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sábado, 3 de octubre de 2026

 AZAGALA  Y FRANCIS NEGRETE

Moisés Cayetano Rosado

Me he pasado buena parte de esta tarde de primer sábado de agosto leyendo dos revistas que “teóricamente” tienen un alcance desigual: PÚBLICO, “de alcance nacional”, editada en Madrid, y contenido claramente reivindicativo, y AZAGALA, “de alcance local”, editada en Alburquerque, y contenido multifacético abierto al mundo.

Pues no, eso del “alcance” está claramente equivocado. El alcance nacional, o local, o general, se lo da el contenido, la capacidad de su director, consejo de redacción y colaboradores, para saber trascender, elevarse desde lo mínimo a lo mayor, desde “la patria chica” a la “patria universal”. Y si PÚBLICO lo consigue con sus abordajes reflexivos y militantes, AZAGALA lo realiza con la visión trascendente de la mayoría de sus entregas, entrañables, cálidas, serenas y que apuestan por la vida, los recuerdos y la proyección en el futuro.

Me entran deseos de ir nombrando a cada uno de sus colaboradores habituales (entre los que me encuentro, por generosa decisión de su dirección y consejeros), pero  no quiero hacer “pesada” mi reseña, aunque no me resisto -una vez más- a nombrar a Francis Negrete, que se prodiga siempre con varias colaboraciones (¡a ello se une su trabajo de dirección, maquetación, difusión, etc.!).

Francis es un gran “evocador”. Y a mí, con el paso de los años, cada vez me atraen más los escrito evocatorios, sobre todo los que hacen referencia al “paraíso perdido”, los doblados de las casas antiguas, los pasillos tan largos poblados de familias entrañables, abuelas y madres que cuentan historias increíbles, cantan romanzas, traen al oído misterios temblorosos…; cuartos repletos de tebeos para leer en grupo, para intercambiar; calles pobladas de vecinos, sin movimiento de motos y coches peligrosos; charcas en ríos de los alrededores para bañarse en las tardes calurosas del verano; descampados donde corretea y entabla épicas batallas la chiquillería; padres, hermanos, amigos, compañeros, con los que se bebe la alegría de vivir… Algo que se pierde día a día,  pues hemos abandonado los doblados, las colecciones de tebeos; las calles apacibles de sillas en las puertas en noches de calor; las historias narradas por nuestros mayores, con paciencia y cariño; las charcas de los ríos, que ahora son pedregales, como las fuentes de las orillas de caminos; los familiares, amigos, compañeros, vecinos, que se nos van muriendo…

En este número en concreto, aparte de crónicas de acontecimientos vividos en el pueblo e inevitables necrológicas, reseñadas con un profundo sentimiento, nos trae una impagable crónica de “Aquellos baños en Carrión”, que me recuerdan los baños en la ribera Troya de mi pueblo, llenos de vida y de jolgorio: ya no hay agua ni críos que busquen rincones de este tipo. Otra sobre “Emilio ‘Tronera’”, así como “Daniel ‘El Macareno’”, desbordantes de humanidad, nostalgia y reconocimiento a personajes buenos, que facilitan la vida a los demás. Sus impagables “Cartas a Manolín”, evocadoras de su hermano, de sus hermanos y familiares fallecidos, que nos llenan siempre de emoción, y que en esta ocasión tratan de un tema que se me había olvidado y ahora lo revivo como si fuera “cuando entonces”, hace más de sesenta y cinco años en mi vida: el inquietante, terrorífico relato de ese personaje de ultramundo que se nos va acercando a la casa, a la cama, pero que termina siempre en risas del familiar mayor que nos lo cuenta, y donde introduce una reflexión sobre “el miedo a los muertos”, a nuestros propios muertos, que todos hemos vergonzosa e inexplicablemente sentido.

Y este amante del cine evoca en otro de los artículos al actor Paco Rabal, al que entrevistó en Alburquerque, donde rodó la extraordinaria película “Los santos inocentes”, interpretando a Azarías, “el personaje de su vida”, como decía el inolvidable actor. Y como viajero, como incansable viajero y amante de Portugal, en compañía de Eli -su compañera de vida, fatigas y alegrías-, se adentra en lo recóndito de una ciudad querida, Setúbal, donde se encuentra con otro de sus “placeres”: la sencilla y buena mesa, en este caso en el restaurante “Villa Paviane”, donde hacen amistad con su propietaria, la brasileña Géssica.

Un lujo leerlo, adentrarse en ese mundo poliédrico, rico en matices, bien expresado y documentado. Incansable en su creatividad y volcánico en la exteriorización del mundo íntimo y sentido.

¡Larga vida a AZAGALA! Y que Francis pueda seguir, con tanta ilusión y acierto, dirigiéndola, maquetándola, gestionándola, llenándola de contenido propio y de los que, en la medida que podemos, colaboramos en el proyecto.

miércoles, 11 de febrero de 2026

 LA GIGANTESCA APORTACIÓN DE CARTAS A MANOLÍN

Moisés Cayetano Rosado

Lo he dicho muchas veces y no me cansaré de repetirlo: leo con fruición, con deleite y aprovechamiento formativo cada número impreso de la Revista AZAGALA, empeño fructífero del Colectivo Cultural Tres Castillos, que preside con tanto acierto José Manuel Leal, y cuyo consejo de redacción lo integran magníficos amigos, amantes de la cultura, el bien social y probado amor por Alburquerque, lanzado a lo universal. Su director, Francis Negrete, es el alma de cada uno de los números, cuidando con un mimo extremo cada paso de su producción, desde la recepción de originales, la redacción de gran parte de su contenido, la maquetación de cada entrega y su distribución.

