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lunes, 7 de marzo de 2022

 EN EL CORAZÓN DE PORTUGAL.

SETÚBAL-ALMADA-LISBOA


SALIDA DE BADAJOZ. Día 12.
8’00 horas.

LLEGADA A SETÚBAL. 10’30 horas

VISITAS EN SETÚBAL. Por la mañana:

Mercado do Livramento (uno de los mercados de abastos más atractivos del mundo)

Iglesia y Convento do Cristo. Arte manuelino con cerámica del siglo XVII. Claustro gótico. Museo de pintura y escultura, con espectaculares relicarios.

Plaza renacentista de Bocage. Centro histórico. Esculturas monumentales al aire.

Comida por la zona portuaria. A las 14’00 españolas aproximadamente.

Por la tarde:

Visita al monumental y abaluartado Forte de S. Felipe/paseo por la zona de playa urbana. Panorámica de la ciudad y de Troia.

 

VISITAS EN ALMADA. Final de la tarde:

Subida a la explanada de Cristo Rei. Explicación panorámica de Lisboa. Visita a la planta baja del santuario. Subida opcional en ascensor a lo alto de la peana de la imagen del Cristo.

Bajada al Puerto de Cacilhas de Almada. Vista de la fragata de Don Fernando e Gloria y el submarino Barracuda.

Opción de tomar café en la zona.

 

VISITAS EN LISBOA. Tarde/noche:

Instalación en el hotel.

Paseo por la Avenida da Liberdade hasta la Baixa, por la Vía Augusta. Explicación en las zonas monumentales, plazas, zonas emblemáticas, y en la Praça do Comercio y zona ribereña del Tejo (Tajo).

Visita nocturna por la zona de la Sé (Catedral) Y Barrio de Alfama.

Opción de cenar en distintos restaurantes del Barrio de Alfama; lugares de cante de fados.

 

DÍA 13 EN LISBOA. Por la mañana:

Desayuno en el hotel.

Paseo hasta la Estação do Rossio y el Barrio do Chiado. Explicaciones del significado emblemático del Largo do Carmo. Iglesias monumentales de la Rua Garret; famoso Café modernista A Brasileira. Bajada al Mercado da Ribeira, por la Rua do Alecrim.

Comida en el Mercado da Ribeira, de múltiples opciones, a las 13’00 españolas aproximadamente.

Por la tarde:

Visita a la Basílica da Estrela.

Visita a la Iglesia del Monasterio de los Jerónimos.

Visita a la Torre de Belém.

Visita al Museu do Combatente.

Paseo final a orillas de esta desembocadura del Tejo.

Regreso.

Opción de tomar bifanas (o lo que se desee) en la zona de servicios de Vendas Novas (“Capital portuguesa de la bifana”)

