sábado, 12 de julio de 2014

Livro   “VASCO, NOME DE ABRIL"

Nos 40 anos da tomada de posse de Vasco Gonçalves como Primeiro-ministro de Portugal, a 18 de Julho,18h00 h. portuguesas, na Casa do Alentejo de Lisboa (Rua das Portas de Santo Antão, 58, na Baixa): lançamento do Livro “VASCO, NOME DE ABRIL”.

Edição Associação Conquistas da Revolução.

Com 75  depoimentos, de :

MANUEL BEGONHA (Presidente da Direcção da ACR)
FIDEL CASTRO                                                                               
HUGO CHÁVEZ
ABÍLIO FERNANDES
ALICE VIEIRA
ÁLVARO MARTINS
AMÉRICO NUNES
ANABELA FINO
ANSELMO DIAS
ANTÓNIO AVELÃS NUNES
ANTÓNIO GERVÁSIO
ANTÓNIO MODESTO NAVARRO
ANTÓNIO QUINTAS
ANTÓNIO VILARIGUES
ARMANDO MYRE DORES
ARMÉNIO CARLOS
AUGUSTO FLOR
AVELINO GONÇALVES
BAPTISTA ALVES
BAPTISTA BASTOS
CARLOS CARVALHO
CARLOS COUTINHO
CÁRMEN SANTOS
CÉSAR PRÍNCIPE
CORREIA DA FONSECA
DANIEL CABRITA
DEOLINDA MACHADO
DULCE REBELO
DURAN CLEMENTE
FÁTIMA RODRIGUES
FELICIANO DAVID
FERNANDO TAVARES MARQUES
FILIPE DINIZ
FRANCISCO DUARTE MANGAS
FRANCISCO LOBO
GERMANO DE ALMEIDA
GLÓRIA MARREIROS
GUILHERME ANTUNES
HÉLDER COSTA
HENRIQUE MENDONÇA
ILDA FIGUEIREDO
JOÃO BILSTEIN SEQUEIRA
JOÃO LOURENÇO
JOÃO PEDRO MÉSSEDER
JOÃO TORRES
JORGE SARABANDO
JOSÉ ANTÓNIO GOMES
JOSÉ BARATA MOURA
JOSÉ CASANOVA
JOSÉ ERNESTO CARTAXO
JOSÉ MANUEL JARA
JOSÉ PAULO GASCÃO
JOSÉ SUCENA
KALIDÁS BARRETO
LUÍS MACEDO
MANUEL AUGUSTO ARAÚJO
MANUEL LOUZÃ HENRIQUES
MANUEL PIRES DA ROCHA
MANUEL Q. GRAÇA BAPTISTA
MARIA AMÉLIA NÁPOLES GUERRA
MÁRIO DE CARVALHO
MÁRIO NOGUEIRA
MIGUEL URBANO RODRIGUES
MOISÉS CAYETANO ROSADO
PINTO SOARES
RIBEIRO CARDOSO
RITA LELLO
RUI NAMORADO ROSA
SAMUEL
SÉRGIO RIBEIRO
VALDEMAR SANTOS
VARELA GOMES
VASCO COSTA SANTOS
VIEIRA NUNES
VITORINO


Mucho me honra participar en esta obra colectiva, a la que fui invitado por el “Capitão de Abril” Duran Clemente, tan amigo y colaborador de Vasco Gonçalves, uno de los militares más excepcionales del siglo XX, como ya he ido poniendo de manifiesto en diversas páginas de este blog (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2014/05/interesante-documento-hemerografico.html). El texto que he escrito para el libro lo volcaré a los Archivos adjuntos del blog en próximas fechas. Moisés Cayetano Rosado.