Pero ahora he de confesar un aspecto crucial, que también he nombrado alguna vez de pasada: en cuanto tengo la Revista en las manos me voy de inmediato a una sección escrita por Francis desde que ocurrió el fatal desenlace que le ha llevado a incluir este apartado fijo: la muerte de su hermano Manolín.

Muy pocas veces tendrá uno la oportunidad de leer algo tan sublime, nostálgico, evocativo, forjado con una prosa impecable, de extraordinaria belleza y desgarrado contenido. La evocación de la niñez perdida, de la cercanía física evaporada por las terribles circunstancias de la muerte, muerte acompañada de la de su otro hermano, Fernan, tan trágica, y la de sus padres, traída a la memoria en los instantes felices de la inocencia, las travesuras infantiles, la casa ahora abandonada, la vecindad alegre y solidaria, la calle con sus juegos, los desvanes misteriosos, los tebeos, las recordadas películas a la que tan aficionados eran, “herencia” de su padre, las bromas compartidas, las risas, los sueños, los ensueños, las periódicas celebraciones, tan sencillas y a la vez tan grandiosas… El reconocimiento de que todo ya ha pasado y no volverá nunca: los tiempos de candor, la férrea unión de la familia, la cercanía emocional y física, la añoranza de días felices. El “paraíso perdido”, como Francis dice, el ¡paraíso original! que se nos escapó desde el principio de los tiempos, en el poema de John Milton…

¿Quién no tiene -como nuestro querido director- esos puñales, que se van clavando en nuestro corazón cada vez de forma más profunda, a medida que perdemos la presencia de los fueron, más que cercanía, parte de nosotros mismos? Aunque en el caso de Francis la herida ha sido de lo más cruel, de lo más prematuro, de lo más inesperado. Pero él ha sabido, sabe en cada entrega, sublimar el dolor, ofrecernos un testimonio impagable, hacernos partícipes del homenaje que ello supone para lo que fue y sigue siendo presencia imborrable. Por eso, el consuelo  está en los versos, que en esta última entrega reproduce, del poeta William Wordsworth en “Oda a la inmortalidad”, magníficamente expresados en la película que Francis evoca, “Esplendor en la hierba”: “aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba/ de la gloria en las flores, no hay que afligirse/ porque la belleza siempre perdura en la memoria”.

Y así es en estas “Cartas a Manolín”, que espero un día sean recopiladas en un libro, con el que todos nos sentiremos identificados y gratificados en el humano dolor y la belleza del recuerdo que antes o después, con más o menos fuerza, nos acompaña. Francis, con estas cartas nos lleva a la felicidad de lo sencillo, lo familiar, la auténtica felicidad de lo "no contaminado", lo puro, lo entrañable; la compartida cotidianidad de los parientes cercanos, los vecinos, los amigos, el auténtico bienestar de la vida placentera salpicada de anécdotas inocentes, travesuras de niños, complacencias de mayores bien avenidos. ¡Pura poesía, canto a la grandeza despojada de alaracas! Grandeza -narrada desde la pérdida irreparable- de lo humilde y cercano, que es donde está la auténtica grandeza.

lunes, 17 de noviembre de 2025

 REVISTA AZAGALA. Por sí, para Alburquerque y para la generalidad.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

Dijo Blas Infante de su tierra: Andalucía por sí, para España y para la Humanidad. Y así figura en el escudo de esta Comunidad, que de esta forma se reafirma en el sentido universal de la identidad regional. Porque lo local se proyecta en lo general, si se hace con sabiduría, con trascendencia, con seriedad, con identificación de las señas propias extrapolables a las del entorno.

Y evoco esto, que tantas veces he pensado, al recoger de mi buzón de correos la Revista AZAGALA. “Revista independiente de información y cultura”, como expresa en su portada, que edita el inquieto, riguroso y reivindicativo “Colectivo Cultural Tres Castillos”, de Alburquerque, bajo la presidencia de José Manuel Leal Cordero y dirección de Francisco José Negrete, asistidos por un entusiasta consejo de redacción, y entre cuyos colaboradores figuro por generosidad de sus responsables.

Efectivamente, AZAGALA sabe proyectarse desde lo local a lo universal, desde lo cercano hasta lo general. Logra colocar las temáticas que trata en la esfera del gusto de cualquiera, pues responde a intereses cercanos que atañen a los del lector, al adentrarse en sus páginas, desde cualquier rincón por más alejado que esté de Alburquerque, donde se “cuece y genera”.

Las andanzas políticas locales, regionales, de actualidad que se comentan son de aquí, de allá, de cualquier parte en su esencia. La historia que expone, descubre y redescubre, con sus luces y sombras, sus venturas y tragedias (entre las que se insiste acertadamente en la Guerra Civil española de 1936-39 y sus secuelas) puede equipararse con la más lejana en el espacio y el tiempo al saberlas narrar. Las evocaciones de los que se fueron, de los que se van de nuestro lado, son de una extraordinaria sensibilidad, tocando la fibra sensible de todos los lectores.

Tantas inquietudes, reivindicaciones sobre el legado histórico-patrimonial. Esas notas literarias, sabias, acertadas, delicadas, rotundas. Los toques evocativos de la cultura popular, de la gastronomía de otros tiempos, ligando con las actuales en su calidad, no pasando ni unas ni otras desapercibidas. Las notas esotéricas, tan presentes en todos nuestros pueblos de acá y de acullá. Las fiestas, los festivales, que tanto nos atraen en cualquier parte, de cualquier parte, ejemplificadas sabiamente en los de Alburquerque. Las notas de belleza en los personajes infantiles, juveniles. La buena presencia fotográfica. Las visitas, viajes que descubren un entorno más o menos cercano...

Sí, con razón hemos de decir, emulando al “Padre de la Patria Andaluza”: Revista AZAGALA por sí, para Alburquerque y para la generalidad.

