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jueves, 29 de marzo de 2018


GARCÍA DE RESENDE DE ÉVORA, IMPRESIONANTE “TEATRO A LA ITALIANA”
 
Moisés Cayetano Rosado
Junto a los de San Carlos y el Coliseo de Lisboa, el Teatro García de Resende de Évora es uno de los más representativos en Portugal de los “teatros a la italiana”: de escenario separado por el arco del proscenio de la sala, de espacio en forma de herradura, que cuenta con el patio de butacas -platea-  y anfiteatro de varios niveles independientes, con palcos; telas, telares, telón de fondo, camerinos, bambalinas, puente de amarre para manipular tiros y barras, con estructura de poleas, así como pequeñas salas “de recibir”, tras los palcos-camarotes de las clases adineradas.
Además, a este espectacular edificio, que lleva el nombre del poeta, periodista, músico, diseñador y arquitecto evorense que vivió entre 1470 y 1536, podemos considerarlo uno de los más espectaculares y mejor conservados en cuanto a integridad y autenticidad de Europa, equiparable al Scala de Milán. Únicamente ha sido transformada su fachada, originalmente de mármol rosa, adulterada en 1969 por granito, con cambio en ventanales y adornos.
El teatro fue inaugurado en 1892, tras iniciarse su construcción en 1881, bajo el patrocinio de su propietario, José María Ramalho Dinis Perdigão, a cuya muerte prosiguió el mecenazgo el doctor Francisco Eduardo Barahona Fragoso, casado con la viuda del anterior. La dirección de las obras estuvo a cargo del ingeniero Adriano de A.S. Monteiro.
La sala principal es una auténtica joya barroca. La enorme herradura que forma el espacio de los espectadores se distribuye en una platea de ligera inclinación hacia el escenario. Por encima, cuatro órdenes de frisas y camarotes: los dos primeros para la clase adinerada; la tercera, para la clase media (como la platea), y el “gallinero” para los más humildes. Entraban los dos primeros por la puerta principal y los últimos por dos puertas laterales.
El detallismo extraordinario del espacio resulta deslumbrante. Su magnífico escenario es, por detrás, todo un mundo de mecanismos ingeniosos (camerinos, tramoya complejísima, bambalinas, cuerdas, poleas, telones, telas… que dan la sensación de que nos encontremos en un gran navío trasatlántico de la Edad Moderna, de complejísimos mecanismos de precisión relojera, en que se incluye un espacio bajo la platea de aspecto tosco, de suelo térreo como por terminar, para favorecer la más correcta audición.
La  techumbre presenta un extraordinario fresco barroco de admirable belleza. La platea es un “festival” de butacas de madera noble con tapizado rojo (como el resto de asientos) y mantas dispuestas encima para abrigo de los espectadores, pues la temperatura de la sala se mantiene a un nivel bajo para su mejor conservación. Los anfiteatros presentan estancias separadas por pilares bien labrados, todo arquitravado, estucado y pintado con adornos geométricos y medallones figurativos.
Con todo, ¡cuánto maravilla pasear por el tras-escenario, con sus abundantes camerinos a tres niveles, con pasillo enrejado orientado hacia el escenario (lo que permite que a veces se utilice en las representaciones como si fuera una “corrala”!). Admirar el complejísimo “maderamen” para manejar los sucesivos decorados; una tramoya que nos hace soñar y “navegar” con sus grandes maderos importados de Brasil y sus conjuntos interminables de cuerdas, cordeles, ¡todo tipo de engranajes!
Y alrededor de esta enorme herradura: salitas, salas, salones de reuniones, de actuaciones para pequeñas representaciones, recepciones, actos paralelos, almacenaje (atesoran una magnífica colección de “Bonecos de Santo Aleixo, títeres tradicionales de Alentejo), etc.
Hoy, este teatro perteneciente a la Ruta Europea de Teatros Históricos, bajo la responsabilidad de la Câmara Muncipal, está regido por el Centro Dramático de Évora, que mantiene una dinámica programación de actividades teatrales y de todo tipo de actos culturales, así como visitas guiadas al alcance de quienes lo soliciten, contactando con dicho Centro. Un ejemplo para todos, y una evidencia de lo bien hecho que más de un municipio debería imitar… si aún mantiene un patrimonio cultural como éste sin arrollar, en medio de los afanes especulativos que en tantos municipios han acabado con su herencia histórica, artística y monumental.

viernes, 18 de septiembre de 2015

VIAJE A ESLOVENIA, CROACIA, BOSNIA Y HERZEGOVINA, LA EXYUGOSLAVIA OCCIDENTAL (I)