martes, 27 de enero de 2015

FORTALEZA DE OUTÃO: LA SERENA GRANDEZA
 
Moisés Cayetano Rosado

Resguardando la entrada al estuario del Sado por el oeste, frente a la lengua de arena que forma la península de Troia, se encuentra la magnífica Fortaleza de Santiago do Outão, garantizando la tranquilidad de Setúbal.
Ya en 1390 se construyó en el lugar una torre de vigilancia por orden de D.João I, que se mejora en el reinado de D. Manuel, al comenzar el siglo XV. Pero será a finales del XVI  y mediados del XVII cuando adquiera el porte impresionante que en la actualidad conserva.
A partir de 1572, se inicia la construcción de una cerca abaluartada, siguiendo el modelo italiano de defensa frente a los ataques de la artillería pirobalística de la época: tendría su “bautismo de fuego” defendiendo la independencia frente al Duque de Alba, en 1580, cuando se realiza la Unión Peninsular. Después, entre 1643 y 1657 -en la primera parte de la Guerra de Restauração- se ampliará, reconformándose al modelo que hemos heredado.
La fortaleza sería residencia veraniega de D. Carlos y Dña. Amelia en la última década del siglo XIX, e iniciado el XX pasó a adaptarse como sanatorio de tuberculosos, con lo que se levantan edificios apropiados para los enfermos y se remodela el interior. Otra década más tarde, será convertido en lo que hoy día sigue siendo: Hospital Ortopédico, dadas las buenas condiciones del lugar para dolencias óseas, por la influencia marítima y de la barrera inmediata de la Serra da Arrábida.
Desde entonces, se han efectuado diversas intervenciones de consolidación, especialmente en los años cincuenta, ochenta y noventa del siglo XX, en cuanto a las instalaciones interiores, cuidando con esmero el “cinturón” abaluartado, así como su singular capilla de la segunda mitad del siglo XVII, donde destacan valiosos paneles de azulejos y el retablo frontal.
Pasear hoy día por sus dos baluartes laterales (al este y al oeste), contemplando el mar, entrar en sus garitas cilíndricas, recorrer  el borde siguiendo la línea de los parapetos, en tanto oímos el azote del mar y vemos la lengua estrecha, larga y dorada de la península de Troia, el caserío de Setúbal y las playas recortadas del noroeste, es una experiencia grata, relajante, balsámica.
Observar la grandeza vertical de su cuerpo central desde la terraza principal, con el mar a nuestras espaldas y la Serra da Arrábida de frente, al fondo, resulta sobrecogedor, por su grandeza y armonía.
Entrar en la Capilla, dedicada a Santiago, con escenas de su vida en azulejería llena de movimiento, profundidad y detallismo, y extraordinario retablo dorado de fondo, nos envuelve en paz serena, pese a las escenas de luchas que allí contemplamos, en las que el insuperable virtuosismo artístico se sobrepone a la narración bélica, compensada también por escenas piadosas y tranquilas.
En la muralla central que da al mar podemos leer (con dificultad) una inscripción que resume los primeros momentos de la fortaleza: "A torre desta fortaleza de Santiago do Outão foi edificada por El Rei Dom João o Primeiro e depois cercada de muro por El Rei D. Sebastião e o sereníssimo D. João IV, libertador da pátria, mandou acrescentar a fortaleza para a parte do mar e terra com magnificência e grandeza que hoje se vê. D. Fernando de Menezes, conde da Ericeira, lhe lançou a primeira pedra em XXV de Julho de MDCILIII e sendo governador dela Manuel da Silva Mascarenhas e das armas de Setúbal e sua comarca e superintendente da fortificação João de Saldanha mandou pôr aqui esta memória ano de MDCILIX".
En plano de João Tomás Correia, de principios del siglo XVIII, vemos la estructura de la  fortificación: planta que apenas difiere de la que hoy disfrutamos. Solo cambia, claro, el alzado interior, que también nos muestra Correia en su estado de principios del siglo XVIII, por lo que al cuerpo central (principal) se refiere; pero la disposición de hoy nos evoca en gran parte la que contemplamos en el plano, aunque falta la ermita exterior y las escaleras que conducen a la planta superior, todo ello a la izquierda. Lo demás, apenas si difiere.

¡Gran lugar para ver ponerse el sol y oír batir las olas, con ligera playa a nuestros pies, donde los pescadores acaban la tarde echando sus cañas como siglos atrás se echaba el fuego de las potentes baterías contra los invasores de este tesoro que resguarda a Setúbal y sus alrededores!

lunes, 11 de noviembre de 2013

Portinho da Arrábida. De las ruinas romanas de Creiro a la Lapa de Sta. Margarida, con el Forte de Sta. María al medio