Y así, una vez y otra, al recoger en mi buzón seis veces al año (¿o son más?) la Revista impresa. Y también, cómo no, al recrearme en el regalo cotidiano de su profusa edición digital, a través de su muy bien cuidada página web (http://www.revistaazagala.org/) y las redes sociales, en que se prodiga. ¡Larga vida a AZAGALA!

jueves, 26 de diciembre de 2024

 REVISTA AZAGALA: UN EJEMPLO DE CALIDEZ Y CALIDAD

Recibo en este comienzo de invierno el último número del año, el 149, de la Revista AZAGALA, que edita el Colectivo Cultural “Tres Castillos”, de Alburquerque, dirigida con incansable perseverancia por Francis Negrete. Y tengo que preguntarme, como nuestro gran poeta Jesús Delgado Valhondo, al titular uno de sus memorables libros: ¿Dónde ponemos los asombros?

Sí, dónde ponemos, en dónde pongo mis asombros, pues cada vez que cae en mis manos AZAGALA siento su calidad y su calidez como un enigma. Porque, ¿cómo consigue ese admirable Consejo de Redacción que dirige Negrete mantener semejante ejemplaridad de lo que debe ser una publicación periódica, digna, aprovechable, instructiva, entretenida y emotiva? ¡Bien orgulloso debe estar el presidente del Colectivo “Tres Castillos”, José Manuel Leal, por editar semejante publicación, que además tiene una versión digital que no le va a la zaga!

Aquí, además de una información local aguda, comprometida y defensora del progreso de la población, vigilante de su gobierno y gobernabilidad, exaltadora de sus valores sociales, encontramos los más variados “regalos” culturales, patrimoniales, históricos, literarios, vivenciales, que se abren a un entorno mayor, hasta darle a la publicación valor universal.

Relacionar sus distintos apartados y colaboradores se haría excesivamente extenso, pues cada uno merecería una detallada reflexión, si bien no puedo dejar de manifestar mi emoción al recordar la nostálgica sección del propio Francis Negrete, que bajo el sobretítulo genérico de “Cartas a Manolín” dedica a su hermano fallecido el pasado año. ¡Magnífica elegía extrapolable en homenaje a todos nuestros muertos! Sublima el dolor de una manera sencilla y “fieramente humana” -como escribía el extraordinario poeta Blas de Otero-, dándole a la fraternidad un sentido profundamente conmovedor.

 Invito fervientemente a todos a adentrarse en la revista, a “comulgar” con ella, haciéndose con esta publicación periódica que no tiene desperdicio y que hace honor a lo que indica en su “subtítulo”: revista independiente de información y cultura. Así que, a partir de 2025, ¡engrosen el número de lectores y de suscriptores, que no se sentirán decepcionados!

MOISÉS CAYETANO ROSADO

viernes, 26 de julio de 2024

 LA REVISTA “AZAGALA” NOS REFRESCA EL VERANO

Abro el buzón de cartas de mi casa en Badajoz y recojo, como una brisa de aire fresco en medio del tórrido verano, la revista AZAGALA, de julio de 2024.

Confieso que, como en las entregas anteriores, busco de inmediato la sección “Cartas a Manolín”, de nuestro compañero director y “Combatiente” Francis Negrete. Emociona hasta las lágrimas su enorme torrente de fraternidad, de esa fraternidad herida por la muerte temprana de su hermano, de sus hermanos. Por la pérdida irreparable de las más puras raíces que conforman la vida profunda y entrañable trenzada en la niñez.

Francis vierte su humanidad en una prosa hermosa, hermosísima, tierna y desgarrada, que es un homenaje a esos seres tan queridos que han dejado su presencia física para siempre, pero que están presentes en el espíritu del que queda y lo cuenta en una valiente confesión, en una elegía de imponente valor humano y alta calidad literaria, que le sirve de bálsamo, que poco a poco cicatrizará una herida tan profunda.

Y la revista es esto -que ya de por sí la encumbra en lo más alto de la comunicación entre personas- y tantas cosas más que la hacen singular, ejemplar como pocas:

- Sus noticias locales con sabor universal, por el sabio tratamiento de lo cercano, que sirve de ejemplo comparativo para cualquiera.

- Su reivindicación de sucesos históricos ejemplares.

- Su capacidad para sacar del olvido hechos antropológicos, etnográficos, sociales, culturales… de alto interés.

- Su valentía en encarar los hechos políticos con energía.

- La incorporación de colaboraciones de amigos de “otras geografías”, entre los que me encuentro, y entre los que destaco un “nuevo fichaje de alto voltaje”: el compañero de aventuras, viajes y asociación “Combatiente” Antonio Maqueda Flores, que nos regala en esta ocasión con un emotivo homenaje de “recordatorios” a Francis.

Porque estoy enfrascado por estos días en un libro sobre luchas campesinas, “hambre de tierras” y reformas agrarias, me interesa de manera especial una entrega de José Narciso Robles Orantos sobre los baldíos de Alburquerque. Hay que seguir escribiendo sobre este tema tan crucial para la población, para la historia social de Extremadura, para la historia del movimiento obrero. Hace bien el maquetador del artículo en ilustrar el trabajo con una pintura de Adelardo Covarsí sobre la entrega de los baldíos hecha efectiva en 1432 por don Enrique de Aragón, y con un recorte de prensa en el que se da cuenta de que “la recuperación de los Baldíos se aprobó con Emilio Martín”, alcalde de Alburquerque cuando la Junta de Extremadura realizó la ocupación legal, iniciada por decreto expropiatorio 119/1992 de 3 de noviembre.

Alguna vez habrá que volver a ello y reivindicar las figuras del equipo municipal que inició el proceso a mediados de los años ochenta del siglo pasado, formado por el Partido Comunista. Mucho he hablado del tema con el que entonces era primer teniente de alcalde, el compañero Esteban Santos Sancho, y el que entonces representaba a dicho partido en la población, el también compañero Gabriel Montesinos Gómez, de nuestro entrañable y dinámico grupo de “Combatientes”.