DE LA PENÍNSULA DE ISTRIA AL VERDOR RESPLANDECIENTE DE ESLOVENIA
Moisés Cayetano Rosado 
Cuando llegas al aeropuerto de Pula, en la occidental península croata de Istria, te sorprende el verdor de los campos, a pesar de haber pasado por ellos todo el quemante verano. Ese verdor nos acompañará por todo el espacio occidental de la antigua Yugoslavia, que hoy conforman los países independientes de Eslovenia (punta noroccidental), Croacia (formando un arco por el norte  y oeste, que deja arriba al anterior, y a oriente los territorios serbios, bosnios, herzegovinos y montenegrinos, de arriba abajo) y Bosnia y Herzegovina (en el centro occidental). Por ellos vamos a transitar y ofrecer su sugestiva presencia en 5 entregas.
Me llamó la atención la ciudad donde primero pernoctamos: Rijeka. Ciudad portuaria, encajada entre montes que corta el río Rjecina, dando lugar a una ciudad escalonada en laderas y majestuosa en las orillas de los canales que forma el cauce internándose en el mar. Buen porte en las edificaciones palaciegas con influencia del barroco y modernismo austríaco, vigilando el conjunto un portentoso y estratégico castillo roquero medieval.
De allí pasamos a Eslovenia. ¡Más verdor todavía! Mayor evidencia de lo que todo el conjunto es en cuanto a subsuelo: roca caliza, plegada y levantada por las fuerzas orogénicas, que dejan en su interior magníficas cuevas kársticas. Aquí tienen su máximo exponente en la de Postojnska Jama, al suroeste del país. Veintiún kilómetros de galerías, túneles y extraordinarias e inmensas salas, con todo tipo de estalactitas, estalagmitas, columnas, formaciones caprichosas, gigantescas… y un goteo constante de agua carbonatada que sigue formando el lento paisaje pétreo interior.
La inmensidad de la cavidad obliga a realizar un recorrido hasta su corazón en trenecito eléctrico, algo inusual en las visitas a cuevas de este tipo, que añade un elemento pintoresco a la visita y es una introducción a sus tesoros centrales, al tiempo que un “sobrecogedor viaje”: a veces parece que vamos a estrellarnos en sus estrechos pasadizos, ajustados a la anchura del tren, que en altura deja muy poco espacio entre el techo rocoso y nuestras cabezas.
Un breve traslado nos lleva hasta la capital del país: Ljubljana, a la que su río Ljubljanica también divide en dos mitades, formando un extraordinario meandro para rodear un respetable montículo en que se asienta el castillo que preside la ciudad, totalmente restaurado, roquero, esbelto, medieval como el anterior.
Ljubljana, que significa “amada”, se hace querer por la elegancia de su monumentalidad barroca y de art nouveau en sus edificaciones centrales, formando en su trama un arco -como el río- en el contorno occidental del castillo, a ambas orillas.
Generosa en puentes que comunican ambas lados del cauce, presenta un “paso triple” en la zona central de la población: tres puentes peatonales desde los que casi se puede uno dar la mano por encima de las balaustradas marmóreas con el paseante del contiguo. En la orilla izquierda dejamos la monumental Iglesia franciscana y a la izquierda tenemos la aún más portentosa catedral: magnífico derroche barroco arquitectónico, escultórico y frescos gigantescos, que se continúa en los palacios de sus alrededores, de calles amplias y plazoletas con esculturas conmemorativas en bronce y mármol.

Tras la visita, recorriendo los fantásticos valles orientales de Eslovenia, llegaremos a Zagreb, la capital de Croacia, otro regalo más para todos los sentidos.
Moisés Cayetano Rosado

viernes, 2 de enero de 2015

NUEVAS APORTACIONES: PORTA DO NÓ Y PORTA DOS NÓS EN VILA VIÇOSA
Dibujo del rey D. Luis
Terminamos 2014 con el tema (abierto) de  la Porta dos Nós y la Porta do Nó de Vila Viçosa y comenzamos 2015 con reflexiones sobre ello, también abiertas, sobre un tema curioso, interesante y grato en que, como siempre, se agradecen aportaciones…
Moisés Cayetano Rosado