jueves, 3 de julio de 2014

EL RICO TESORO GEOMORFOLÓGICO DE LA ROCA DE LA SIERRA, ENTRE CÁCERES Y BADAJOZ
La Roca de la Sierra (pueblo donde he nacido y vivido ¡tantos años!), enclavada en las estribaciones de la Sierra de San Pedro, tiene una situación geomorfológica privilegiada, con un legado natural edafológico que constituye un notable tesoro.
A ello hay que unir su patrimonio histórico-artístico, que va desde magníficos dólmenes de los alrededores, al Monasterio de San Isidro de Loriana -hacia (y de) La Nava de Santiago-, del siglo XV; puente medieval interior e Iglesia Parroquial tardogótica-renacentista de finales del siglo XIV terminada en el XV (ambos poseen bien labrada sillería granítica, aparte de notable portada principal de la iglesia, de magnífica arcada, e impresionante nave-salón de bóveda de crucería y retablos barrocos), casas blasonadas, etc.
Presenta al Suroeste (hacia Badajoz) terrenos llanos, de sedimentos arcillosos miocénicos, con buenos pastizales y tierra de labor, de amplios horizontes visuales.
Al Norte (hacia Cáceres): terrenos montuosos, donde se encuentran afloramientos de pizarra y cuarcitas ordovícicas, densas de vegetación mediterránea: encinas, alcornoques, jara y romero, muy aptas para la ganadería ovina y porcina extensiva.
Al Este y Sureste (hacia La Nava de Santiago y Montijo), roca ígnea, plutónica, en suelos ondulados: se elevan al exterior formaciones graníticas, elevadas y muy erosionadas (“bolos”, “hongos”, “dorsos de ballena”…); amplios berrocales muy aptos  como materiales constructivos. Generosas dehesas, ofrecen asiento a ovejas y cerdos de montanera.
Al Oeste (hacia Villar del Rey), metamórfica pizarra, muy valiosa para tejados, suelos, aislantes, en terreno de cerro y monte (sobresaliendo el de Valdevilano). Abrupto territorio de caza mayor, con algunas zonas de olivar y buen terreno para cabras y ganadería bovina en libertad.
Alrededor, alguna roca ígnea, volcánica: duro basalto, así como  canteras metamórficas, de cuarcitas. Entre ellas, buena tierra de labor.
De todo se han aprovechado siempre los canteros, faenando en medio de sus dehesas de encinas y alcornoques, con rico sotobosque y corrientes erosivas de aguas torrenciales, retenidas en charcas legendarias.
Por cualquier lado, caminos de vistas formidables, que invitan al senderismo y a la contemplación. Con todo, lo mejor, su Dehesa Boyal, de buenos pastizales, regada por la ribera Lurianilla, de extensos y elevados berrocales graníticos, con formas variadas, de espectaculares “dorsos de ballena”, “hongos” y “bolos”.
De allí, las rutas hacia la zona de dólmenes y Convento de Loriana serpentean por su ribera, rica en fresnos y zarzamoras, con molinos de agua que conservan -especialmente recuperado el de su Dehesa Boyal en la zona donde se celebra la Romería de San Isidro-, su estructura central y conducción de agua en arco de ballesta.
Todo un goce para los sentidos, al alcance de las manos de cualquiera.