Refresquémonos, por tanto, con esta revista local, comarcal, ¡general! de alta calidad. Y compartamos el dolor y el amor que a manos llenas hay en ella.

Moisés Cayetano Rosado



jueves, 4 de abril de 2024

 SUBLIME DESPEDIDA

Leo -como siempre, con agrado- esa revista cálida y de calidad que es AZAGALA, publicación local de Alburquerque, que trasciende con acierto a lo universal, porque se tratan con sabiduría los temas cercanos para proyectarlos a la generalidad.

Su director, Francis Negrete, siempre “escarba” en mis escritos y me hace el honor de sacar alguna cosa con la que contribuyo humildemente a la tarea de ese grupo de redacción entusiasta.

Pero hay que reconocer que Francis despunta por su labor, su trabajo incansable, y sus escritos llenos de humanidad, sentimiento profundo y cariño hacia el entorno y su gente, valiente en la denuncia y cariñoso en la amistad, muchas veces haciendo una glosa en las irremediables despedidas definitivas.

Esta vez, en el número que me llega de marzo de 2024 (nº 143), entre otros trabajos que se leen como un bálsamo en medio de las agitaciones cotidianas, este infatigable director tiene la suficiente capacidad de superación de su propia angustia para escribir un par de páginas que se leen con el alma en la mano. Se trata de “La alegría de Manolín”, un recuerdo palpitante de su hermano mayor, muerto recientemente tras sucumbir a la maldición del cáncer contra el que llevaba varios años luchando.



Pocas veces podrá uno leer algo tan sublime, un homenaje tan hermoso, una declaración de amor fraternal tan emotiva. ¡Cómo se pueden expresar sentimientos tan profundos con palabras! ¡Cómo se nos puede hacer partícipes de algo tan desgarrador con esa serenidad que profundiza en lo mejor del alma humana!

Leed, leed con atención lo que constituye un testimonio escrito desde lo más profundo, con una prosa limpia, sincera y, a pesar de lo triste, de lo trágico e irreparable, llena de una gran hermosura.

Moisés Cayetano Rosado

martes, 1 de marzo de 2022

 EL DOLOROSO FIN DEL OLVIDO 


Autor:
Luis González Soto.

Edita: Diputación de Badajoz, 2009. 172 págs.

Aunque han pasado más de una docena de años desde su publicación (su divulgación no se hizo efectiva hasta seis años después, por desavenencias con el alcalde de Alburquerque, Ángel Vadillo), quiero reseñar este libro impactante, que no debe caer en el olvido. Libro que ya desde el título nos previene contra ello: El fin del olvido, porque hay que rememorar lo que merece tener presente para ser conscientes de nuestra fragilidad, nuestro posible envilecimiento, y la necesidad de prevenirnos contra ello. Libro testimonial, pero a la vez obra delicadamente escrita, de una prosa sencilla y narración bien tramada. Su autor, Luis González Soto, fallecía -nonagenario- en noviembre de 2021, por lo que esta reseña ha de ser un homenaje a su memoria.

Al respecto, recuerdo que el 19 de noviembre de 1971 compré en la Librería “El Drugstore” de Barcelona un poemario que me acompañaría siempre desde aquellos 19 años de edad y que ahora vuelvo a repasar: “Poesía, 1956-1970”, de Eladio Cabañero, un perdedor de la infame “Guerra”, un perdedor siempre de la vida acomodada. Me acuerdo de la fecha porque conservo casualmente el ticket de compra, como “señalador de página”.

Por ese tiempo frecuentaba el Hogar Extremeño de Barcelona, y allí conocí a personajes singulares de los que siempre he guardado un señalado recuerdo. Entre ellos, entrañablemente, siempre he tenido presente a uno de los miembros de su Junta Directiva, a Luis González Soto, con el que departí con frecuencia de poesía e incluso compartiría un premio poético del Hogar en 1972.

Hombre agradable, educado, cortés, siempre sonriente y de una elegancia natural que me estimulaba. Después, no he vuelto a coincidir con él, aunque por amigos comunes tuve cierta relación, en especial porque ambos colaboramos en la Revista “Azagala”, de Alburquerque, su pueblo natal. Mucho me hablaban de su vida Francis Negrete, el director de la Revista, y Esteban Sancho, uno de sus integrantes del Consejo de Redacción.

Y ocurre que, cuando ya no puedo intercambiar comentarios con Luis, Esteban me entrega un ejemplar de su libro autobiográfico El fin del olvido, poniéndome previamente un poco al día de su traumática experiencia en la Guerra Civil, que se le atravesó de niño, marcándolo de forma trágica.

Leyendo el libro he vuelto a recordar unos versos memorables de aquel poemario entrañable de Eladio Cabañero, de edad similar a Luis e igualmente golpeado por la sinrazón:

Y el campo, ¿cómo era

antes de que aquel cielo, aquellos hombres,

se fueran a la guerra para no volver nunca?

[…   …   …   …   …   …   …   …   …   …   …   …]

Eran caras alegres como nunca haya visto.

Era antes de la guerra y yo tenía

de cuatro a cinco años.

Muchos ya no volvieron.

Algunos no volvieron a echar hato los lunes

para irse de semana, de vendimia.

El cielo no volvió ni fue tan claro.

La gente se hizo dura,

y a los niños dejaron de querernos.

Y nosotros, mis primos, mis amigos,

no volvimos tampoco de la guerra.