Dentro del riquísimo patrimonio monumental de Vila Viçosa (que se proyecta candidatar a Patrimonio de la Humanidad), siempre hemos admirado la PORTA DOS NÓS (Puerta de los Nudos, de los entrelazados, cordones y ataduras). Magnífico ejemplar de estilo manuelino, del siglo XVI, que nos queda a la derecha conforme entramos en la población, procedentes de Borba (entrada lateral del Palacio Ducal). Representa el poder de la Casa de Bragança, en su extraordinaria robustez, con un espléndido nudo en lo alto y cuatro anillos/cordones laterales.
El rey D. Luis -artista consumado-  hizo en 1885 un notable dibujo de la misma, recreando lo que fue la divisa de D. Jaime I (1479-1532), 4º duque de Bragança, y que está presente en dicha puerta: Cordas com nós, como “Cuerpo de Divisa”, que en cuanto al “Alma de la Divisa” sería: Depois de Vós, Nós, en referencia al abolengo de la Casa de Bragança, siguiente en importancia tras la Casa Real reinante. Con ello, la palabra Nós queda encuadrada como “Nudos” (enlaces, uniones) y como “Nosotros” (la dinastía que iba a reinar tras la Guerra de Restauração).
Pero existe también una PORTA DO NÓ (Puerta del Nudo, de la ligazón, de la atadura), especie de arco triunfal construido en 1654 para sustituir a otra anterior más humilde, que había estado en la Cerca Nova (la muralla que rodeaba a la población extramuros de la medieval), y que en 1939 fue reinstalada casi enfrente de la anterior. Recibe este nombre porque se construyó para conmemorar la "liberación del yugo, del nudo, con España" a raíz de la Guerra de Restauração. Es una exaltación de don João IV, como tal liberador “del nudo opresor”, al tiempo que un homenaje a la Inmaculada Concepción como “Padroeira” de Portugal.
Precisamente en una inscripción situada a la izquierda del arco de medio punto que la conforma leemos el genitivo latino NODURUM acompañado de FATALIS: “de los lamentables nudos”, para de inmediato indicar: JOANNES IV NODO HESPERIAE LIBERAT: “João IV corta al nudo de España”. Y a la derecha del arco, el acusativo latino NODUM, antecedido de SOLVIT: “desató el nudo”, “libró de la atadura (del yugo)”. Una consciente insistencia en la tarea gloriosa de la “Restauração”.
Nudo, en definitiva, material, físico, iconográfico, en el primer caso (además de simbólico), y claramente alegórico en el segundo, de lo que mucho he hablado con mi buen amigo y gran conocedor de todo lo que a Vila Viçosa hace referencia, Luis Martins, que defiende para la primera puerta el nombre de PORTA DO NÓ (es verdad que tiene un solo nudo como tal) y para la segunda PORTA DOS NÓS (ataduras que se lograron deshacer).

Ambas puertas, en mármol de la zona, son dos magníficos ejemplares renacentista y barroco respectivamente, que representan un pórtico magnífico para una población que es todo historia, arte y monumentalidad. Visitar después su recinto medieval, su castillo artillado renacentista, sus tenazas de la Edad Moderna, su Palacio Ducal, múltiples iglesias, conventos, casonas señoriales, acueductos, campos frondosos de los alrededores, constituyen una experiencia que invita siempre a repetir.

domingo, 28 de diciembre de 2014

PORTA DO NÓ Y PORTA DOS NÓS EN VILA VIÇOSA

Dentro del riquísimo patrimonio monumental de Vila Viçosa, siempre hemos admirado la PORTA DOS NÓS (Puerta de los Nudos, de los entrelazados, cordones y ataduras). Magnífico ejemplar de estilo manuelino, del siglo XVI, que nos queda a la derecha conforme entramos en la población, procedentes de Borba (entrada lateral del Palacio Ducal). Representa el poder de la Casa de Bragança, en su extraordinaria robustez.
Pero existe también una PORTA DO NÓ (Puerta del Nudo), de mediados del siglo  XVII, que había estado en la Cerca Nova (la muralla que rodeaba a la población extramuros de la medieval), y que en 1939 fue reinstalada casi enfrente de la anterior. Recibe este nombre porque fue construida para conmemorar la "liberación del yugo, del nudo, con España" a raíz de la Guerra de Restauração. Es una exaltación de don João IV, como tal liberador “del nudo opresor”, y un homenaje a la Inmaculada Concepción como “Padroeira” de Portugal.
Vista de la fortificación medieval desde el cerro de São Bento, donde hubo un Fuerte
abaluartado que sería demolido en 1664 por el peligro para la población si era tomado por el enemigo.
Ambas puertas, en mármol de la zona, son dos magníficos ejemplares renacentista y barroco respectivamente, que representan un pórtico extraordinario para una población que es todo historia, arte y monumentalidad. Visitar después su recinto medieval, su castillo renacentista, sus tenazas de la Edad Moderna, su Palacio Ducal, múltiples iglesias, conventos, casonas señoriales, campos frondosos de los alrededores, constituyen una experiencia que invita siempre a repetir.