Moisés Cayetano Rosado

jueves, 26 de junio de 2014

LA TOMA DE TERRITORIOS EXTREMEÑO-ALENTEJANOS Y EL FRACASO EN BADAJOZ DE GERALDO SEM PAVOR
MOISÉS CAYETANO ROSADO
En Badajoz, la ciudad más poblada de Extremadura, como en Évora, la mayor de nuestro vecino Alentejo, tenemos un personaje que en la lejana Edad Media efectuó sus correrías, como por gran parte de nuestras dos regiones. En el caso de Évora, con un triunfo definitivo contra los musulmanes, incorporándola al recién fundado Reino de Portugal; en el caso de Badajoz, con un fracaso estrepitoso, que supuso la no incorporación a su Corona de nuestra ciudad y de buena parte de los territorios extremeños.
Vamos, por ello, a aproximarnos sucintamente al conocimiento de este personaje y de sus correrías por nuestras dos regiones, hasta su definitivo apartamiento.
GERALDO EN EL TERRITORIO EXTREMEÑO-ALENTEJANO.
Geraldo era un caballero portugués que nació alrededor de 1132 y estuvo al servicio de D. Afonso Henriques, primer rey de Portugal, con el que tuvo unas iniciales desavenencias que se esforzó en limar conquistando para D. Afonso importantes territorios -aunque algunos efímeramente o incluso de forma simbólica- como: Serpa, Moura, Monsaraz, Évora y Juromenha en Portugal, y Trujillo, Santa Cruz de la Sierra, Cáceres, Montánchez, Lobón y Badajoz, en España.
La “Chrónica Gothorum” se refiere a sus tropas como bando de ladrões, que fazia a guerra por conta própia y Giraldo cognominato sine pauore, et latronibus sociis eius. La “Crónica de la Monarquía Lusitana”, de Frei António Brandão, en el siglo XVI, por contra, lo tilda de hum Cavaleiro muy esforçado”, si bien reconoce que ganhava o necessario a ponta da lança.
Los más importantes historiadores portugueses del siglo XIX -Alexandre Herculano y Oliveira Martins- lo tachan de  jefe de companhias de bandidos. Otros, como David Lopes o José Pires lo comparan con El Cid Campeador. Uno de los más conocidos investigadores lusos de finales del siglo XX y principios del XXI, José Hermano Saraiva, recoge ambas versiones, sin arriesgarse a emitir un juicio propio
En España, los historiadores José Luis Martín y María Dolores García, en el tomo II de la “Historia de Extremadura” indican que es un noble portugués que en 1165 conquistó Trujillo, Évora y Cáceres, y un año después Montánchez, Serpa, Juromenha y hasta planeaba la conquista de Badajoz. Algo más explícitos son los responsables de los capítulos de “Historia Medieval” (Julián Clemente, José Luis de la Montaña y Ángel Bernal) en “Extremadura: la historia”, reconociendo que llega a dominar la ciudad de Badajoz, aunque no consigue conquistar la Alcazaba, enfrentado a los almohades que tienen el apoyo en ello del rey leonés Fernando II. La conquista de la capital pacense -dicen- suponía prácticamente el control de la Extremadura musulmana. Estos historiadores se deciden por acusar a Geraldo de “aventurero”, al tiempo que lo llaman “el Cid luso”.
FRACASO EN BADAJOZ.
Fernando II de León, yerno de D. Afonso Henriques, tenía pacto de mutua defensa con los almohades, gozando por ello Badajoz de su protección. A pesar de ello, Geraldo Sem Pavor convenció a D. Afonso para tomar la ciudad, consiguiendo apoderarse de los arrabales y cercar la Alcazaba en mayo de 1169, algo que ya había intentado en el año anterior.
El rey leonés se presentó con sus huestes, atacando desde fuera a su suegro, al tiempo que los musulmanes lo hacían desde la fortificación, donde D. Afonso Henriques había conseguido entrar. Al verse cercado, intenta la huída a caballo, pero al pasar por una de las puertas se hiere gravemente, rompiéndose una pierna al tropezar con uno de los cerrojos de la misma y caerse del caballo, siendo apresado por los leoneses y quedando prisionero de Fernando II.
D. Afonso es atendido de sus heridas en la Corte de su yerno, si bien nunca recuperará la agilidad que le permita volver a cabalgar. A raíz de ello, a cambio de su liberación -como la de Geraldo, que también había sido hecho prisionero-, ha de devolver a Fernando las plazas extremeñas conquistadas, fijándose los terrenos de frontera luso-extremeña y en definitiva hispano-portuguesas.
Así, el fracaso en la toma de Badajoz va a significar el freno a las conquistas de Portugal en los territorios actuales de Extremadura, al tiempo que la pérdida de confianza de su rey en Geraldo Sem Pavor.

