lunes, 18 de noviembre de 2013

EXILIO, INCOMPRENSIÓN, REPRESIÓN Y OLVIDO:
CAUTIVOS EN LA ARENA
El Stambrook, donde embarcaron los últimos huidos hacia Argelia
No es fácil encontrar un reportaje más emotivo, riguroso y ejemplar  como el de estos 93 minutos. Entrevistas a los protagonistas de los hechos, a historiadores; fotos y grabaciones de la época; textos de acompañamiento… forman un conjunto bien hilado de alta calidad artística, técnica, histórica, social y didáctica, que merece ser visto para comprender lo que significó el exilio republicano español.
En este caso, concretado en los últimos republicanos embarcados en Alicante hacia la Argelia bajo dominio galo, donde miles de exiliados se encontrarían con lo que ya estaba sucediendo en el sur de Francia: incomprensión y represión, hasta límites inconcebibles, por su inhumanidad y extrema crueldad.
Hambre, sed, enfermedades, confinamiento, trabajos forzados; calor extremo, frío hasta lo insoportable; suciedad, miseria indecible; castigos brutales, sistematización de la explotación… para con refugiados “amigos”, tratados como los peores criminales huidos y peligrosos enemigos.
Y luego, tras la liberación europea del nazismo -a lo que eficazmente contribuyeron tantos exiliados, y a los que se les prometiera su propia liberación, la liberación de España de la atadura del franquismo-, el espeso olvido, el desentendimiento, al que siguió la lacerante colaboración, que en la Guerra Fría se les hizo más “conveniente” a las democracias occidentales, encabezadas por EE.UU.
La España de Franco era una garantía contra el “enemigo comunista”, contra la URSS, aunque para los que quedaran dentro fuera un calvario de sistematizada persecución, un exilio interior durísimo para millares de derrotados o sospechosos de colaboracionismo con los que fueron derrotados. Una España del miedo, de la miseria y posterior emigración (léase sobre ello, como ejemplo, Equipaje de amor para la tierra, de Rodrigo Rubio: un libro denso sobre ese exilio interior y nuestra traumática emigración a Europa).
¡Triste España, triste mundo occidental, con este lastre histórico que a todos nos golpea!

Moisés Cayetano Rosado
Ante este trato injusto a nuestros exiliados, cobra aún más grandeza si cabe la actuación que tuvieron en Barrancos (Portugal) con más de mil refugiados de la frontera andaluza y extremeña en 1936: ayuda y solidaridad del pueblo llano tras la protección valerosa y arriesgada del teniente Seixas, y a pesar de la simpatía del régimen salazarista con los militares españoles golpistas. El libro "Barrancos en la encrucijada de la Guerra Civil Española" (Barrancos na encruzilhada da Guerra Civil de Espanha), de Dulce Simões da cumplida y brillante cuenta de ello.

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