Moisés Cayetano Rosado
P.D.- Nuestro buen amigo Luis Martins -tan buen conocedor del patrimonio de Vila Viçosa-, que tanto me ha hablado de estas dos puertas, sostiene que las indicaciones están equivocadas, puesto que la llamada PORTA DOS NÓS tiene un único nudo, y en cambio en la llamada PORTA DO NÓ hay una leyenda a la izquierda, sobre el arco de medio punto, que indica: "HAEC EST FATALIS NODORUM PORTA", indicando por tanto en plural: "DE LOS NUDOS". Obrigado, Luis.

jueves, 4 de diciembre de 2014

NUEVA VISITA AL CASTILLO DE ALBURQUERQUE
Moisés Cayetano Rosado
Después de estar cerrado durante siete años, por unos proyectos quiméricos que pretendían llevar una Hospedería, alterando la fisionomía, la integridad y la autenticidad del monumento, hace un año que podemos volver a disfrutar del Castillo de Alburquerque.
Esta espectacular fortificación roquera sería levantada fundamentalmente en el siglo XV, tras haber sido disputado el lugar por cristianos y musulmanes en la Edad Media, pasando a la Orden de Santiago, cuyo Maestre, don Álvaro de Luna lo reformó, amplió y mandó construir la enorme Torre del Homenaje en 1445, visible a varias decenas de kilómetros a la redonda.
Su sucesor, don Beltrán de la Cueva, continuó la adecuación de las instalaciones, que se completan entre 1465 y 1472, dotándola de unas espléndidas murallas exteriores, con altura media de 10 metros. Hoy día, recorrer su adarve es todo un espectáculo, que nos regala la visión extraordinaria de la Sierra de San Pedro al medio y los extensos valles del norte y sur, de Extremadura y Alentejo.
La entrada al castillo ha de hacerse con guía, estando establecido en la actualidad un horario de turnos: a las 11,00 h., 12’00 y 13’00 por la mañana, y a las 16’00 y 17’00 horas por las tardes, menos los lunes. Dichas visitas son gratuitas, caso poco frecuente en este tipo de monumentos, en que no se nos libra de al menos 5 o 6 euros por persona. Tal vez sería conveniente ponerle algún precio, pues ya se sabe que “no se valora lo que no se paga” y todos hemos de contribuir a la conservación de lo que se disfruta, aparte de que la profesionalidad de quienes nos conducen es más que aceptable.
Además de la belleza de la Torre del Homenaje, con sus cinco pisos, es una grata experiencia el propio acceso a través de la Torre de las Cinco Puntas y el puente que las comunica, así como el recorrido perimetral por la Plaza de Armas y la Iglesia románica tardía de Santa María del Castillo, que allí se encuentra.
Desde lo alto de los paseos de ronda, mirando hacia la población, las vistas al caserío nos permiten contemplar la belleza del estilo constructivo rural medieval y sus expansiones posteriores, con las cubiertas de teja roja y el encalado de fachadas. También se observa desde allí la línea de defensa en forma de “redientes” levantada por los portugueses durante su ocupación en la Guerra de Sucesión española, a principios del siglo XVIII: el único vestigio de “fortificación abaluartada” efectuado en Alburquerque, y que aquel “sueño” de Hospedería alteró abriendo ventanales que simulan aspilleras y puertas en muros cuyo sentido histórico es de defensa cerrada.

Inmediatamente que salimos del castillo, nos encontramos con la Iglesia de Santa María del Mercado, gótica, de los siglos XIII y XIV, con añadidos barrocos del siglo XVIII. Monumento muy digno de visitar con detención, donde también efectúan un recorrido explicado por personal propio. En uno de sus laterales, hacia el Barrio de Villa Adentro, se conservan varias tumbas antropomorfas en roca viva.
Y ya en este barrio medieval, también llamado “de la Teta Negra”, disfrutamos de un callejero quebrado, adaptado a las curvas de nivel del montículo del castillo, con buen número de casas que conservan sus puertas de entrada ojivales, de granito. Barrio Judío hasta su expulsión a finales del siglo XV, que protege en buena parte la muralla medieval recogiéndolo, con dos magníficas puertas de entrada: la de Valencia, flanqueada por dos torreones cilíndricos de 13 metros de altura, y la Puerta de la Villa, por donde salimos a la plaza principal de la población.
En esta plaza podemos tomar -de entre las múltiples ofertas de bares y restaurantes de la zona- alguna copa y tapa en la antigua Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, construcción barroca del siglo XVIII, convertida en discreta, agradable cafetería.