Geraldo pasará posteriormente al servicio de los musulmanes. Murió en territorio del actual Marruecos, acusado de traición por sus nuevos aliados: acabaron con su vida temiendo que mantuviera pacto secreto con D. Afonso para avanzar en sus conquistas en terreno aún bajo dominio islámico en el suroeste de nuestra Península.

martes, 24 de junio de 2014

LA FORTALEZA ABALUARTADA DE SAN LEONARDO: CAPRICHO CONSTRUCTIVO
 
Moisés Cayetano Rosado

Vamos de la Laguna Negra, al noroeste de Soria, hacia el Cañón de Río Lobos, al oeste. Un poco antes de llegar, en San Leonardo de Yagüe, se nos aparece por encima del caserío una fortificación abaluartada, en lo alto de un montículo destacado, pegado al pueblo.
No lo esperaba y me pongo a hacer cábalas. De los conflictos hispano-franceses del siglo XVI imposible, pues Soria cae lejos. Tampoco de la Guerra de Restauração con Portugal a mediados del siglo XVII, por la misma razón. O de la Guerra de Sucesión española de comienzos del XVIII, al seguir siendo un rincón apartado sin incidencias en la época. ¿Qué me queda? ¿La invasión de las tropas napoleónicas a comienzos del siglo XIX? Bueno, las rutas de correo y aprovisionamiento del ejército francés no quedaban a trasmano… Y la guerrilla de El Empecinado estuvo por toda la cuenca del Duero…
Mientras comemos en un restaurante de la carretera, lo discutimos. Desde enfrente de su puerta -al otro lado de la vía- se la ve, altiva; nos acercamos después, con esa fecha en la cabeza: comienzos del siglo XIX…
Y llegamos ante el cartel de su entrada. ¡Oh, sorpresa! El castillo abaluartado de San Leonardo empezó a construirse en 1565, por encargo de Juan Manrique de Lara, Capitán General de Artillería y responsable de las fortificaciones militares españolas en Italia, de las que había tomado ejemplo para… levantar su residencia privada “de capricho”, cumpliendo los criterios defensivos de la época, aunque su interior siguió el modelo de los palacios solariegos italianos.
Como no pudo terminar su obra -murió durante su ejecución-, la prosigue su hijo, Antonio Manrique de Lara y Fajardo, que a ambos lados de la puerta principal colocó dos “hermosos” ventanales, y otros dos más en el mismo paño de muralla, como corresponde a un “palacio bien iluminado y ventilado”.
Es decir, este fuerte de planta cuadrada, con baluarte apuntado en cada esquina -ahora ya bastante deteriorado y esquilmado por los muchos a los que ha servido como cantera para otras construcciones-, no corresponde a necesidades estratégicas ni defensivas, sino al capricho de un “enamorado” de las fortalezas, tal como ocurre con “castillos medievales” recreados por diversos lugares, que han sido levantados “ex novo” por sus propietarios, con ese afán romántico o neorromántico y ensoñador tan propio de los nuevos ricos o de los poderosos prepotentes.

Lo curioso es que en este caso no es una evocación del pasado glorioso lo que lleva a la actuación, sino una acción sincrónica, una traslación de la “estrategia de la necesidad” a la “satisfacción de la grandiosidad” en el mismo tiempo histórico, hoy sometida a dejación, a olvido… y a cábalas de los que buscamos explicación práctica a todo, sin contar con esa variable interviniente del “capricho” de aquellos que se lo pueden permitir.

lunes, 23 de junio de 2014

LA EXTRAORDINARIA MURALLA NUMANTINA Y EL POTENTE CERCO DE PUBLIO CORNELIO ESCIPIÓN
Moisés Cayetano Rosado
No había estado en Numancia. Subir al cerro en donde se asentó constituye una experiencia grata. El yacimiento arqueológico es una muestra de buen hacer, un trabajo concienzudo en lo científico, que además se nos presenta de una manera didáctica agradable, provechosa.
Las excavaciones dirigidas por el profesor de la Universidad Complutense de Madrid Alfredo Jimeno han dejado al descubierto los testimonios materiales de lo que fue una ciudad magnífica, mitificada por el cerco a que fue sometida durante más de 11 meses por Publio Cornelio Escipión Emiliano en los años 134 a 133 a.C., consiguiendo su caída vencida por el hambre.
LA CIUDAD.
Ciudad para albergar cómodamente más de 2.000 habitantes en sus ocho hectáreas de terreno aproximadamente, tenía las calles empedradas de cantos rodados, y excepto dos con trazado Norte-Sur, la orientación general era Este-Oeste, para evitar los fríos y fuertes vientos dominantes provenientes del Norte; además, los cruces no eran perpendiculares, sino que se realizaban descuadrados, para romper las corrientes de aire.

