sus glacis, sino que el propio barrio se  ha anillado a él, como si las viviendas fueran las “tropas de cerco”, guardando una distancia “de respeto”.
No es el caso de Badajoz, ahí al lado, a catorce kilómetros de este afortunado ejemplo. En Badajoz, no únicamente glacis, sino contraescarpas, fosos, revellines, baluarte, han desaparecido ante el “ataque” de bloques de pisos, de urbanizaciones pegadas a la fortificación, cuando no “sustituyendo a esa fortificación”, o sea, destruyendo y ocupando el espacio de cortinas, Baluarte de San Juan, cuarteles, además de fuertes y fortines. En este sentido es interesante comparar las fotos en globo que se hicieron en 1914, con todos los elementos preservados -como siguen en Elvas- y la visión que hoy día obtenemos por satélite, con todo ocupado, engullido, por dentro y por fuera de las líneas amuralladas. Fue especialmente el “desarrollismo” de los años sesenta el que se llevó este patrimonio histórico-artístico por delante.
Hoy solo nos queda lamentarnos… y tomar lección de los atropellos y destrozos para no volver a cometerlos. Se suele decir que el que no conoce la historia está condenado a repetir los errores perpetrados en el pasado; ¿seguiremos repitiéndolos, aun conociendo las tropelías perpetradas?

sábado, 18 de agosto de 2012


PROHIBIDO CONTEMPLAR EL PATRIMONIO ARTÍSTICO-MONUMENTAL
Gárgola en la fachada del Hostal de los Reyes Católicos. Santiago de Compostela.
Parece burlarse del que no puede entrar en el interior, por no ser "cliente alojado". 
La vigente Ley del Patrimonio Histórico Español de 25 de junio de 1985, señala en su Preámbulo: “Todas las medidas de protección y fomento que la Ley establece sólo cobran sentido si, al final, conducen a que un número cada vez mayor de ciudadanos pueda contemplar y disfrutar las obras que son herencia de la capacidad colectiva de un pueblo”.
Pero, como tantas veces ocurre, parece que las leyes están “para no cumplirlas”. Y esto lo digo a raíz de mi visita al lujoso parador de Santiago de Compostela, “Hostal de los Reyes Católicos”, uno de los monumentos más portentosos y valiosos del patrimonio histórico peninsular.
Patio barroco del Hostal
Tras ver su impresionante fachada plateresca, accedemos al hermoso hall donde diversos carteles, colgados de las puertas y cristaleras que lo circundan, indican que no está permitido el acceso más que a los “clientes alojados”, o sea, a los que se pueden permitir el lujo de pagar la considerable suma económica que supone pernoctar allí. Solo de esa manera se podrá pasear por sus cuatro patios porticados, donde el gótico de dos de ellos y el barroco de los otros dos nos ofrecen arcadas, bóvedas y elementos ornamentales de alto valor histórico-artístico; igual ocurre con su singular Capilla Real -iglesia del antiguo Hospital que fue este monumento-, inmensa, esplendorosa, de un gótico refinado en sus columnas, nervaduras, esculturas…
Esculturas y rejería de la Capilla Real
No digo que uno se cuele en las habitaciones con sus “clientes alojados” (la mayoría de los que he visto, japoneses, alemanes, franceses…), sino que  se pueda pasar a “contemplar y disfrutar de esta herencia de la capacidad colectiva de nuestro pueblo”, como dicta la Ley de Patrimonio Histórico. Algo que en otros monumentos convertidos en hoteles, en paradores como es este caso (pongamos el cercano a él de Cambados, o el extremeño de Jarandilla de la Vera), o pousadas portuguesas (la de Alcácer do Sal, o Estremoz, o Vila Viçosa), se permite hacer en sus espacios comunes, sin que ello “perturbe” la paz de los “usuarios de pago”.
Tapiz de salón interior del Hostal
Hemos de recordar, además, que la rehabilitación y adecuación de esos monumentos se ha hecho con dinero público, con presupuestos oficiales, y muchas veces ayudas europeas. Por una cosa -la legalidad- y la otra -el dinero de todos allí invertido- no se nos puede hurtar el derecho al mínimo placer de la “contemplación beatífica”, sin más exceso por parte de los “plebeyos”.
En otro caso, no estaría demás lo que en otros sectores se realiza como protesta ciudadana: la “desobediencia civil” a esa cartelería prohibitoria, que en sí es un atropello a los derechos de la ciudadanía. A lo mejor hay que organizar excursiones colectivas a los monumentos oficiales y hacer un pacífico paseo por sus instalaciones, donde el arte y la historia no saben distinguir de “clientes alojados”, residentes deseosos de disfrutar de lo suyo y simples turistas de paso con un inmenso amor a la cultura.
MOISÉS CAYETANO ROSADO