Alburquerque da, desde luego, para mucho más, pero en este breve recorrido motivado por la visita al castillo, no estará demás acercarnos  a unos abrigos rupestres que hay lindantes con las piscinas municipales, donde podremos contemplar diversas pinturas esquemáticas en la roca, que fueron declaradas Monumento Nacional en 1942, y que datan de la Edad de Bronce. Lugar, por cierto, desde donde las vistas del castillo y sus altivas torres son fantásticas, y nos confirman lo que ya sabíamos: que el de Alburquerque es uno de los castillos roqueros más grandiosos y admirables que podemos contemplar.

lunes, 28 de octubre de 2013

ARTE RELIGIOSO EN EL INICIO DEL CAMINO DE SANTIAGO (I)
 
Moisés Cayetano Rosado
El Camino de Santiago es un tesoro natural y artístico de orden monumental. Los paisajes montañosos de los Pirineos y el norte de la Península ibérica constituyen un recreo extraordinario para todos los sentidos; el arte derramado por campos, pueblos y ciudades -arquitectónico, escultórico, pictórico…-, un tesoro difícil de igualar. No en vano la UNESCO declaró al Camino Patrimonio de la Humanidad en 1993, reafirmando al francés en 1998.
Y en el sur de Francia, al borde de los Pirineos, comenzamos un breve recorrido por el inicio del Camino de Santiago. En Saint-Jean-de-Port, poco más debajo de donde confluyen las tres grandes vías de peregrinaje, de Tours, Puy y Vézelay.
Iglesia de Notre-Dame, de St. Jean-Pied-de-Port
Me impresionan su cerca medieval, sus refuerzos artillados, la ciudadela del siglo XVII; pero como ahora vamos mirando el arte religioso, hemos de apuntar su Iglesia de Notre-Dame, al lado del puente que da acceso al barrio extramuros de los españoles. ¡Magnífica iglesia y magníficas vidrieras que alumbran la penumbra de un interior gótico triunfal! El mensaje de las vidrieras acompasa el contenido con su luminosidad, como un guiño de cercanía a lo divino.
Iglesia Sta. Mª la Real. Sangüesa (Navarra)
Pasando Roncesvalles, resulta difícil la elección de paisajes y lugares. ¡Ah!, esos templos románicos, rematados en empinados góticos, como la Iglesia de Santa María la Real, de Sangüesa, con sus tres ábsides que la abrazan por detrás, su magnífica portada mostrando el Juicio Final y el triunfo de Cristo, su torre que parece la del Homenaje de un castillo, con remate en pirámide afilada…
Y tantas veces, a su lado, los claustros airosos, impresionantes en su sosiego, sus arcadas sobrias en unas ocasiones y recargadas de puntillas de piedras en otras, desde el románico austero al gótico florido, con remates a veces del Renacimiento y Manierismo.
Claustro del Monasterio de Irache. Ayegui (Navarra)
Se me queda grabado el del Monasterio de Irache, en Ayegui, sencillo en sus arcadas apuntadas, apoyadas en pilares octogonales, con resaltados contrafuertes  y  sobreclaustro manierista. No es el más espectacular, pero su placidez, el ligero abandono de sus instalaciones, que recorremos al detalle en las partes incluso no ofrecidas al público, nos llaman especialmente la atención.
Y al lado, Estella, todo un derroche urbano de belleza, acentuado en sus iglesias, entre las que es difícil escoger. Pero me quedo con el tímpano de la portada de la del Santo Sepulcro, llena de movimiento en sus escenas. Abajo, se representa la Última Cena, donde no falta detalle ni en los gestos significativos de los trece personajes, ni en las comidas sobre el mantel o los pliegues de éste, que caen entre fruncidos espectaculares, dejando no obstante ver los pies de todos los comensales; al medio, la Resurrección de Cristo y su Descenso a los Infiernos, magistral puesta en escena del milagro divino y el terror de las condenas; arriba, curiosa Crucifixión, algo más arcaizante, jerárquica en la presentación de personajes, con los dos ladrones pequeñitos a ambos lados y Cristo al medio, martirizado por sayones y asistido por la Virgen y San Juan.
Tímpano Iglesia Santo Sepulcro. Estella (Navarra)
¡Cómo se les mostraría, cómo se explicaría todo este conjunto doloroso y a la vez triunfal a los fervientes peregrinos, con esa advertencia fatal de las entrañas del infierno!  No falta ni un detalle para sobrecogerse: unos de miedo y otros, ahora, de admiración ante una obra tan completa. Ese modelo de portadas, de tímpanos, nos irá acompañando en todo lo largo del Camino.
Retablo gótico de Santo Tomás. 1507. Catedral de Pamplona
Acaso, tras este sobresalto, habría que encaminarse hacia Pamplona, y visitar su portentosa catedral, de la que quiero recordar, puntualmente, entre sus muchas joyas -inabarcables por su enorme grandeza-, el retablo gótico de Santo Tomás. Toda una filigrana de molduras, con el Santo y Cristo -paciente ante su incredulidad- en el centro, en tallas hermosísimas, con su alarde de pliegues dorados de los mantos. Y rodeándolo, las tablas historiadas, resumida al completo -de principio a fin- su vida y su mensaje.
Desde ese borde sur francés hasta Navarra, nos habremos asomado brevemente a un ápice de su tesoro artístico, para probar lo que, acercándonos, constituye un derroche de arte y de creatividad que merece ver y volver una vez y otra sobre él. ¡Ánimo y a descubrir lo que aquí únicamente se señala!