Las casas se distribuían en manzanas, siendo su superficie de unos 50 metros cuadrados, distribuidos en tres estancias: una vestíbulo, otra de despensa y una mayor de uso general (cocina, comedor, dormitorio, zona de trabajos artesanales); su base era tierra compactada y se levantaba con piedras talladas, cubiertas por techo de centeno a dos aguas. Corrales rectangulares completaban el conjunto.

LA MURALLA.
Pero, con todo, lo que más me sorprende es su muralla periférica. Potente paredón de unos tres metros de altura, forrado en ambos lados con enormes cantos rodados y relleno el interior con piedras más pequeñas y tierra. Un modelo preparado para resistir los envites de atacantes, con su maquinaria neurobalística, gracias a ese “colchón” amortiguador del complejo interior del muro, al que las enormes piedras que lo forran le hacen el efecto de “camisa”; técnica que proseguiría mil seiscientos años después, con la irrupción de la pirobalística.
La parte superior de la muralla se remata en la rasante exterior con parapeto de adobe y postes de madera, dejando un amplio paseo de ronda hacia dentro, al que se accede por diversas escaleras de piedra situadas en distintas partes de la fortificación.
A cada trecho de distancia irregular, se remataba la muralla con torres rectangulares de mayor altura, cubriendo los mejores ángulos de avistamiento y de defensa.
EL CERCO.
Los numantinos pudieron resistir durante veinte años los intentos de Roma por apoderarse de la misma, venciendo sucesivamente a diversos generales.
En el año 134 a.C. recibiría el encargo de dominarla el más famoso de todos: Publio Cornelio Escipión Emiliano (nieto adoptivo del vencedor de Cartago). Éste cercó Numancia, disponiendo en los cerros de los alrededores 7 campamentos (el mayor de ellos, Dehesilla, ocupaba 14’6 hectáreas de terreno: casi el doble que la asediada Numancia), unidos por un sólido muro de 9 kilómetros de perímetro, con foso y estacada de madera, de los que aún quedan restos que están parcialmente excavados. También dispuso dos fortines con rastrillo en el punto de encuentro de los ríos Merdancho  con Duero y Tera con Duero, para controlar su paso.
Guardaban el muro perimetral entre 25.000 y 30.000 legionarios y tropas auxiliares mercenarias indígenas; 20.000 soldados estaban dispuestos para efectuar salidas de hostigamiento y 10.000 más quedaban en reserva. En cambio, los numantinos encerrados en la ciudad eran únicamente 4.000.
Pero no fueron vencidos al asalto, sino que hizo falta el cerco absoluto, con la imposibilidad de auxilio guerrero o de aprovisionamiento exterior, para acabar con su resistencia, por falta de víveres. Ante ello, una mayoría decidió acabar con su propia vida, y unos pocos fueron hechos prisioneros y llevados a Roma, donde serían esclavizados.
Este conjunto fabuloso de campamentos de sitio, no suficientemente investigado, ha sufrido en los últimos años el “asedio” del urbanismo depredador (con proyectos de usos industriales y de complejos residenciales), dando lugar a posicionamientos condenatorios de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Real Academia de la Historia; a la inclusión en la “Lista roja del patrimonio en peligro” (sobre el campamento de Alto Real, tan grande como la propia Numancia), de la Asociación Hispania Nostra, así como a una amplia contestación ciudadana, dirimiéndose en el Tribunal Superior de Castilla y León, y en el Constitucional. ¡Batallas y cercos que no cesan sobre Numancia en 2.200 años!