 

En El fin del olvido, Luis González Soto escribe una hermosa y desgarradora frase (podría haberla firmado el mismo Eladio Cabañero) que es el centro neurálgico de todo el libro, un libro que a medida que pasan las páginas se vuelve más desgarrador y trágico, y que en este párrafo de tintes poéticos marca un límite entre lo informativo que antecede y lo emotivo que sucede a continuación:

Muchos años después me daría cuenta de que lo que nos estaba ocurriendo en aquellos momentos de inseguridad y de miedo era que nos enfrentábamos a un fenómeno social desconocido para nosotros: la guerra. Con ella terminaba una época feliz, las excursiones a Panda en compañía de mi abuelo, el sencillo placer de merendar pan de centeno regado con aceite de oliva, el chocolate de las visitas de mi madre, las aceitunas aliñadas con tomillo de mi inefable tía Pascasia… Allí terminaba también mi propia infancia, que moría sacrificada por unos hombres que se habían propuesto arreglar el mundo a cañonazos sin tener en cuenta que las verdaderas víctimas de su intransigencia seríamos los niños, que no teníamos ninguna culpa de sus desacuerdo. [pág. 146]

 

Dividido en 31 capítulos, dos anexos y bibliografía, más acertado Prólogo de Francisco Rodríguez Criado, el libro sigue un orden cronológico. Se remonta especialmente al controvertido tema de la posesión de tierras comunales en la población de Alburquerque, los famosos Baldíos, tierras comunales acaparadas por un grupo de potentados, que van a ir marcando el acontecer socio-político de la villa; después se va deteniendo en las distintas etapas de la II República, para a continuación detallar de manera especial la tragedia de la Guerra Civil y la desesperante y vengativa posguerra que ha ido marcando a sus habitantes hasta el presente.

A través del “hilo conductor” de una familia venida de Cataluña para instalar una fábrica de corcho en Alburquerque (la familia Casanova) y de la suya propia -tan entrañable unida a ella, por el trabajo y trágico destino común de perdedores de una guerra en la que no tuvieron más parte que como víctimas inocentes-, Luis González Soto nos presenta una narración rigurosa, testimonialmente impagable.

Las inquietudes liberales, progresistas, de desenvolvimiento socio-económico de unos grupos capaces de transformar el destino sumiso de un pueblo sometido al caciquismo, para lograr la justicia social pacífica, se vieron cercenadas por la involución de los victoriosos, potenciados por los “nuevos” aires del fascismo, aliados al clericalismo tridentino. El “aire fresco” de la II República se vio emponzoñado por la violencia de la guerra y el correlato de una “victoria” que se impuso violentamente a la “paz”.

Digamos que Luis González Soto, en su El fin del olvido, rescata primeramente la “memoria” de los antecedentes remotos del problema social y económico de la población (tan similar al de su entorno, al “Sur” en general): la falta de tierras, de trabajo, de recursos de subsistencia para la inmensa mayoría; estudia después la esperanza de los nuevos tiempos republicanos y el empuje empresarial de la riqueza autóctona -especialmente el corcho-, y desemboca en la traumática guerra que puso fin a la esperanza: allí terminaba también mi propia infancia, escribe el autor, como Eladio Cabañeros había versificado: y a los niños dejaron de querernos.

Conforme avanzamos en la segunda parte, la de la guerra y posguerra, el relato se hace doloroso, insoportable, por la crueldad de los acontecimientos, por la saña en las persecuciones, las torturas, la violación, la muerte, la prolongada persecución y represalias tan crueles.

¡Cuánto debió sufrir el niño que fue Luis González Soto en los años cuarenta, en la adolescencia y primera juventud de los cincuenta, tan marcados por el odio y las continuas vejaciones hacia él y su familia, con el padre huido y muerto en Francia, sin volverlo a ver! O esa familia catalana tan terriblemente perseguida y mortificada. O tantas familias trabajadoras de Alburquerque, de Extremadura, de España, de cualquier lugar del mundo donde los vencidos son sujetos de todas las represalias, justificadas con la espada, la cruz o/y otros símbolos bajo el manto de sagrados.

Leer estas memorias resulta conveniente para entender el mundo, para acercarnos al alcance de la maldad humana. Y también para comprender la capacidad de sobrevivencia a que se puede llegar, aunque las heridas estén ahí, y se muera con ellas, como le ha ocurrido a este querido amigo, poeta, humanista, que siempre estará vivo en el recuerdo.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

domingo, 21 de marzo de 2021

LA DIGNIDAD DE UN PUEBLO

Tenía yo un buen amigo en Alburquerque, que después se convirtió en alcalde. Un alcalde abrumadoramente votado por sus paisanos, lo que festejé con mucha alegría. Y le acompañé en fiestas; en recorrido por el propio Ayuntamiento; en mítines, compartiendo escenario. Después  experimenté un alejamiento que comenzó por sus decisiones sobre el patrimonio fortificado de la población, sobre el que ejerció una acción irreverente, destructiva, en lo que se vio respaldado por el partido por el que fichó tras largo tiempo de caminada con grupo propio: el PSOE. Algo traumático para mí; al principio no entendía la oposición de gente tan luchadora como Esteban Santos o Francis Negrete, a los que luego he tenido que dar la razón, y no solamente en esto sino en el gravísimo problema persistente del maltrato laboral a los funcionarios y trabajadores municipales.

Ahora, tras la huelga de hambre de uno de los funcionarios, policía municipal, así como la protesta de parte de los trabajadores que llevan sin obrar más de cuatro meses, me siento golpeado. Golpeado por aquel en quien creí y que ahora es el “asesor” de la alcaldesa incondicional a sus decisiones (él no puede seguir con el “bastón de mando” por inhabilitación judicial). Pero también golpeado por los dirigentes el partido que lo sustenta (PSOE) y que no toma la decisión necesaria de expulsarlos a ambos de su protección de manera pública y contundente.