sábado, 5 de octubre de 2013

CASTILLO DE OLITE: EL ANSIA POR TENER DE TODO
Moisés Cayetano Rosado
En todas las guías turísticas le suelen dar la máxima calificación, y los visitantes a veces son grupos nutridos que se entremezclan y dificultan el deambular: masas entusiasmadas que suben y bajan escaleras y se asoman a los múltiples miradores con la alegría de los niños.
Es el Castillo de Olite, en Navarra, y más en concreto el Palacio Nuevo (pues el Viejo es el actual Parador y al medio quedan las ruinas de la Capilla de San Jorge).
Construido entre los años 1402 y 1424, comprende un conjunto de estancias variadas, pasadizos, jardines y fosos, rodeados de altas murallas, con torres de todo tipo, rematadas en conos invertidos, almenas, finas garitas cilíndricas, mirador también cilíndrico de espectacular anchura, terrazas… Promovido por Carlos III “el Noble”, fue en su día uno de los más lujosos de Europa, aunque -con la conquista de Navarra por Castilla en 1512- sufrió un proceso de abandono y deterioro, que se remató en 1813, al ser incendiado durante la Guerra de la Independencia. Sería en 1923 cuando la Diputación Foral se hizo cargo de él, procediéndose a su restauración.
Vista parcial exterior
Y ahí lo tenemos hoy, salvado de la ruina, muy retocado en sus múltiples elementos y celebrado por todos como una de los mayores atractivos de una tierra que los tiene más que sobrados en su magnífico patrimonio artístico-monumental, aparte del natural y humano.
Sin embargo, a mí no me acaba de agradar. Lo he visitado en medio del disfrute del legado navarro eclesiástico, militar y civil -románico, gótico, renacentista, manierista, barroco, neoclásico…- y me resulta excesivamente recargado de elementos volumétricos. Una especie de conjunto pretencioso, donde la soberbia, la riqueza y el capricho se conjugan para aparecer como la obra suma de todas las artes constructivas. Y entonces, tanta ostentación y mezcla, tanta obsesión por ser “incomparable”, me resulta incluso empalagosa.
Claro que quien conozca mi gusto por el románico y el gótico cisterciense, seguro que encuentra en ello suficiente aclaración. Pero también me rindo ante la belleza del gótico clásico, incluso del final, tan recargado. Y, sin duda, ante el plateresco, el manuelino, el manierista, el barroco, sin olvidar el renacentista y neoclásico y otras manifestaciones posteriores (¡y anteriores, claro!).
Vista parcial interior
Otra vista parcial interior
Pero creo que hay una diferencia absoluta entre lo que es la justa creación de una obra de arte que tiene “cuerpo y alma” y lo que podría ser una obra constructiva corpóreamente impresionante, pero carente del soplo indefinible de lo que nos conmueve.

Sí, la gente estaba muy gozosa y parlanchina asomada en los múltiples ventanales y terrazas del Palacio Real de Olite, pero yo me quedo con las iglesitas y los pueblos armónicos, sencillos, primorosos, de los alrededores.