El complejo numantino y el entorno de su asedio sorprenderán, sin duda, a quien lo vea. El que pese sobre ello la amenaza del mal uso, del desprecio a la historia y a la arqueología, ya es algo que, por desgracia, nos “llueve sobre mojado” en nuestro patrimonio arqueológico, histórico-artístico y monumental.

viernes, 20 de junio de 2014

CALATAÑAZOR: MÁS QUE EL LUGAR “DONDE ALMANZOR PERDIÓ EL TAMBOR”

Moisés Cayetano Rosado

Igual que a muchos, Calatañazor me “sonaba” como el lugar “donde Almanzor perdió el tambor” ante las tropas castellanas y leonesas en 1002. Y fue en El Burgo de Osma, yendo a Soria, donde un policía municipal nos dijo que no podíamos perdernos de manera alguna, la visita -a medio camino entre ambas poblaciones- de Calatañazor. El policía, muy bien informado y amable, también nos recomendó otros puntos, como La Fuentona, el Cañón del Río Lobos y la Laguna Negra, que son una delicia natural, y de lo que ya dije algo en otras páginas.
Pero Calatañazor, con sus 70 habitantes de avanzada edad, nos reservaba una sorpresa mayúscula y completa en todos los aspectos.
El origen del nombre parece surgir del árabe Qalat al-Nasur (o Calat al-Nusur, Calat en-Nossur y Calat-An-Asor..., según autores), que tiene el significado de castillo del buitre, nido de águilas para otros. Y el nombre no puede estar mejor puesto, pues se alza sobre un peñasco enorme, calcáreo, fuertemente karstificado, con unos espléndidos alrededores donde abundan los fósiles del Jurásico.
Precisamente, frente al castillo, en la amplia plaza del pueblo, al lado mismo de su recia picota (rollo) del siglo XV, podemos ver el fósil marino más destacado: huellas de palmera de entre 10 y 25 años de antigüedad, que llaman Piedra del Abanico, con impresiones precisas de las grandes hojas estriadas en una oquedad de la roca y en diversas partes de su superficie.
Y desde allí mismo, podemos contemplar la hondonada en toda su magnífica extensión. La llaman el "Valle de la Sangre". Seguramente el nombre se deba al color de las aguas del río Milanos cuando el sol, ocultándose, las refleja; pero la imaginación popular ha forjado una leyenda con la gran batalla que cristianos y moros (al mando de Almanzor) libraron: de sangre se empaparía la explanada, que tomó para siempre esa coloración.
Resiste en pie buena parte de la muralla circundante, construida en el siglo XII por Alfonso I el Batallador. Lo que aún perdura del castillo -impresionante en lo alto- se remonta al siglo XIV o XV, si bien algunas piedras aparejadas al modo árabe hablan de un origen anterior. Conserva también el foso, que lo aislaba y defendía por el lado de la población, derramada a sus pies.
Desde esa altura, la vista se pierde en la masa de 12 hectáreas del más puro sabinar de la provincia. Y vemos en la ladera, como a doscientos metros, tres sepulturas rupestres antropoides excavadas en roca viva, datadas sobre el siglo X, a las que resulta fácil acceder por una vereda desde este inmenso mirador.
En el centro del pueblo podemos admirar la iglesia románica de Nuestra Señora del Castillo (del s. XII, reformada en el XVI). Son de gran mérito la bóveda gótica del ábside y la portada enmarcada en alfiz con una guirnalda ondulada tipo califal; sobre ella tres arquillos ciegos, con columnillas -lobulado el central-, preceden a un óculo airoso, abocinado.
El pueblo está distribuido a ambos lados de la Calle Real, pavimentada con cantos rodados, porticada mediante puntales de madera de sabina que sustentan los pisos superiores y cubren la acera. Resulta armoniosa su diversidad de piedra, madera y barro, ligeramente tortuosa, con callejuelas a sus lados que nos ofrecen rincones deliciosos.
Casas de dos plantas, levantada en piedra la inferior, y pies derechos de sabina, unidos con entramado vegetal o muretes de adobe o tapial, enlucido de barro, la superior. Por fuera, ostentan balcones y aleros pronunciados, así como algunos blasones. Enormes chimeneas cónicas de ladrillos como en falsa cúpula,  y remate en chapas lanceoladas de hierro, destacan sobre los tejados.
Casas rurales que en nada desentonan con el medio y restaurantes donde ofrecen el sugerente lechazo al horno, completan una oferta tentadora. Todo en medio de lo apacible de este pueblo que parece parado a raíz de la batalla con Almanzor, y es un remanso de paz y de belleza, donde la mano del hombre ha puesto lo justo para completar con respetuoso urbanismo a la naturaleza.