El pueblo de Alburquerque, esta admirable población que desde muy pequeño vi como el “hermano mayor” del entorno (soy de la comarca, de La Roca de la Sierra), tan hermoso, monumental, lleno de historia, de arte y de naturaleza, maravilloso todo ello, merece otro destino, otra dirección, otra manera de tratar a sus propios habitantes y sus trabajadores.

Aún espero de la alcaldesa y de Ángel Vadillo una explicación de sus actitudes y decisiones; explicación al pueblo, a la sociedad en general, porque la situación es totalmente insostenible, y ya resulta absolutamente inaguantable, tras aquella huelga de hambre, las protestas cotidianas de trabajadores en la puerta del Ayuntamiento, y los actos de repulsa que se vienen sucediendo cada sábado en la plaza principal de la localidad.

Moisés Cayetano Rosado

jueves, 7 de enero de 2021

LA DIGNIDAD DE UN PUEBLO, DE UN PARTIDO, DE UNOS DIRIGENTES

Lo he declarado públicamente y lo reitero. En este caso traumatizante de la huelga de hambre de un funcionario público del Ayuntamiento de Alburquerque, policía municipal, me siento personalmente implicado. Porque en su día -al principio de su primer mandato- confraternicé con el alcalde de la localidad, Ángel Vadillo, acompañándolo por el pueblo, por el propio Ayuntamiento; porque estuve con él en fiestas locales y, siendo concejal en el Ayuntamiento de Badajoz, le presté algún asesoramiento para iniciar su Festival Medieval; porque asistí después a sus mítines de renovación del cargo, y porque incluso participé como orador en alguno de ellos.

Ahora, siendo él asesor de la alcaldesa, y ésta además Diputada Provincial, ante la desatención de este caso sangrante que se prolonga en medio de sus silencios, quiero manifestar lo siguiente:

- Es preciso que se involucre en el asunto el Sr. Fernández Vara. No como Presidente de la Junta (ya ha dicho él que no tiene competencias como tal para ello), sino como Secretario Regional del PSOE, bajo cuyas siglas se gobierna en Alburquerque. Porque es deber de un Secretario General velar por el buen nombre de su partido, y porque tiene la obligación de que los cargos dependientes del mismo actúen con la coherencia de justicia y solidaridad que se pregona.

- Es también necesario que se implique el Presidente de la Diputación de Badajoz. Porque la Alcaldesa es Diputada Provincial, y Delegada de Bienestar Social por su nombramiento. Ha de pedirle explicaciones sobre la situación, por el buen nombre de la Diputación, de la que ambos son representantes, y ella lo es por ser edil precisamente.

- Urge igualmente que el Secretario Provincial del PSOE tenga intervención en los hechos, porque es su competencia que los representantes locales del partido actúen con limpieza y pulcritud social y democrática.

- No puede la alcaldesa hacer oídos sordos a una reivindicación tan absolutamente lógica: que al funcionario, a los funcionarios, a los trabajadores y trabajadoras municipales, se les pague su salario y no que se le deban dos, tres, cuatro, más meses del mismo.

Así que los tres primeros deben urgirle a la última a que dé explicaciones. Y ésta deberá darlas públicamente. Es más, pienso que debe ir ante el funcionario en huelga y rogarle que cese en su actitud, bajo la promesa de que con toda la urgencia posible va a solucionar el problema que le afecta, que les afecta.

Cada minuto que pasa de esta huelga de hambre es un borrón en el currículum de cada uno de ellos, y lo que es peor: un borrón oscuro en la carta de presentación de un Partido que se llama Socialista y Obrero, en una España que pregona la justicia y la honestidad.