Moisés Cayetano Rosado
Setúbal es todo un tesoro en patrimonio monumental eclesiástico y civil, así como en militar, donde sobresale el portentoso Forte de S. Filipe, que inaugura la Edad Moderna; no digamos la importancia de su oferta gastronómica autóctona, que en peces y mariscos no tiene rival.
Enfrente, al sur, Troia es un destino tentador por sus playas inmensas y por sus yacimientos romanos, que nos hablan de la importancia especial de las conservas y salazones de pescado, de hace más de dos mil años.
Al norte, Palmela parece un gran barco varado encima de la montaña que corona el espacio septentrional de la Serra da Arrábida: medieval, renacimiento y barroco se concentran en su recinto fortificado, formando un conjunto inigualable.
Y si caminamos al oeste, ¿qué decir de Sesimbra, apenas 20 kilómetros más allá, otra tentadora oferta de playa, montaña, fortalezas y gastronomía?
Al este, las marismas del río Sado se prestan a la aventura marinera de sus aguas tranquilas, donde reinan bandadas de flamencos y gaviotas.
Pero ahora quiero detenerme en ese espacio intermedio insinuado. En ese borde marítimo delimitado al sur por un mar generoso con pequeñas y medianas playas, semiescondidas por las elevaciones que enseguida las protegen, y al norte por ese paredón calcáreo, tan cubierto de exuberante vegetación que es la Serra da Arrábida, uno de los parques naturales más importantes de la Península ibérica.
E incluso quiero acotar aún más, pues podríamos perdernos en la Sierra, en su Convento franciscano -siglo XVI-, de Nossa Senhora da Arrábida, o en sus encantadores pueblecitos, no resistiendo la tentación de pasar por Azeitão, cuyo queso de oveja -con denominación de origen protegida a nivel europeo-, es uno de los más deliciosos que nos sean dando degustar.
Hablemos ahora -tras este extenso preámbulo- solamente de los alrededores de Portinho da Arrábida, pasado el fabuloso Forte de Santiago de Outão, del siglo XVII, así como las playas de Figueirinha y Galápagos, pero antes de la playa de Alpertuche y la de California, ya casi en Sesimbra.
Lo primero que se nos ofrece, al borde de la carretera sinuosa es la indicación para llegar a las ruinas romanas de Creiro, a pocas centenas de metros de esta vía que sigue las curvas de la costa.
Colocadas sobre un morro que parece precipitarse hacia el mar que está a sus pies, contemplamos un asombroso complejo industrial de producción de salazón de peces (sardina y caballa), de los siglos I al V d.C., con unidad fabril de numerosos y variados tanques de aristas en media caña (curvas) por cuestiones de higiene, balneario completo, cisterna, almacenes de planta rectangular y sistema de captación, canalización y almacenamiento de agua dulce.
En un espacio limitado, rodeado de abundantísima vegetación mediterránea de montaña, se nos ofrece toda una lección de las actividades industriales relacionadas con la salazón y almacenamiento de pescado por los romanos, con su complemento de asueto para los trabajadores: el balneario. La extraordinaria excavación y su conservación son admirables.
De ahí, un poco más adelante, pasamos al Forte de Santa María, pequeña fortaleza al borde del mar, construida a partir de 1670 y reforzada en 1798. Tras perder su función militar de protección a Portinho y al Convento de Arrábida, pasó en 1932 al destino de hostelería y restauración, que conservó hasta 1976.
Planta del Forte (recibida de Rosarinho Salgado Alves Gatto)
En la actualidad, el Forte alberga un pequeño Museu Oceanográfico, con un centro de biología marina. Las vistas desde su terraza, tanto al mar como a la sierra, son extraordinarias.
Y ya, por el mismo camino que desde la carretera inicial nos ha llevado al Forte, un poco antes, sale una senda descendente, escalonada -con unos 200 escalones-, que nos lleva de inmediato a la Lapa de Sta. Margarida, una inmensa gruta calcárea, que alberga una curiosa capilla del siglo XVII en su zona central, donde pueden reunirse hasta 500 personas.
La vista del mar, el choque de las olas, el piar de las gaviotas, desde el interior, nos ofrecen una imagen de luz y sonidos extraordinaria; ese interior, que semeja un gigantesco cuenco cerrado, con pasadizos laterales poco explorados, estalactitas goteando, gruesas columnas calizas que parecen sostener la amplia techumbre, el altar lleno aún de vírgenes, santos, flores, velas… -pues aún se siguen haciendo ritos religiosos en ella- nos coloca en una dimensión especial.
Belleza natural, religión, leyendas, magia, se mezclan en este increíble espacio, utilizado por marinos, pescadores y lugareños a lo largo de los siglos, como lugar de encuentro y de celebraciones, que -transformadas- se mantienen.

Salimos al exterior, al puerto de Portinho: ¡qué olor a pescado asado en sus casas y en sus restaurantes palafíticos! ¡Y qué olor, también a fragancia de bosque y de mar!