A la entrada de la Villa, fuera del recinto amurallado, encontraremos la ermita de la Soledad, románica, bien restaurada, así como la ermita de San Juan Bautista, ya en la vega, de la que solamente quedan los muros y la puerta románica de medio punto. Alejándonos hacia La  Fuentona -esa joya de agua subterránea que mana desde inmensas galerías y forma como una gigantesca lágrima en medio del sabinar-, la vista en lo alto de Calatañazor se nos ofrece como un gran barco varado en el roquedo, alzado de los antiguos mares que cubrieron la zona y conformaron el paisaje calcáreo de páramos, valles, hoces y cañones.

jueves, 19 de junio de 2014

GALERÍAS PORTICADAS: GRANDIOSA APORTACIÓN CASTELLANA AL ROMÁNICO INTERNACIONAL
Moisés Cayetano Rosado
RECONQUISTA Y OTORGAMIENTO DE PRIVILEGIOS.
Fijar población, repoblar, establecer una “marca”, era crucial para los reinos cristianos en su avance hacia el sur. Ganar terreno a los musulmanes convirtiendo grandes espacios en “tierra de nadie” no resultaba estratégicamente aconsejable, pues conducía a la provisionalidad y a la pérdida de lo conseguido con tanto esfuerzo humano y material. De ahí que a los pobladores que constituían las “avanzadas estables” en los territorios recién incorporados se les incentivara con privilegios, fueros, exenciones, que les otorgaban cierto poder e independencia dentro del esquema piramidal de la sociedad medieval.
La “línea del Duero”, con el hostigamiento de los almorávides en el siglo XI y los almohades en el XII, desempeñó un papel crucial en la Reconquista, por lo que los cristianos asentados en sus puntos estratégicos disfrutarían del favor real, cierto autogobierno, gestión autónoma de recursos, libertad de transacciones comerciales, etc. Y ello llevaba consigo la reunión de los ciudadanos en espacios comunes, lugares de encuentros sociales, cívico, jurídicos, económicos, etc.
Nada mejor que el amparo de la iglesia, en una sociedad tan apegada a lo religioso, para celebrar estas actividades. La vecindad de sus muros. De ahí la construcción anexa de galerías porticadas en uno de sus laterales (o más de uno), que les sirviera como lugar de encuentro. Y así nace este modelo constructivo excepcional que tendrá sus ejemplos más abundantes y significativos en Segovia y Soria (“cabeza de Extremadura”: ¿“Extra Duriam”?, “más allá del Duero”).
LAS GALERÍAS PORTICADAS.
En Segovia perduran en la actualidad 36 galerías porticadas de la época (románicas) y 8 más con indicios. En Soria, 21, más otras 2 con indicios. Tras ellas tenemos a Guadalajara, con 12 e indicios en otras 2; Burgos, 8; Ávila, 1; La Rioja, 1; Álava, 1, y restos de otra en Palencia.
Las galerías porticadas suelen estar adosadas al muro sur de la iglesia, tienen techo de un agua hacia fuera, quedando delimitado el espacio resguardado por arquerías con columnas (primero simples y alternando con pilares, después generalmente pareadas; de fuste corto y grueso en las primitivas, y más airoso después; con toscos capiteles y basas en las iniciales, que se van estilizando con el tiempo); pódium corrido, y cornisa sustentada en canecillos, frecuentemente esculpidos (como los capiteles) con motivos historiados, figurativos, geométricos, florales, etc. con finalidad didáctico-religiosa.
EJEMPLOS NOTABLES.
El primero de los templos románicos a que se adosa galería porticada -a finales del siglo XI- sería el de San Miguel, en San Esteban de Gormaz (Soria). Su primitivismo nos recuerda al prerrománico e incluso los templos romanos arcaicos, pero la armonía de sus siete arcos (siendo el central el de entrada), los bien trabajados capiteles y canecillos, así como la situación en alto del conjunto, le dan una extraordinaria vistosidad y mérito artístico.