Moisés Cayetano Rosado

viernes, 1 de septiembre de 2017

EL “PATRIMONIO MUNDIAL” AL ALCANCE DE LA MANO

Moisés Cayetano Rosado
Director de la Revista Transfronteriza “O Pelourinho” 
Asisto regularmente al “Seminário Internacional de Arquitectura Militar” de Almeida, a finales de agosto, invitado generosamente como ponente por su Câmara Municipal y el arquitecto-consultor de la misma João Campos. Este año ha tenido especial significación: porque están ya en marcha los trabajos para confeccionar el dossier de candidatura de las fortificaciones de la Raia/Raya a Patrimonio Mundial (en la Lista Indicativa de Portugal, por iniciativa de Valença do Minho, Almeida, Marvão y Elvas, desde mayo de 2016), y porque clausuraba el Seminario el Presidente de la República de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, que se pronunciaría sobre el tema.
En el debate final de las sesiones de trabajo, el coordinador -doctor João Campos- me instó a que expusiera la situación del Fuerte de San Cristóbal de Badajoz, dentro de una discusión sobre autenticidad e integridad, los dos pilares básicos para estudiar cualquier candidatura por la UNESCO, junto al valor universal de los elementos y/o conjunto histórico-patrimoniales. Describí cómo el interior del Fuerte había sido vaciado de sus construcciones militares de los siglos XIX y XX (etapa final de su “razón de ser”, como elementos defensivos y de acuartelamiento, iniciados a mediados del siglo XVII) por su estado de ruina, que debería haber sido consolidada, como exige el Plan Nacional de Arquitectura Militar y los convenios internacionales emanados de la Carta de Venecia de 1964. Y cómo en ese interior se habían levantado edificaciones de hormigón y cristal, con terrazas-miradores planas, sustituyendo a las arrasadas Casa del Gobernador y los pabellones para oficiales y suboficiales, de ladrillo, cal y canto, y tejado a una o dos vertientes.
Inmediatamente intervino Milagros Flores, la Presidenta Internacional del ICOFORT(Comité Científico Internacional de las Fortificaciones y Patrimonio Militar), organismo consultor de la UNESCO para la calificación de las fortalezas como Patrimonio de la Humanidad, y fue tajante en sus apreciaciones: “Con esas actuaciones no es posible que un Bien patrimonial sea calificado como Patrimonio de la Humanidad”. Y otros expertos presentes indicaron: cuando se presentan una serie de elementos a la calificación, formando un sistema, si uno de ellos con esos condicionantes se incluye en el bloque, resta méritos al conjunto, que puede verse afectado en la prosecución de sus fines.
Fuerte San Cristóbal. Un antes y un después.
O sea, actuaciones como el arrasamiento en el interior del Fuerte de San Cristóbal de Badajoz, o mismamente la recomposición del Baluarte de la Trinidad también de Badajoz, son negativos no solo para la ciudad sino para todo el conjunto. Igual pasa con el vaciado y abertura de ventanales en los redientes fortificados de la ladera del castillo de Alburquerque. Algo parecido con el vaciado y torpe relleno posterior con tierra de revellines del Baluarte de San Juan de Dios, en Olivenza, donde el Caballero (elemento sobrepuesto en el interior del baluarte para una defensa en altura) ha sido igualmente vaciado para en su base “montar” una explanada tipo “terraza de bar”.
¿Tienen remedio estos desaguisados? Al menos hay que intentar minimizar el impacto. Así, el interior del Fuerte de San Cristóbal está llamado “por el sentido común” a prescindir de las ilegítimas construcciones interiores; el Baluarte de la Trinidad, a cambiar sus espectaculares e incomprensibles escalinatas “palaciegas” por rampas más acordes con el uso de subida de artillería pesada al mismo, que para ello se hacían). Los redientes de Alburquerque, a tapar los horribles ventanales, que iban a ser de habitaciones de una Hospedería de la que luego se desistió, al tiempo que se rellene su interior, como corresponde a una plataforma artillera. El Caballero de San Juan de Dios de Olivenza, a ser nuevamente rellenado, olvidándose de los ensueños de una “terraza de verano”.
Y todo ello ha de ser acompañado con una ágil actuación en nuestros conjuntos fortificados de la Edad Moderna (que son los candidatos a clasificarse), subsanando demoras incomprensibles, como la que tiene el Plan Director de las Fortificaciones de Alcántara, que lleva “estudiándose” en la Junta de Extremadura más de un año, sin que se les haya dado ninguna respuesta u observación, como en este Seminario Internacional me indicaban los responsables de su ejecución en Alcántara.
Más aún teniendo en cuenta que nuestros vecinos “rayanos” portugueses están haciendo afanosamente sus deberes, y llevan envidiablemente adelantados sus trabajos de conservación, restauración, documentación y coordinación. Y más todavía si atendemos a las palabras que en la clausura pronunció el Presidente de la República, el Doctor Rebelo de Sousa, que apostó entusiastamente por la candidatura, prometiendo defenderla en todas las instancias por las que ha de pasar, y llegando aún a más: se comprometió a hablar de ello con el Rey de España, Felipe VI, para que también se sume a la iniciativa, como máximo representante del Estado, y juntos colaboren para llegar al buen fin: ser Patrimonio de la Humanidad estas Fortificaciones Abaluartadas de la Raya luso-española.
Quedó bastante claro en el Seminario que en una primera etapa esa calificación deberá recaer en Valença do Minho, Almeida, Marvão y Elvas (que ya lo es, esta última, a título individual), uniéndose inmediatamente otras portuguesas, como Vila Viçosa, que ha solicitado su inclusión. Pero a continuación hay que “saltar” al otro lado de la Raia/Raya, donde las que ofrecen mayores posibilidades de alzarse con el título de esta serie serían Ciudad Rodrigo (bastante adelantada en su puesta en valor), Alcántara (en buen estado y pendiente de intervención sus amplias y potentes murallas) y Olivenza (que en conjunto ofrece un estado esperanzador y tiene al menos cuatro cuarteles militares del siglo XVIII con un “estado de revista” puntero en toda la frontera, y -como dijo el ponente portugués Rui Loza- así no entraríamos en la discusión de “portuguesa/española”, sino “ciudad-patrimonio-universal”).

Pero Valencia de Alcántara, Alburquerque y Badajoz (Brozas y Alconchel, después) deben ir ya preparando actuaciones, estudios y documentaciones para no quedar atrás en lo que es un proyecto transfronterizo de incontables beneficios patrimoniales, culturales y turísticos para todos.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Una larga excursión transfronteriza.
CORREDOR DE INVASIÓN MADRID-LISBOA: TESORO FORTIFICADO DE LA RAYA