En segundo lugar tendríamos la galería de El Salvador, en Sepúlveda (Segovia), decana de las iglesias románicas al sur del Duero. Ya se nota una progresiva estilización: ocho arcos de medio punto más amplios, de columna con fuste airoso a cada dos y separación de las parejas por amplio pilar.
En Segovia ciudad es donde más galerías porticadas se atesoran: nueve en total, destacando la de la Iglesia de San Martín, que tiene galerías (de comienzos del siglo XIII) en todos sus lados menos en el ábside, lo que la convierte en un caso especial y único, entre los conservados.
De cualquier forma, en origen también otras ostentaban galerías en tres de sus cuatro lados, como ocurría con la de San Miguel Arcángel, del pueblo soriano Andaluz; hoy día solo conserva las arcadas del muro sur (ocho arcos de medio punto, seis a un lado y dos al otro del vano de entrada, alternando las columnas sencillas con las de fuste cuádruple) y un par de arcos en el tramo occidental. Aunque del siglo XIII, su estructura arcaizante se asemeja a la primera enumerada, de San Esteban de Gormaz.
Y muy cerca de las anteriores se encuentra la que a mi parecer es la más deliciosa de todas, armónica con el propio templo, también un ejemplar románico magnífico, recientemente restaurado, tras haber sido condenado al olvido, la decadencia y mal uso, con añadidos, como el emparedamiento a cal y canto de los vanos. Se trata de la ermita de Nuestra Señora de la Asunción, en las cercanías del pueblecito de Duratón (Segovia). La arquería de principios de siglo XIII, con seis arcos a un lado y cuatro al otro de la puerta -de arco polilobulado en la arquivolta interior de su abocinamiento-, es una delicia. Y los altorrelieves historiados y figurativos de canecillos y capiteles, de una altísima calidad.
Por cierto que, hablando de rehabilitaciones, me llama la atención la única iglesia románica porticada de la provincia de Ávila: San Martín, en Arévalo. Tiene diez arcos en su pórtico sur: seis y cuatro a ambos lados de la puerta de entrada, sostenido su arco por gruesos pilares (ligeramente mayor que los demás, que se alzan sobre columnas geminadas con capiteles historiados). Su muro norte presenta una rehabilitación cuando menos sorprendente: una especie de visera sobrevuela la puerta de entrada, que se prolonga en otro tramo más en que sobre su fondo blanco está grabado el nombre de la iglesia y la leyenda “Espacio Cultural” (puesto que a ello se dedica en la actualidad), y a continuación un cuerpo cerrado alicatado con plaquetas de mármol blanco.
PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.

Tras ver la rehabilitación en las anteriores y otras muchas más, este tipo de actuación se me hace completamente incomprensible. Pero, en definitiva, el conjunto bien merece una visita detenida, el placer de contemplar una red de galerías porticadas que definen muy bien una época (la compleja repoblación en la “línea caliente” de la Reconquista), un modelo social (con capacidad de reunión, discusión y decisión colectiva) y una solución arquitectónica para los usos religiosos y civiles de gran valor artístico, siendo un testimonio único, de valor universal. Conseguida la rehabilitación general con bastantes dosis de autenticidad e integridad, bien podría optar a la Declaración de Patrimonio de la Humanidad.