Moisés Cayetano Rosado

Las sucesivas guerras de la Edad Moderna convirtieron la Raya, en la línea de invasión Madrid-Lisboa, en una sucesión de “escudos abaluartados”, que ya en la Baja Edad Media tuvo una importante implantación de fortalezas góticos, de defensa activa.
Este corredor, este inmenso valle del Guadiana fronterizo, que se prolonga por la planicie alentejana hasta Setúbal-Lisboa, presenta en la parte española una importante población que fue sucesivamente fortificada desde su fundación islámica: Badajoz. A lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX completaría unas defensas artilladas y abaluartadas. Al norte estaba auxiliada por Alburquerque, e inmediatamente al sur por su poblado efímero de Telena; fortaleza esencialmente bajomedieval la primera y del siglo XVII la segunda.
ESCUDOS SUCESIVOS.
Pero el “embudo de contención” alentejano superaría con creces estas construcciones de defensa e impulso a la infiltración, teniendo ante Badajoz una inmediata tenaza primero de fortalezas medievales y después revestidas de abaluartadas, con enorme despliegue técnico: Campo Maior al norte, Elvas al centro y Olivença al sur. Vanguardia fortificada de impresionante alarde bélico y extraordinaria belleza monumental mirándolo como legado histórico.
A esta línea de inmediato choque le sucede como una primera e inmediata retaguardia otro conjunto donde igualmente lo medieval ha sido revestido a partir de la Guerra de Restauração de 1640-1668: Arronches más al norte de Campo Maior; Ouguela en el norte inmediato, y Juromenha a espaldas de Olivenza, a orillas del Guadiana.
Estrechándose ese “tubo de embudo”, internándose hacia el inmenso llano alentejano que lleva cómodamente hacia Lisboa, una segunda, casi horizontal línea de retaguardia: Vila Viçosa, Estremoz y Évora. Otra vez más lo medieval se reviste de abaluartado, y -como los anteriores- protagonizan importantes confrontaciones entre portugueses y alentejanos, con sus respectivos aliados, ingleses y franceses en la Edad Moderna, tras las guerras de frontera anteriores ante las conquista a los musulmanes.
De todo ello nos ha quedado un patrimonio artístico-monumental verdaderamente extraordinario, único; testimonio singular de una prolongada época de lucha fronteriza, en muy buena parte preservado en cuanto a su integridad y autenticidad. Digno de contemplarse, “leerse”, disfrutarse en serie.
RECORRIDO POR LAS LÍNEAS DE CHOQUE Y CONTENCIÓN.
Partir de Alburquerque, con su incomparable castillo roquero del siglo XV y sus redientes artillados del siglo XVIII (sin olvidar su barrio gótico) para dirigirse a Arronches, que conserva gran parte de la muralla abaluartada iniciada en el siglo XVII, es un buen comienzo. No falta en el camino muestras interesantes de pintura esquemática rupestre, como en sus cascos históricos un notable patrimonio arquitectónico religioso.
De Arronches podemos bajar a Ouguela, deliciosa y mínima población de apenas 50 habitantes que sorprende por su fortaleza medieval artillada y complementos abaluartados, con enorme cisterna en el patio de armas y envidiables vistas alrededor, que rivalizan con las de Alburquerque, visible desde allí.
Una decena de kilómetros más abajo: Campo Maior, conjunto medieval, renacentista y moderno extraordinario en cuanto al patrimonio militar, civil y religioso, complementado con sus museos etnográficos e industriales.
El paseo desde allá nos lleva a Badajoz, a dieciséis kilómetros, distancia que prácticamente no hemos superado en los anteriores recorridos con parada. El tesoro de esta ciudad, la mayor de su entorno, con más de 150.000 habitantes, es de sugerente complejidad: desde su alcazaba musulmana hasta su Museo de Arte Contemporáneo ubicado donde estuvo -y fue lamentablemente destruido- el Fuerte de Pardaleras, recorremos todo el arte y la historia cuando menos de los siglos X al XXI.
Al sur, la Olivenza española (Olivença portuguesa), que une a su patrimonio fortificado neurobalístico y pirobalístico -como las demás- su riquísimo y variado patrimonio monumental y urbano, así como un Museo Etnográfico de los más completos que podamos contemplar.
El “plato fuerte” puede que lo detente la siguiente parada: Elvas, con uno de los conjuntos de fortificaciones abaluartadas y sus complementos más grandiosos e íntegros del mundo, enriquecidos por dos cercas islámicas y otra más bajomedieval, en parte conservadas (y coronadas por su castillo, primer Monumento Nacional clasificado en Portugal, en 1906), así como un conjunto de iglesias donde la riqueza gótica, manuelina y barroca se muestra con generosidad.
Estas poblaciones de primera línea geográfica en la Raya, que exigen parada y fonda en su amplia y sugerente oferta de estancia y gastronomía, se completa con Juromenha -en la “cola” impresionante del Barragem (embalse) de Alqueva, apenas una decena de kilómetros debajo de Elvas, cuyas murallas musulmanas en adobe quedan amparadas por un inmenso fuerte abaluartado que eleva sus murallas en el cerro a orillas del Guadiana, ofreciendo una estampa llena de grandeza.
Y ya internándonos en la planicie, defendiendo el camino de Lisboa, tres sucesivas maquinarias defensivas, a punto también para la ofensiva de contraataque: Vila Viçosa, a la que el viajero puede acceder desde Juromenha sin necesidad de volver a la carretera principal. La ciudad es un libro abierto de arte y de historia, bajo el signo principal de los duques de Bragança, no solo por su Palacio Ducal incomparable, sino también por su castillo artillado del siglo XVI, imponente, a un lado de su fortificación medieval, y revestido de tenazas, más hornabeque interior.
Enseguida: Estremoz, magnífico en su Torre del Homenaje, donde vivieron el rey D. Dinis y la reina Dña. Isabel, extraordinario en su cerca abaluartada y único en su mercado de los sábados en la espaciosa plaza principal, donde las antigüedades se alternan con productos artesanales y hortofrutícolas de los propios productores.
Para terminar, cerrando la “flecha abaluartada” del corredor de invasión Madrid-Lisboa: Évora, Patrimonio de la Humanidad, como también lo es Elvas, y como ella con extraordinario acueducto, obra esencial de los hermanos Arruda, del siglo XVI, que igualmente intervendrían en el castillo artillado de Vila Viçosa o el de Evoramonte, en el camino entre ambas poblaciones. Ciudad-museo, como habríamos de calificar a Elvas y Vila Viçosa, y como todas las demás testigo esencial de la historia fronteriza desde las correrías de Geraldo Sem Pavor (a quien recuerda en su escudo), del siglo XII, hasta últimas confrontaciones en las invasiones napoleónicas, siete siglos después.

Tesoro en serie inigualable de la Raya, testimonio y ejemplo de conjuntos urbanos fortificados que ejemplifican el desarrollo tecnológico e ilustran etapas esenciales de la Baja Edad Media y de la Edad Moderna. Patrimonio indiscutible de la Humanidad. Recreo artístico-monumental para las generaciones actuales y para las venideras.